Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Suspense     
 
 ABC.    23/05/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

4 / ABC

OPINION

VIERNES 23-5-80

Planetario SUSPENSE

La semana que viene, Sir Alfred Hitchcock, si fuera de este mundo de los vivos, y lo de vivos lo digo sin

retintín, podría pronunciar la frase sacramental: «Motor. Se rueda». El «suspense» está a punto. Felipe

González ha plantado la bañera en mitad de la sala, quiero decir del hemiciclo, con su no del todo

inesperada moción de censura al Gobierno.

Ayer recordaba aquí la frase del gran director cinematográfico de que los asesinatos más refinados han

sido siempre asuntos domésticos realizados con ternura. Con ternura y no sin Impaciencia el brillante

conductor del PSOE ha plantado la bañera. Todo el «suspense» está en saber si dentro de unos días

dispondrá de agua, es decir de votos, bastante para ahogar dulcemente, con ternura, en la bañera a su I

hermano consensual de la transición, Adolfo Suárez. Los asesinatos más refinados —Hitchcock dixit—

han sido siempre asuntos domésticos.

Que la familia parlamentaria estaba muy dividida, lo sabíamos todos. Que tuviera tantos parientes pobres,

más que pobres misérrimos de capacidad dialéctica, analítica y dialogante, lo han descubierto gracias a la

tele los españoles que la triste noche del miércoles, tuvieron, como uno, la enorme paciencia de escuchar

hasta la madrugada, la torpe y paupérrima oratoria de la mayoría de los dignísimos parientes

parlamentarios. Al lado de casi todos ellos, Felipe González aparecía como un Sansón de la elocuencia.

También de la inteligencia. Todo hay que decirlo.

Los parientes pobres, los que han sido poco votados por el país en las elecciones legislativas, se

mostraron especialmente enconados con sus parientes ricos. Con el más rico, que es eI que goza del peso

poco envidiable del poder, especialmente. Es natural. Lo que ya no se sabe es si todos ellos se atreverán a

aportar agua a la bañera. Porgue, tal y como el «suspense» está planteado, si la moción de censura, cosa

sumamente improbable, prosperara, lo que resultaría no sólo sería la asfixia por inmersión Mena de

ternura de Adolfo Suárez, sino el balanceo radícalísimo de que el Gobierno pasara del centro al

marxismo, de una cierta idea de sociedad, hacia la que se ha avanzado quizá insuficientemente y a

trompicones, hacia otra, cuyos bocetos en los niveles municipales hemos empezado a conocer y que,

ciertamente, no es la que prefirió el pueblo español al votar en aquellas elecciones.

Es lógico que en los tiernos crímenes de familia, el motivo sea un botin. El botín en este caso es el poder.

Si triunfara la moción, el Gobierno pasaría de las manos de Suárez a las de González, o sea, de unas

formas de liberalismo a otras d e estatalismo, como ahora se dice. Ahí está el gran «suspense». Lo que

hemos comprobado es, salvo mínimas excepciones, el bajisimo nivel de los representantes

parlamentarios. — Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

< Volver