Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Tenedores en alto     
 
 ABC.    22/05/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

4 / ABC

OPINION

JUEVES 22-5-80

Planetario TENEDORES EN ALTO

Hace ya seis años le oi decir a Alfred Hitchcock que los asesinatos más refinados han sido asuntos

domésticos realizados con ternura y accesorios hogareños, como una mesa de cocina o una bañera. La

frase reapareció en mi memoria anoche, martes, mientras contemplaba en el segundo programa de la

«tele» la primera sesión del debate parlamentario, del que dice la portada de A B C que quedaba «con las

espadas en lo alto».

Bonita frase. Yo, ateniéndome a Hitchcock, la reduciría a que los parlamentarios quedaron con los

tenedores en alto. La muy larga escena había tenido mucho de sobremesa familiar con discusión. De

todos es sabido que cuando una familia discute, nadie escucha a nadie. A veces las cosas pasan a mayores

y entonces es cuando los accesorios hogareños, la mesa de cocina, la bañera, se utilizan para cometer

refinados crímenes con ternura.

Los primeros parlamentarios del turno daban la impresión de no haber escuchado el largo discurso dei

presidente; en especial, e4 señor Rojas Marcos parecía haber confundido la sala, es decir, el hemiciclo,

con la plaza del pueblo, y el señor Carrillo, evidentemente, tomó la tribuna de la Cámara por esa mesita

cocinera donde se hace el picadillo para las albondiguillas.

Yo, inocente de mi, tengo la Impresión de que allí se había esbozado algo asi como una idea sobre una

posible coordinación de las autonomías en el seno de un Estado de estructura no centralista, pero si

unitaria y que la familia parlamentaria, quizá sorprendida, no quería entrar en su discusión.

Claro que toda la ventaja estaba del lado del presidente del Gobierno. Había elegido astutamente el

terreno de juego y los representantes de los distintos grupos entraban con notorio temor de resbalar. Por

eso decía cada uno lo suyo, lo que lleva diciendo siempre y, como sucede en las familias, unos querían

tirar del capital familiar hacia la derecha y otros hacia la izquierda. Lo normal. Y nosotros, los de la

butaquíta ante el televisor, los que ni tan siquiera nos atrevemos a pedir un asiento en las tribunas, esas

que de cuando en cuando las cámaras recogen en una pasada deficiente de iluminación, porque los focos,

como es natural, son para las «vedettes», ¿qué? ¿En qué quedamos?

Parece que lo que habla que discutir son puntos concretos. Los planteados por el Gobierno eran abiertos,

asequibles a aceptar Ideas comptementarias e incluso con ciertos grados de tierna contradicción. Una

habilidad, pero en esta primera serie, ¿alguien ofreció una opción articulada, coherente, positiva y

concreta para actuar trente a esos gordos problemas de la seguridad ciudadana, la crisis, las autonomías?

Parece, querido Hitchcock, que la sangre no va a llegar a la bañera.—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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