Autor: Suárez Alba, Alberto. 
 Mientras la Prensa vasca alaba la gestión del delegado general del Gobierno. 
 El Consejo Político de la UCD de Alava ratifica la petición de cese de Oreja     
 
 ABC.    18/11/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Hilo directo

Hijos pródigos

«¿Qué piensas hacer, presidente?» «Todavía no lo tengo pensado.» Pasean «parlamentariamente» Calvo-

Sotelo y Álvarez de Miranda. Es la pregunta del día y de la semana. Álvarez de Miranda me confía

después: «Suárez no me dijo "me voy de la política", sino "me voy de UCD mañana".» Esto era hace seis

días y todavía no ha enviado su «adiós» vía-papel oficial. Como tampoco han recibido, vía-papel oficial,

su «idos en paz» los diputados Modesto Fraile y Carlos Gila, que con perplejidad me comentaban: «No

sabemos qué somos... |Mira tú las coges!» Me aseguran que los dos primeros «gestos» de la esfinge tras

su «aclamación» serán: explicar el «cirio» de UCD ante las cámaras y conceder un «rocío lavaculpas» a

los once o doce ucederos expedientados, sancionados o expulsados: una especie de «amnistía de

reconciliación».

¡Ahí, Suárez se va de UCD. Definitivo. ¿Por eso Sahagún toa y venía ayer, por las saletas del Congreso,

tan embebido con G. Seara, socialdemócrata de tos que dieron el portazo? Los otros, los «luises» de

Gamir, que aún no han puesto la mano en el picaporte, «andan nerviosos, esperando a ver qué les cae en

el reparto de cargos». Para empezar, quieren los tres sillones que Seara, Ordónez y Carmela G. Moreno

dejaron libres en el Comité Ejecutivo. Traducido: se reconocen «familia» o «tendencia organizada» y...

con derecho a la sucesión y a la herencia. A Oscar Alzaga le vi «mohinoso». Por la mañana tuvo un

escarceo verbal con el ministro de Educación, Ortega y Diaz-Ambrona, en el grupo parlamentario. Se

discutía la LAU. En el sector moderado centrista hay sospechas de que el ministro tiene pactada y

empaquetada la ley, con sus amigos del PSOE, en comidas y despachos con Peces-Barba.

Por ello, cuando Alzaga terqueaba en defender el punto clave de la LAU: que la enseñanza universitaria

no sea un «servicio público» y por ende «un monopolio estatal...», Ortega y Díaz-Ambrona le dijo: «Si de

quince puntos cedo en catorce y tú sigues empeñado en dar guerra por ese tema, ¿por qué no aceptas mi

cartera, que ya se te ha ofrecido alguna vez..., y yo me voy a mi casa? Luego, en privado, el ministro dijo

«lo del servicio público hay que consentirlo o el PSOE vota en contra de toda la ley». Pero

«democristianos y moderados y liberales» han rechinado los dientes: «¡Por ahí no pasamos!» Don

Leopoldo, en un descanso de los Presupuestos, habló con Alzaga de todo esto... Yo creí que el «paseíllo»

iba de «remodelaciones en los cargos, pero Osear, mohinoso, ya digo, me aclaró: «Con nosotros no se

está negociando. Y con los liberales, tampoco.» Su tono me recordó al del hermano bueno del hijo

pródigo, el que siempre estaba en la casa paterna, y un día se quejó a su padre: «Por mí nunca hiciste una

fiesta ni mataste un carnero cebado.»

Y es que en la «ética del poder» —cosa muy, muy, muy diferente de la «moral del político»— las

lealtades no se premian. Las deserciones, en cambio, se evitan... pagando un precio. En el capítulo

«secretario general» todo son cábalas. La brújula ya no señala a Rodolfo «ni suaristas ni democristianos le

aceptarían», dícenme. Más «chance» podría tener Cavero. Lavilla no quiere moverse de su sitial

«expuesto». De Jaime Lamo se habla ahora como «portavoz parlamentario». Y Herrero de Miñón está

tranquilo «porque deben haberle prometido una salida atractiva». Yo doy una clave: El que sea «dos», no

ha de tener ambición de ser «uno».

—Pilar URBANO.

 

< Volver