Autor: Olazábal. 
 Un gran testimonio gráfico. 
 El cónsul alemán juega a las cartas     
 
 Madrid.    16/12/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 26. 

El cónsul alemán juega a las cartas

SAN SEBASTIAN. (Especial para MADRID.)--Como ya informó ampliamente MADRID en su número de ayer, el periódico "Sud-Ouest", de Burdeos, publicó una fotografía muy ampliada del cónsul alemán en San Sebastián, señor Beihl, jugando a las cartas en su cautiverio. Es la primera fotografía que se consigue del secuestrado. El pie que acompaña a la fotografía dice lo siguiente:

"Secuestrado el martes, 1 de diciembre, a las 22,15, por los nacionalistas vascos de la E.T.A., el señor Beihl, cónsul honorario de la República Federal alemana en San Sebastián, continúa sin ser hallado, pese a la búsqueda organizada, con el interés que puede suponerse, por la Policía española.

No es fácil descubrir el sitio donde los miembros de la E. T. A. han ocultado al cónsul secuestrado. "Sud-Ouest", no obstante, ha conseguido encontrar las huellas de Beihl y saber noticias con precisión, porque nuestro "enviado especial", Jean-Gerard Maingot, ha logrado esta fotografía del cautivo al que se le ve aquí arriba acortando su larga espera haciendo un solitario. (En primer plano, a la izquierda, la espalda de uno de sus guardianes, con el rostro oculto por una capucha.)

El señor Beihl está bien tratado. Incluso le han buscado los medicamentos que le son no solamente necesarios, sino indispensables para atender a su afección al corazón. El cónsul es vigilado día y noche por los comandos de la E. T. A., que se relevan, disponiendo de un cierto confort.

El lunes último, seis días después de su secuestro, el Sr. Eugenio Beihl—que acababa de escuchar una emisión de radio en lengua alemana—decidió iniciar una huelga de hambre. El aparato de radio y los periódicos le fueron retirados. Pero a mediodía, después de varias conversaciones con sus guardianes, el cónsul renunció a sus proyectos.

La fotografía es auténtica

En cuanto hemos tenido el periódico en nuestro poder acudimos al domicilio de la familia Beihl, en Miraconcha, 28. Ha sido, como es lógico, una satisfacción, una inmensa alegría, poder examinar detenidamente la fotografía de su esposo y padre. La madre, doña Bonifacia, como la hija, Lucía, han estado durante largos minutos contemplando este documento que les da una prueba manifiesta de la existencia del señor Beihl. Incluso han podido apreciar, conforme refleja la fotografía, el aparente buen aspecto del secuestrado.

Por supuesto, el jersey no es de él. Lógicamente no iba vestido con un jersey de este porte cuando el día del secuestro fue al Consulado. Iba con traje corriente.

En cambio las gafas son de

su propiedad. Son unas gafas que Eugen Beihl tenía en su oficina. Generalmente permanecían allí porque en casa tenía otras. Pe ro la noche del secuestro debió cogerlas quizá sin darse cuenta. Este extremo ha podido ser comprobado porque las citadas gafas no se encontraban en el despacho del Consulado.

La baraja que aparece en la mesa de la fotografía es española. El señor Beihl no utilizaba baraja española, .sino francesa.

—Esto no quiere decir—aclara el señor Schroeder—que el hecho de utilizar baraja española haga suponer que se encuentre oculto en un lugar de España.

—¿Le gustaba hacer solitarros ?—preguntamos.

—No es muy aficionado a las cartas. Igual ni los sabe hacer. Repito" que no es aficionado, aparte que no

tenía ni tiempo para ello.

—¿Han pensado por algún momento que la fotografía pudiera estar trucada?

—Sí; lo hemos pensado, pero no hay ninguna duda. En cuanto he visto la fotografía, lo primero que he apreciado ha sido el rictus de Eugen. Es inconfundible. Lo mismo digo de la última carta enviada por él.

La letra es suya, sin dudarlo, pero la redacción no ha sido pensada por Eugen. Sin embargo, el último párrafo puedo atestiguarlo que lo ha escrito él, pensándolo también él. Hay cosas inconfundibles en las personas con quien uno ha convivido largo tiempo.

—¿Qué puede suponer para ustedes la expresión que ofrece en esta fotografía?

—Yo diría que de concentración. Puede haber sido preparada, pero él parece estar medio enfadado y medio concentrado con lo que está haciendo.

En plenitud física

Siguen los comentarios, ya en un plano general. Se piensa que la fotografía no ha sido hecha por el fotógrafo en cuestión, sino que ha sido enviada por los secuestradores por correo, con una nota al citado fotógrafo de "Sud-Ouest".

Que tampoco le han enviado el cliché de la foto, sino la copia. Según se dice, el citado fotógrafo ha sacado un sinfín de copias, que las está vendiendo a buen precio. Se habla de diez mil francos cada una.

Por otra parte, se especula que este gesto de los secuestradores supone una apertura en este asunto tan complejo del secuestro. Puede estar cerca el final.

Se ha caído en la cuenta de que el comentario que se hace en Sud-Ouest de la fotografía, sin duda un relato enviado quizá taquigráficamente por los propios secuestradores, expresa de forma elocuente que el señor Beihl tiene las medicinas que necesita.

Este detalle hace pensar que las declaraciones que publicamos el domingo del doctor Bravo sobre la necesidad de que el señor Beihl tuviera imprescindiblemente esas medicinas, ha llegado a conocimiento de los secuestradores y éstos se han apresurado a dar prueba fehaciente de que el señor Beihl se encuentra no sólo vivo, sino en plenitud física.

Pensando en el último párrafo hemos hablado con el padre Larzábal. En cierto modo, ha confirmado nuestras teorías. Efectivamente, el hecho de que los secuestradores hayan enviado una fotografía del señor Beihl a la Prensa viene a ser como una contrapropaganda sobre lo que se ha dicho en los periódicos españoles, poniendo incluso en duda que el señor Beihl estuviese todavía vivo.

Con ello han creado un estado de intranquilidad en torno a su esposa e hija y los secuestradores han querido publica´ esta fotografía para demostrar que el señor Beihl se encuentra en perfectas condiciones e incluso que toma las medicinas que necesita.

Le hemos preguntado si la fotografía ha sido enviada por correo.

—No, en absoluto—nos ha dicho—.La fotografía ha sido hecha hace algunos días y ha sido entregada en

mano de eso estoy seguro.

—¿Supone ello que está entonces en Francia?

—No se puede suponer nada de eso. Puede estar en cualquier parte, la pueden haber entregado terceras

personas en el sitio más alejado del lugar donde está el señor Beih;

—¿La publicación de esta fotografía puede precipitar los acontecimientos?

—Los acontecimientos se precipitarán cuando se sepa él fallo del Consejo de guerra de Burgos.

Olazábal

 

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