Autor: Siquera, Antonio. 
 A tres días del congreso centrista. Jiménez de Parga se adhiere al manifiesto de los críticos. 
 "No avanzará la democracia sin la democratización previa de UCD"     
 
 Diario 16.    26/01/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

NACIONAL

A TRES DÍAS DEL CONGRESO CENTRISTA

Jiménez de Parga se adhiere al manifiesto de los críticos

«No avanzará la democracia sin la democratización previa de UCD»

«En el I Congreso se ratificó la confianza a un presidente.

Ahora sería suicida repetir la función »

Manuel Jiménez de Parga, socialdemócrata, ex ministro de Trabajo, ex embajador de España ante la OIT,

se ha adherido al «manifiesto de los críticos» centristas. En declaraciones a DIARIO 16 explica su

decisión, que toma una vez «liberado de condicionantes y limitaciones», y que «sin la democratización

previa de UCD, la democracia ni avanzará, ni se estabilizará en España».

Antonio SIQUERA

—Usted ha hecho diversas manifestaciones sobre el congreso de su partido, UCD, pero sin pronunciarse

hasta ahora entre los dos sectores en litigio, es decir, «oficialistas» y «críticos».

—Hasta que no he cesado en la Embajada de Ginebra eludí los pronunciamientos sobre temas polémicos

de política interna. En el último Consejo de Ministros, el día 23, se aceptó mi renuncia y se nombró nuevo

embajador ante la OIT. Liberado de condicionantes y limitaciones, ya puedo manifestar mi plena

adhesión a cuanto se afirma en el documento de los llamados «críticos».

Como en aquel texto se recoge y luego han explicado sus redactores, no se trata de ir contra nadie en

particular, sino de iniciar el proceso de renovación interna de UCD, con el objetivo básico de hacer un

auténtico partido de estructura democrática y funcionamiento democrático. Sospecho que este deseo lo

comparten la mayoría de los compromisarios que irán a Palma, tanto los centenares que ya lo han suscrito

como otros que guardan prudente silencio. Y me consta que también entre los «oficialistas» hay quienes

aspiran a llegar, por otros caminos, a la misma meta.

—En esta batalla entre los dos sectores enfrentados en UCD se ha hecho una especie de guerra de buenos

y malos...

—He seguido, desde Ginebra, con interés y con bastante asombro, las calificaciones que se asignaban a

los dos sectores enfrentados de UCD.

La clasificación maniquea es improcedente en este caso. Ni los «críticos» son los malos, ni los

«oficialistas» los buenos. Tampoco es correcto afirmar que hay más dosis de conservadurismo en los

primeros, salvo que se entienda por conservadurismo poseer unas ideas claras y saber defenderlas.

Respecto a las biografías políticas de unos y otros me parece que es mejor no hablar. Recuerdo que en el I

Congreso de UCD, el presidente Suárez cosechó la ovación más larga cuando dijo: «En UCD no se

pregunta nadie de donde viene, sino adonde va». Sin embargo, puestos a enjuiciar a las personas que

ofrecen hoy fórmulas distintas, o nos abstenemos de colocar sambenitos de «demócratas» y

«antidemócratas», o, por una vez, debemos desoír el consejo de Suárez y dar a cada uno lo suyo, es decir,

precisar lo que cada uno fue, era y es, para atisbar lo que será.

—¿Qué valoración se merece el movimiento de los «críticos»? ¿Qué le ha impulsado a adherirse a él?

—Por el momento, los «críticos» han conseguido algo que merece nuestro reconocimiento: obligar al

«aparato» a negociar. Si el «manifiesto de los 200» no se hubiese producido, nos hallaríamos en estas

vísperas del II Congreso bajo el imperio del más perfecto continuismo, quizá con el propósito de

sacrificar a alguien, para disimular, y preparando discursos sobre las excelencias del centrismo y la

moderación, o sea nada. Gracias al esfuerzo tenaz de un pequeño grupo inicial, el Congreso de Palma

permite abrigar algunas esperanzas.

Y digo esperanzas porque pienso que sin una democratización previa de UCD, la democracia ni se

estabilizará ni avanzará en España. Perder o ganar en Palma es secundario, lo importante es dar vida al

Congreso con debates bien articulados, con contrastes de opiniones, votaciones en los momentos

oportunos, en suma, demostrando que allí se da un primer paso en la necesaria revitalización de UCD.

-¿Cómo entiende la democratización de UCD?

—La democratización de UCD (asunto de Estatutos) es condición necesaria para la marcha correcta de la

democracia española, pero no basta, no es condición suficiente. Una vez conseguido el acuerdo sobre los

Estatutos, debería abrirse el gran debate acerca de las soluciones que van a proponerse a los españoles

para los problemas que les agobian (asunto de estrategia).

Desde luego, mucho de lo que se proclamó en el I Congreso, hace algo más de dos años, ni se ha

cumplido, ni valía la pena tenerlo en cuenta dada la vaguedad de aquellas fórmulas. Allí, en

circunstancias muy distintas, se ratificó la confianza a un presidente. Ahora sería suicida repetir la

función.

Se necesita elaborar un programa de acción preciso y concreto, ofreciéndolo a los electores fieles, para

que continúen prestando su apoyo, y a los indecisos, con el fin de convencerles de que deben salir de su

abstencionismo político, que tiene, hay que decirlo claramente, efectos incalculables y todos malos para

UCD.

 

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