II Congreso de Unión de Centro Democrático. Los "críticos" obtuvieron el 40% del Consejo Político y el 17% del Comité Ejecutivo. 
 Triunfo del sector "oficialista" y desplazamiento de UCD hacia la derecha     
 
 El País.    10/02/1981.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

14/NACIONAL

POLÍTICA

II Congreso de Unión de Centro Democrático

Los "críticos" obtuvieron el 40% del Consejo Político y el 17% del Comité Ejecutivo

Triunfo del sector "oficialista" y desplazamiento de UCD hacia la derecha

El II Congreso de Unión de Centro Democrático [UCD) concluyó, a primera hora de la mañana de ayer,

con la elección de 39 miembros del Comité Ejecutivo y los ochenta del Consejo Político. Los críticos

obtuvieron el 17% y el 40%, respectivamente, de los puestos a cubrir. La composición de ambos órganos

directivos de UCD, junto al signo político general del congreso, autorizan a valorar la reunión de Palma

de Mallorca como una inflexión del partido gubernamental hacia la derecha, de lo que es un índice que el

mínimo de votos para la ejecutiva correspondieran al cabeza de fila socialdemócrata Francisco Fernández

Ordóñez. En definitiva, triunfó el sector oficialista, pero desplazándose hacia la derecha, mientras los

perdedores del sector crítico lograron, en cambio, convencer a través de algunos de sus líderes, como

Osear Alzaga, y, sobre todo, Landelino Lavilla.

El clima general del congreso y, en particular, las palabras del presidente electo del partido, Agustín

Rodríguez Sahagún, antes y después de su elección, pusieron de manifiesto la decisión centrista de

atender las reclamaciones de los sectores derechistas del partido, excluyendo «las veleidades» de

izquierdización y la búsqueda de «la complacencia de quienes están en otras opciones políticas»,

denunciadas por Landelino Lavilla. El debate ideológico se esfumó prácticamente del congreso, en el que

las apelaciones a la unidad tuvieron el máximo eco entre los compromisarios.

La UCD resultante de su segundo congreso pone el acento en la unidad del partido, mientras gira hacia la

derecha, desde el propio aparato, tras no aceptar que se tradujera en la ejecutiva el peso específico de los

críticos. Las opciones Lavilla y Rodríguez Sahagún, las dos únicas que, a nivel de líderes, se confrontaron

en el segundo congreso, aparecían como dos versiones diferentes de una misma inclinación a la derecha.

Esta impresión es la que, en definitiva, ha prevalecido entre los observadores políticos, aunque a nivel de

identificación política de los elegidos se mantenga el esquema de los anteriores órganos de dirección.

Fernández Ordóñez: "La gran derecha"

El propio Francisco Fernández Ordóñez manifestó ayer a EL PAÍS que su sector socialdemócrata, «en

términos puramente contables, ha mantenido su posición numérica en el Comité Ejecutivo y ha doblado

sus puestos en el Consejo Político». «Sin embargo», ha añadido, «estos datos no pueden ocultar que el II

Congreso de UCD ha significado, por sus hechos, declaraciones, ponencias, enmiendas, discursos,

votaciones y talante general, un evidente desplazamiento hacia la derecha, que pone en peligro la posición

política de UCD como partido de centro y puede situarle prácticamente como la representación de la gran

derecha española. Los días próximos permitirán verificar la realidad o no de estos temores».

Los socialdemócratas muestran cierta sorpresa ante su fuerte presencia en las listas elegidas, porque

temían que la operación desencadenada por los obispos contra el proyecto de ley de Divorcio, potenciada

en el congreso centrista a través de unos intentos de quitar legitimidad al texto aprobado por la Comisión

de Justicia, podía concluir con la eliminación del sector de los órganos de dirección de UCD. La respuesta

entusiasta de gran parte de los compromisarios a los latiguillos derechistas empleados por los oradores —

aderezados con peticiones de unidad— hacían presagiar un resultado más desfavorable.

La impresión que prevalece es la de que el giro de UCD hacia la derecha no se ha querido realizar

mediante la entrega de la hegemonía a los cristiano-liberales o la exclusión de los socialdemócratas, sino

mediante la imposición, desde la cúspide del partido, de un impulso derechizador a todo el partido.

Únicamente la sustitución de Adolfo Suárez permitiría, en el futuro, una solución de recambio en la línea

de centro-izquierda en la que siempre deseó situarse. Su propuesta para presidente de honor del partido,

así como las aclamaciones y los baños de multitud que se dio, constituyen el único capital político de

centro que UCD guarda en su despensa.

Uno de los propósitos del sector oficialista durante la etapa del precongreso era la oferta de soluciones a

la sociedad. Sin embargo, el único documento de cierta trascendencia política, el que sustituyó a la

ponencia sobre estrategia del partido, fue el resultado de un enfrentamiento de posiciones edulcorado con

una apariencia de acuerdo que se tradujo en un papel de redacción ambigua en el que el candidato a

presidente del Gobierno no encontrará orientaciones para su programa político al frente del Ejecutivo. En

cambio, las cuestiones de alcance político hondo quedaron sin abordar y se trasladaron al Consejo

Político del partido.

Las listas y las tachaduras

En este marco, la única parcela política de interés a la que se redujo el II Congreso de UCD fue el reparto

de poder dilucidado en la madrugada del lunes, tras la aprobación de un maquiavélico sistema de votación

que exigió reiteradas explicaciones a periodistas y a los compromisarios por parte del presidente del

congreso, José Pedro Pérez-Llorca, con la ayuda, en ocasiones, del inventor de la fórmula, Rafael Arias-

Salgado. Este último negó que se hubieran producido verdaderas negociaciones con el sector crítico, y

estimó que las conversaciones celebradas no pretendieron nunca impedir la confrontación de posiciones,

normal en un partido democrático.

Repliegue de los "críticos" hacia el consejo político

La votación para el Consejo Político, órgano hacia el que se repliegan los críticos para controlar a la

dirección del partido, permitió un reparto de los ochenta puestos en la proporción del 60% para la

candidatura oficialista y el 40% para la crítica. En cambio, en el Comité Ejecutivo, con una proporción

similar de votos, los críticos sólo obtuvieron siete de los 37 vocales en litigio, mientras la candidatura

oficialista copó la presidencia y la secretaría general y treinta vocalías (la proporción queda rebajada en

este órgano al 17% para los críticos y al 83% para los oficialistas).

El sistema ideado ofreció a los compromisarios la compensación de tachar o sustituir a los candidatos

para el ejecutivo. Esta facultad, como se esperaba, no afectó a la colocación de las distintas familias

políticas, sino que permitió alzaprimar unos nombres y eliminar otros. Francisco Fernández Ordóñez fue

el candidato menos votado de la lista ganadora, y con él la mayoría de los socialdemócratas; los liberales

Ignacio Camuñas y Antonio Fontán quedaron desalojados del Comité Ejecutivo, e igualmente el

democristiano Fernando Álvarez de Miranda.

 

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