Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   El Estatuto de Guernica     
 
 ABC.    30/11/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

I ERNE S 30 DE NOVIEMBRE DE 1979. PAG. t3

ESCENAS PARLAMENTARIAS

El Estatuto de Guernica

ALGUNOS lo tomaban a broma. O, al menos, a triunfalismo político. Pues ya han visto ustedes que no

había porqué. No sólo es que hemos asombrado al mundo con nuestra transición política, sino que

tenemos pasmados a los extraterrestres. Han llegado los ovnis. Han enviado embajadores las galaxias.

Hemos sido el arrobo de Occidente y la sorpresa de Oriente. Por aquí ya han pasado todos, incluso

Gromyko, ministro de Exteriores de la Unión Soviética desde hace ciento siete años, como si allí también

mandara UCD. Faltaban los marcianos, los venustnos o los galácticos. Y ya están ahí. Nos han

contemplado desde el cielo de Madrid, en el caso de que les haya dejado ver algo esa oscura película de

contaminación que nos envuelve. Habrán grabado seguramente el regreso de Suárez, la retirada de

Bandrés, los dimes y diretes entre Abril Martorell y Pérez Llorca y los madrigales políticos del señor

Sagaseta. Y a lo mejor ya se han enterado dónde está secuestrado don Javier Rupérez. Por si no teníamos

bastante con que a Madrid vinieran los etarras, los grapos, tos turistas, los homologantes, los armenios,

los diputados de provincias, los invitados de «La clave», las masajistas thailandesas, las tatas filipinas, los

miembros de la Trilateral, los pastores de la Conferencia Episcopal, la marabunta de los suramericanos,

Rafaela Carra, Cunningham y los de la plaza de Oriente, ahora llegan los monos espaciales de los platillos

volantes. Vaya por Dios. Pues welcome, bajen, si quieren y véngase a los palcos del Congreso, que esta

tarde hay sesión histórica

Antes de aparecer en la Cámara, la sesión histórica ha sufrido un soponcio. Parecía que la aprobación por

el Congreso del Estatuto de Guernica, después del referéndum, iba a ser una sesión de trámite Pero la

sesión no empezaba. Don Adolfo Suárez paseaba por los pasillos circulares junto a don Rodolfo Martín

Villa. Los nacionalistas vascos estaban en sus escaños. Los síntomas eran claros: había surgido algún

impedimento. Por fin, don Landelino Lavllla sube al estrado y se sienta en el sillón presidencial. La

Cámara se dispone a aprobar el Estatuto de Guernica. Pero al señor Jiménez Blanco pide la palabra para

una cuestión de orden. Y solicita el aplazamiento de la sesión durante media hora o, alternativamente, la

alteración del orden del día. Todos los grupos están de acuerdo. Todos, menos el señor Fraga, quien dice

que esto es una irregularidad que se une a anteriores irregularidades en este asunto del Estatuto. El señor

Fraga se queda soto, como tantas otras veces en este Congreso. El señor Peces-Barba accede, en nombre

de los socialistas, al aplazamiento, y dice que éste es un caso de cortesía parlamentaria.

Ya está claro. Hay gato encerrado. Y el gato encerrado se llama Navarra. Están pactando, negociando,

consensuando o chalaneando el tema de Navarra. Que sí Navarra va a ser Euzkadi o no. Que cómo va a

resolver Navarra el tema de su Incorporación a las tres provincias vascas. Si los fueros navarros van a

estar o no dentro del Estatuto de Guernica. El tema de la puerta abierta para que Navarra entre en Euzkadi

es una cuestión de gabinete para los nacionalistas vascos, O eso, o votan en contra del Estatuto. Cuando

comienza por segunda vez la sestón histórica, el señor presidente del Gobierno ya está sentado a la

cabecera del banco azul y los nacionalistas vascos se encuentran en sus escaños. Sin duda, ya se ha

llegado al pacto.

- El señor Fraga y el navarro señor Aizpún han pronunciado los únicos discursos que ensombrecerían

casi la unanimidad parlamentaria con que ha sido aprobado el Estatuto de Guernica. Para el señor

Aizpún, la razón era sólo una: ésa, la de Navarra. El señor Fraga ha expuesto hasta nueve

argumentos. 1. El Estatuto no habla de España como nación indivisible. 2. Ha sido interpretado

(Garaicoechea y Bandrés) como un paso hacia la autodeterminación. 3. Su aprobación no va a

suponer la paz para el País Vasco. 4.

- Ha sido elaborado bajo presión. 5. Ahí están el atentado contra Gabriel Cisneros, el secuestro de

Javier Rupérez, las actitudes desafiantes de Monzón y Letamendia, y la de los autodenominados

«abogados de revolucionarios». (La alusión a Bandrés ha despertado algunos pateos en los bancos

socialistas.)

6. El Estatuto se sale más que bordea la Constitución, en el fondo y en la forma.

7. La disposición adicional es una caja de sorpresas, y los conciertos económicos son un privilegio.

8. Se separa de la tradición foral de una manera radical. Y 9, Es una amenaza para la estabilidad en otros

lugares de España, especialmente para la de Navarra. Todo esto lo ha dicho el señor Fraga desde la

tribuna. Luego, en los pasillos y en el bar, la voz del señor Fraga se oía para decir más cosas: que Navarra

había sido entregada a Euzkadi y que éste era un día vergonzoso para la Cámara.

El Estatuto, naturalmente, ha sido aprobado. Aprobado y aplaudido. Dentro de Coalición Democrática se

ha producido la más amplia diversificación de posiciones. Don José Maria Areilza ha votado «sí». Don

Alfonso Osorio se ha abstenido. Don Manuel Fraga y los restantes diputados del grupo han votado «no».

Al final de la votación, aplausos. Las palmas del señor conde de Motríco fueron las únicas que saludaron

el acontecimiento desde los escaños de Coalición. Antes de la llegada del señor Areilza, el sitio fue

ocupado, durante unos minutos, por don Blas Piñar. Los fotógrafos se apresuraron a captar el suceso. Casi

toda la clase política que se encontraba en la Cámara ponía, en los discursos de sus representantes, la gran

esperanza de que se pacifique el País Vasco y termine el terrorismo en este Estatuto de Guernica. La

esperanza no podia eludir la referencia al secuestro de Rupérez y al asesinato reciente de tres guardias

civiles. El bautizo del documento jurídico se hizo con palabras medidas, a veces contradictorias, pero

todas ellas esperanzadas. Menos las que pronunciaron, como dicho queda, los señores Fraga y Aizpún.

Hay un hecho curioso y significativo: la mayoría obtenida en la Cámara para la aprobación del Estatuto

de Guernica es muy superior a la obtenida en el referéndum popular del pasado 25 de octubre. Nuestros

políticos esperan beneficios del Estatuto mas fervientemente que el pueblo vasco. O consideran el

Estatuto más suyo que lo considera el pueblo. Ojalá acierte la clase política. De ese acierto depende en

gran medida la paz y la convivencia de nuestro futuro.—Jaime CAMPMANY.

 

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