Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   El chantaje     
 
 ABC.    09/01/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL CHANTAJE

El secretario general del Partido Socialista, don Felipe González, intervino en una de las

últimas sesiones del Congreso con sumo acierto sobre el doble juego del Partido Comunista en

el proceso político español. Con ello me ahorró contestar a un miembro de su partido, el señor

Solana, quien después de referirse al mismo problema con técnicas de asamblea estudiantil

(años cincuenta) habrá meditado, con aprensión y provecho, sobre las opiniones, mucho más

realistas, de su líder, y habrá comprobado, ante ellas, la fenomenal ocasión de callarse que

desperdició por cuarenta y ocho horas. Mientras el señor Abril insiste con claridad en el mismo

tema en recientes declaraciones, la opinión pública española y europea sigue esperando una

toma de posición del Partido Comunista sobre la invasión soviética en Afganistán, una vez que

dicho partido nos ha demostrado ya, en la calle y en la mesa de negociación, lo que piensa

sobre dos puntos esenciales de la evolución democrática española: la política educativa y el

acuerdo marco para las relaciones laborales en paz social. (La paz social está proclamada en

el articulo 10 de la Constitución; que se hace así incompatible con quienes propugnen la lucha

de clases.)

Pero la entraña antidemocrática del Partido Comunista no constituye, en esta nueva revelación,

sorpresa alguna para quienes venimos detectándola y demostrándola desde el primer momento

de la transición. Que un partido totalitario por su historia, por su talante y por su designio

descubra, en momentos críticos, toda la trama de su permanente gran engaño es un hecho

normal; pero que dos partidos que han dado muestras profundas de democracia interna y de

cooperación al proceso de instauración democrática en España apelen simultáneamente al

chantaje político resulta mucho más grave como síntoma. Esos dos partidos son el Partido

Nacionalista Vasco, que amenaza con retirarse «de todas las instituciones del Estado» (no

cabe fórmula más decimonónica de expresar una posibilidad de retraimiento} si el conjunto de

la nación no acomoda las interpretaciones sobre diversas leyes orgánicas a las de dicho

partido; y el Partido Socialista, que tras exhibir una notable capacidad para la obstrucción

parlamentaria en el desarrollo del proyecto de ley de centros docentes no universitarios,

amenaza también con romper la baraja si prospera ese proyecto de Estatuto, impulsado no por

un grupo de presión más o menos, sino por la mayoría parlamentaria del Congreso.

Una y otra actitud evidencia un complejo partidista de inferioridad democrática que podemos

compadecer; pero frente al que jamás debe ceder la mayoría de la nación institucionalmente

representada en el Parlamento y vertebrada en el Estado. Inconscientemente los partidos que

apelan asi al chantaje pierden toda la razón que exhiben en sus condenas a los procedimientos

totalitarios de otros grupos. ¿Es que tanto el PSOE como el PNV piensan que la continuidad

del proceso democrático es más Interesante para el Gobierno y para la UCD que para ellos

mismos? ¿Meditan esos partidos en la tremenda responsabilidad en que incurrirían ante las

zonas más responsables de su electorado —sin duda mayoritarias— si consuman su actitud y

el Gobierno, como quizá ha estado a punto de decidir no hace tanto tiempo, expone ante el

conjunto de la nación tamaña Irresponsabilidad? ¿Cómo reaccionarían esos partidos, en el

supuesto de que ocupasen el Poder, si los representantes del centro y de la derecha

asumiesen, contra disposiciones legales aprobadas por mayoría democrática, una actitud

semejante a la que ellos ahora Infantilmente esbozan?

Hay, primero, que exponer desnudamente el hecho; segundo, analizar las causas. Los partidos

de donde parte el chantaje confunden evidentemente consenso con entreguismo; y siguen

aferrados ridiculamente a la tesis de que en el proceso democrático sólo la izquierda o los

nacionalismos pueden legitimar como democráticas a otras fuerzas, quizá, ofuscados por el

hecho de que algún cretino pasado de moda —comprometido como quien más en situaciones

antidemocráticas— sigue haciéndoles el Juego. Pues no hay nada de eso. En la mesa de

negociación, en el Parlamento y en la Prensa caben todas las fintas menos el chantaje. El

Partido Comunista ha aprendido en su carne a dónde lleva ese método. Por la responsabilidad

que confiere el Poder, el Gobierno hace muy bien en extremar la paciencia hasta el limite de la

dignidad; pero tampoco podrá pasar ese límite. El Gobierno hace bien en no responder al

desplante con el desplante; pero quizá debiera comunicar de forma inequívoca que la eventual

ruptura, o la eventual regresión en el proceso democrático, perjudicaría a los partidos de donde

ha surgido el chantaje mucho más que a las fuerzas moderadas. No hay en esta nación

demócratas de primera y de segunda, y es el pueblo quien legitima con sus votos a sus

representantes, no los nostálgicos de una ruptura que nunca existió.—Ricardo DE LA CIERVA.

 

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