Autor: PUBLIUS. 
   El argumento no salió a escena     
 
 ABC.    09/05/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

VIERNES, 9 DE MAYO D E 1 9 8 O .. PAO. 3.

EL ARGUMENTO NO SALI0 A ESCENA

EL paleto volvió a su villorrio encantado de las atracciones de la capital y comentaba en el casino la

excelente representación teatral de la noche anterior. Se levantaba el telón y aparecía un salón muy bien

alhajado y varios hombres que hablaban entre si. Después de un descanso volvía a levantarse y aparecía

un dormitorio. Dos señoras discutían y una señora acostada discutia con otra de pie junto a la puerta.

Después entraba más gente vestida de negro. Pero lo más bonito es que después el telón bajaba y subía y

aparecía un bosque con varios cazadores... «Bueno, bueno —interrumpíó el culto del lugar—, ¿pero cuál

era el argumento?» «¿El argumento? —respondió el «epatado» paleto—; el argumento no salió a escena.»

Durante semanas España no ha tenido Gobierno, aunque a decir verdad estamos tan habituados a ello

como para no haberlo notado en exceso, y la energía de la opinión pública, si es que la hay, y de los

medios de comunicación, si es que los tiene, se ha invertido casi integramente en lucubraciones políticas

en torno a la crisis ministerial. Esta se ha dilatado días y días, porque tras el reajuste parecían debatirse

profundos conflictos de intereses e ideologías. Al final la montaña parió un ratón, y la tan traída y llevada

crisis ministerial, la que ha tenido paralizada la Administración del Estado, te que no ha contribuido a

redorar ta figura del partido del Gobierno y de su jefe, se ha reducido a la incorporación de algunos

técnicos ilustres en sustitución de otros no menos ilustres técnicos, al intercambio de algún que otro

puesto burocrático entre el partido y la Administración y a que se encargue del Ministerio de las

Autonomias la persona que, desde hace tres años, como asesor del ministro Clavero, primero, y como

negociador principal de los Estatutos, después, controla, si es que está controlado, el tema autonómico.

Todo ello merced al cese de un ministro de cuya presencia en el Gobierno no teníamos noticias y a que,

¡oh novedad!, el vicepresidente Abril sigua rigiendo, si es que está regida, la política económica del país.

No es Inusual en la democracia la prolongación de las crisis gubernamentales, si bien es verdad que ello

se deba más frecuentemente a la coalición entre partidos que a la incoherencia del partido dominante.

Pero lo cierto es que cuando Bélgica, Suècia, o incluso Italia, han estado semanas pendientes de la

formación o remodelación del Gobierno, ello ha sido debido a problemas objetivos: esto es, a un

argumento sin el cual el drama político se convierte en una sesión de circo. Los políticos belgas pueden

tardar días, semanas, e incluso meses en ponerse de acuerdo sobre temas escolares o lingüísticos, como

los políticos suecos pueden dilatar sus coaliciones por discrepar en torno a temas energéticos o fiscales,

porque son estos temas los que Importan al bienestar de los ciudadanos, al programa do los parti

dos y, en consecuencia, a la preocupación de sus dirigentes. Lo que es Inconcebible en cualquier

democracia es que el argumento político se sustituya por las rivalidades puramente personales que ni

siquiera se toman el trabajo de revestirse de diferentes opciones ideológicas o programáticas.

Los rivales de don Fernado Abril no ofrecían una alternativa económica a la seguida por éste, y la

sustitución del señor Fontán por el señor Pérez Llorca difícilmente se traducirá en un cambio de politica

autonómica, puesto que el sustituto ha sido el efectivo director de la misma desde hace muchos meses. La

competencia de hombres como J. L. Alvarez e Ignacio Bayón está suficientemente comprobada. Pero,

¿cambiará acaso la política del Ministerio de Industria o del de Transportes? ¿Tiene algún significado,

allende lo estrictamente personal, el nombramiento de Rafael Arias Salgado como ministro de la

Presidencia, o que J. A. Ortega y Martín Retortillo sigan desempeñando, con otro titulo, sus anteriores

funciones?

Son esas cosas las que constituyen el argumento de una vida política que trascienda las apetencias de

poder de los políticos. Sin duda la ambición personal es un carburante insustituible en la acción del

político y los imperativos éticos no pueden traducirse a la realidad social si no se apoyan e instrumentan a

través de ese Instinto de poder que eufémicamente se llama por algunos espíritu de servicio. Pero si no

existe más que ese instinto, si el político no tiene otro programa que su propia carrera, si no ofrece nada

más que su propia figura, la política pierde toda responsabilidad ante el cuerpo social. El drama se hace

comedia.

España no es diferente de las demás democracias europeas y UCD tiene materia prima para parecerse a

otros grandes partidos democráticos de allende nuestras fronteras. Incluso sus dirigentes son, por lo

general, tan honestos y competentes como puedan serlo los políticos europeos. Falta simplemente

desechar los malos hábitos y convencerse que en democracia al pueblo importa una política objetiva,

expresa y seria.

Pero para ello es preciso que, al más alto nivel, el ideal de la mera duración se sustituya por la duración de

una Idea, de una Ideología que suponga un programa, unas opciones, unas prioridades y una seriedad en

su realización. El poder asi entendido da lugar a que las alternativas al mismo trasciendan la rivalidad

personal.

Mantenemos la esperanza de que el debate del día 20 de mayo próximo en el Congreso suponga el inicio

de una verdadera política de Gobierno y de partido, por la que Publius ha venido abogando con tanta

Insistencia.

Solamente así la representación que vio el pueblerino no será una sucesión inconexa de escenas y

personajes, sino una obra dramática de verdad.—PUBLIUS.

 

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