Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Primera sesión     
 
 ABC.    22/05/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

OPINION

JUEVES 22-5-80

De ayer a hoy PRIMERA SESIÓN

Gracias a Ja libertad de expresión diferida fos españoles han podido ver la democracia en carne mortal. Se

les ha aparecido. Suárez, durante la primera sesión, pronunció el discurso de costumbre, sólo que más

largo. En realidad era el informe del Gobierno, en cuya composición intervinieron incluso estilistas,

peno no, evidentemente, cristaleros, porque a través de él no se veía nada. ¿Quién pudo entender aquel

rollo del mar Muerto? La ininteligibilidad de la parte económica es disculpable, porque en esas partes

los especialistas suelen esconder sus arriesgadas suposiciones detrás de palabras inventadas

precisamente para ese fin. En Egipto a algo parecido lo llaman jeroglífico.

Suárez no tuvo ta culpa. Suárez debería librarse a manotazos de sus celosos sacristanes y volver a

mostrarse como él es, con su gracia de espadachin audaz al estilo imperecedero de Fanfán La Tulipe. Así

fue como encantó a las muchedumbres. El informe tendría que haberlo leído Pérez-Llorca, como a nadie

se le escapa. Deben creer que haciendo pronunciar al presidente frases del oráculo de Delfos lo guardan

mejor. Pues como sigan por ahí y encima lo saquen de la Moncloa para "guardarlo en un lugar más seguro

harán que termine en un búnquer con un perro y Eva Braun.

La primera sesión se interrumpió cuando faltaba por intervenir el Grupo Socialista. Cuantos habían

hablado hasta ese momento, desde Rojas Marcos, al que se le disparan las palabras, hasta Carrillo, al que

se te duermen, compusieron una especie de taracea antigubernamental que psicológicamente equivale a

una moción de censura. La sensación era que aquellos parlamentarios nunca habían podido decir lo que

estaban diciendo, como si hubieran llegado a la democracia, por i imposiciones del procedimiento, bas|

tante después que el resto de los españoles.

Y, no obstante, asi, en conjunto, los españoles pudieron darse cuenta de que su malhumor y su

desencanto, que los periódicos recogen, no fabrican, estaban bien representados en le Cámara. Pudieron

darse cuenta de que la difusión del Poder, que es la esencia de ta democracia, era patente en la Cámara, a

pesar de que la desesperada apelación a la teoría del informe gubernamental prefiguró un debate en tomo

a los universales de la ley más que en torno a los hechos de Gobierno.

Los españoles han visto a! fin que por lo menos hay un «poder mental» capaz de exigir al «poder

desnudo» que se justifique y a obligarle a salir del nicho mineral de las Cortes orgánicas.—CANDIDO.

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