Sobre víctimas y verdugos  :   
 (Balance del congreso de UCD). 
 Diario 16.    10/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Sobre víctimas y verdugos

(Balance del (congreso de UCD)

Y la montaña parió un ratón, habría que concluir también en este caso. Ningún acontecimiento político

había hecho circular últimamente tantos ríos de tinta en vano como este abúlico congreso de UCD en el

que nada se ha dicho que importe mínimamente al ciudadano.

No ha habido ni tiempo ni disposición de ánimo para abordar en Mallorca ninguno de los graves

problemas abiertos en la sociedad española. Cuantos tribunos concursaron en pericia oratoria ante sus

compañeros de partido concordaban en señalar que del congreso tenía que surgir un mensaje de esperanza

para la comunidad. Por desgracia ninguno de ellos fue más allá de insinuar muy tenuemente cuáles

podrían ser los ingredientes de ese mensaje.

Cierto es, sin embargo, que el congreso ha sentado unas mínimas bases de concordia interna que cuando

menos permitirán a Leopoldo Calvo-Sotelo intentar entrar próximamente en harina. Esta es una de las

pocas cosas buenas que han ocurrido en Mallorca: el riesgo de ruptura parece de momento soslayado,

como consecuencia de la constatación de que las divergencias ideológicas entre los distintos sectores son

mucho menores de lo que se venía aireando.

Pese a la pirueta final de Ordóñez, tildando de «reaccionario» el discurso de Lavilla, lo cierto es que no ha

existido en todo el congreso ni una sola confrontación que revelara intentos de «derechización» por parte

de nadie. La pugna entre los «críticos» y el «aparato» quedó reducida de hecho a una lucha por el control

del partido, en función de distintas concepciones organizativas.

El equilibrio de fuerzas ha sido mucho mayor que lo que la ejecutiva resultante podría hacer suponer. Con

casi el 40 por 100 de los votos, la lista que encabezaba Lavilla sólo ha conseguido colar siete vocales en

un mastodóntico órgano de más de cuarenta asientos. La comparecencia electoral de los «críticos» tras la

aprobación de un sistema tan agresivamente injusto, ha constituido todo un gesto de buena voluntad, pues

lo fácil hubiera sido someter a sus adversarios al bochorno de un alud de papeletas en blanco, frente a una

lista única.

Si se tiene en cuenta que, corriendo muchos menos riesgos, la minoritaria familia socialdemócrata ha

recibido seis puestos, se entiende menos la reacción del ministro de Justicia, presentándose como mártir

de no se sabe bien qué. El hecho de que él y sus «coequipiers» fueran tachados por un par de centenares

de los compromisarios que apoyaban al «aparato» no es sino el refrendo de esa posición diferenciada de

lo que es el afluente medio del partido que tanto les enorgullece a ellos mismos proclamar. Esta

circunstancia en ningún caso puede dar pie a un análisis tan bizarro como el de ese «portavoz

socialdemócrata» que ha declarado a Europa Press que es posible que no haya sitio para ellos en UCD.

Este congreso ha sido muy descabellado y la intoxicación informativa lo puede casi todo, pero aceptar

impávidos este intento de convertir a los «verdugos» en «víctimas» y a las «víctimas» en «verdugos»

supondría no pestañear ante la paranoia.

 

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