Autor: Díez Nicolás, Juan. 
   La derechización y Suárez  :   
 Las elecciones en el congreso de UCD (y III). 
 Diario 16.    17/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

JUAN DIEZ NICOLÁS

Subsecretario de Ordenación Territorial, sociólogo

La derechización y Suárez

Las elecciones en el congreso de UCD (y III)

«En todo caso, lo que parece muy claro es que el peligro de ruptura del partido ha quedado relativamente

conjurado», afirma Diez Nicolás en sus conclusiones sobre las elecciones en UCD, donde analiza el voto

de castigo a los «críticos», la acusación de derechización y el papel de Suárez.

Veamos el voto de «castigo» en la lista de los «críticos». De entrada hay que señalar que 26 de los 32

compromisarios de esta lista recibieron menos votos de los 722 que recibió la candidatura presentada por

este grupo al consejo político. Entre los 26 que recibieron un total de 2.068 votos de castigo (cuatro veces

más que los recibidos por los «oficialistas»), el menos «castigado» fue Joaquín Satrústegui, que recibió 13

votos menos que la candidatura al consejo político, y el más «castigado» fue Jiménez de Parga, que

recibió 140 votos menos. Pero, además, 22 de los 26 pasaron de 50 votos de «castigo», e incluso siete de

ellos pasaron de 100.

En resumen, si hubo voto de «castigo» fue, de acuerdo con cualquier medida que se utilice, absoluta o

relativa, en la lista «crítica», y no en la «oficialista». Y todos los indicios parecen apuntar a que el

«castigo» fue impuesto más a los procedentes del sector «democristiano» que a los procedentes del sector

«liberal», pues salvo el caso de Landelino Lavilla, los otros seis más votados de la lista «crítica»

pertenecen al sector liberal.

La derechización

¿Qué intenciones no manifestadas hay entonces detrás de los insistentes comentarios relativos al voto de

castigo a los socialdemócratas? Los datos parecen contradecir esa afirmación, sobre todo si se tiene en

cuenta que García Diez recibió 54 votos más que los de la candidatura «oficialista», y que Pérez Miyares

obtuvo ocho menos (o 13 más, si se descuentan los 21 votos en blanco ya mencionados). Por el contrario,

todo parece indicar que donde hubo realmente gran número de tachaduras fue en la lista de los «críticos».

Uno de los comentarios más frecuentes después del II Congreso de UCD ha sido el de su aparente

derechización. Una vez más se trata de una afirmación que requeriría datos, y no suposiciones. Y los

datos parecen apuntar a algo muy distinto. Como ya se ha señalado, 20 de los 32 candidatos de la lista

«oficialista» recibieron no sólo más del 50 por 100 de los votos, sino más votos que su propia candidatura

al consejo político; si se añaden otros dos nombres (sumando los 21 votos en blanco), resultan 22

candidatos en esas condiciones, y todos ellos representan el sector centro-centro del partido, con algún

«socialdemócrata».

Pero los otros diez candidatos, que de todas formas recibieron más del 50 por 100 de los votos de todos

los compromisarios, y que recibieron más votos que el que más de la lista «crítica», pueden ser

considerados representantes del centro-centro o del sector socialdemócrata. Esto, por tanto, no significa

derechización, por libre que sea la interpretación de los datos.

Pero es que en la lista «crítica» los mejores resultados en conjunto fueron para los candidatos liberales, y

los peores para los conservadores. Destacados nombres de esa lista, como Alvarez de Miranda, Ortega y

Díaz-Ambrona, Meilán Gil, Ruiz Navarro, Sánchez Terán, Soler Valero, Villar Arregui y otros, no sólo

no lograron estar entre los siete más votados de esa lista, sino que fueron bastante «tachados».

Corrientes internas

La interpretación que parece más correcta es la de que UCD, como partido de centro, está constituido por

diferentes corrientes internas, de las cuales, el mayor peso corresponde al centro-centro; pero, entre sus

alas más progresista y más conservadora, pesa más la primera.

Desde este punto de vista, pues, la distribución de fuerzas en el comité ejecutivo, e incluso dentro del

consejo político, reflejando por tanto la composición del electorado formado por compromisarios libre y

democráticamente elegidos, parece ajustarse relativamente bien a una distribución normal, con cierta

inclinación hacia el ala izquierda, muy semejante a la distribución de fuerzas políticas en el conjunto del

electorado nacional (no dentro de UCD).

Pero, además, si se comparan los nombres que han dejado de pertenecer al comité ejecutivo nacional con

los elegidos en este II Congreso, creo que no existe base alguna para detectar ningún tipo de

derechización, sino más bien una acentuación de las tendencias centroizquierdistas y reformistas.

En todo caso, lo que parece muy claro es que el peligro de ruptura del partido ha quedado relativamente

conjurado. En efecto, si el reparto de fuerzas entre «oficialistas» y «críticos» hubiese sido del 90/10 o del

80/20, es posible que la fracción mayoritaria hubiese tenido la tentación de continuar en solitario, sin

contar con la minoría; de igual forma, la minoría podría haber tenido la de renunciar a competir por el

poder y separarse para convertirse en partido testimonial.

Los resultados obtenidos, sin embargo, muestran una distribución de fuerzas entre el 60/40 y el 65/35, lo

que significa que ninguna de las fuerzas tiene posibilidades de supervivencia sin el concurso de la otra, y

ambas tienen una participación suficientemente importante en los órganos directivos del partido como

para aspirar a mejorarla en el futuro. En resumen, a nadie le interesa la ruptura de UCD, salvo, por

supuesto, a quienes no son de UCD.

Suárez

Finalmente, es preciso decir algo del fenómeno Suárez. Pienso que es absolutamente necesario decir que

su intervención inicial fue acogida por todos los compromisarios con profundo respeto primero y largas

ovaciones, las más calurosas posiblemente. Es también justo decir que cada vez que algún orador en el

pleno hizo referencia a Suárez, provocó clamorosos aplausos, especialmente en las distintas alusiones que

a él hizo Landelino Lavilla.

Y en el acto final, cuando el nuevo presidente de UCD, Rodríguez Sahagún, propuso su designación

como presidente honorario de UCD, el clamor fue una vez más unánime. Cualquier observador imparcial

tendrá que reconocer que, independientemente de interpretaciones, el hecho evidente es que su figura es

la única que provocó unanimidades y auténtico clamor desbordado.

Si su alejamiento es definitivo o temporal es algo que nadie puede saber, ni siquiera él, pues dependerá de

un conjunto de circunstancias. Pero debe dejarse constancia de que se ha retirado con un caudal de

prestigio suficiente como para que su vuelta no sea ni mucho menos improbable. Otros, que abandonaron

el poder con mayor desgaste político y personal, han retornado al cabo de algún tiempo con gran éxito. La

puerta ha quedado abierta.

 

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