Autor: PUBLIUS. 
   OTAN, sí     
 
 ABC.    27/06/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

4 / ABC

OPINION

OTAN, SI

Las recientes declaraciones del ministro Oreja han movido las aguas, aparentemente •• tranquilas en

materia de defensa, de los diferentes partidos políticos que dan vida a las actuales Cortes Generales. La

causa de tanto alboroto ha sido la fijación de una fecha, por parte del ministro de Asuntos Exteriores, para

el ingreso de España en el sistema defensivo de la OTAN. Las fechas tienen el mágico encanto de que

dan autenticidad a los proyectos. Es decir, transforman las buenas intenciones en realidad operativa y en

eso consiste el gobernar.

Pensamos, en consecuencia, que la fijación de una fecha, sea 1981 ó 1983 a más tardar para nuestra

incorporación a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, es un acto de responsabilidad y

coherencia con el programa electoral del partido del Gobierno. No cabe duda que la decisión adoptada

dará lugar a un gran debate parlamentario, pero nada es más saludable para nuestra Joven democracia que

la luz y los taquígrafos. Ahí está para demostrarlo el interés del pueblo español en la retransmisión

televisiva del reciente debate sobre la moción de censura al Gobierno. Ningún debate importante debe

serle escamoteado al pueblo y menos en el tema de nuestras alianzas militares. Nuestra esperanza es que,

como ocurrió en el debate mencionado, la demagogia interesada y la utopía infantil se deshagan como

pompas de jabón bajo el enfoque agudo de las cámaras.

Bienvenida sea —aunque venga con retraso— la declaración del ministro Oreja. Publius, que desde hace

tiempo viene manteniendo una posición inequívoca en este tema, desea fijar algunas ideas que permitan a

nuestros lectores tomar conciencia de los aspectos sustanciales que conforman tan Importante cuestión.

El problema puede resumirse en las siguientes preguntas; ¿quedará facilitada nuestra defensa mediante la

integración de España en el sistema militar de la OTAN? ¿Supondrá tal alianza una carga financiera

onerosa, quizá, pero compensada por una cobertura eficaz? ¿Reduciremos los riesgos bélicos para España

en vez de incrementarlos, según señalan algunos interesados expertos? ¿Contribuira la adhesión de

España al Tratadoa la seguridad del mundo occidental y, por ende, a la paz mundial? Si la respuesta a

todas ellas es afirmativa, España debe entrar inmediatamente en la OTAN.

No se puede seguir pensando en nuestro tiempo que un Estado pueda mantener auténtica unidad e

independencia —en el aspecto político y militar— si no adopta una clara política de relaciones

internacionales, una decidida toma de postura en el concierto de los Estados. La defensa y unidad de

España exigen la definición, con la máxima exactitud posible, de cuál es la posición que ocupa nuestro

país en un mundo en el que los países libres y democráticos son una minoría; de qué tradición elegimos

entre las que han combatido durante nuestra agitada Historia, si la de la libertad o la de la opresión de

derechas o de izquierdas; de quiénes son nuestros amigos y quiénes nuestros enemigos.

España debe recuperar en el concierto de las naciones su capacidad de decisión, perdida lamentablemente

desde hace más de un siglo. Para ello los españoles debemos recordar los puntos siguientes.

Primero: Las naciones que configuraron la Europa democrática para borrar hasta el recuerdo de la cruenta

opresión fascista tomaron la clara decisión de defender su libertad, su Integridad territorial y la solidari

dad Internacional ante amenazas totalitarias de un nuevo signo, dentro del marco ideológico de la defensa

de los derechos humanos y las libertades democráticas. Esa noble voluntad se concretó en el campo

legislativo, en la creación del Parlamento Europeo, al que ya pertenece España. Esa noble voluntad se

materializó en lo económico con la puesta en marcha del Mercado Común y ahí está la solicitud de

adhesión española. Y esa noble voluntad se instrumentó en lo defensivo, en el Tratado del Atlántico Norte

(OTAN), que pretende la defensa en común de las soberanías de los Estados integrantes. Y ahí debe estar

también nuestro país. No hacerlo así resultaría inconsecuente con la vocación democrática y europeista

manifestada por una gran mayoría de los españoles.

Segundo: Sólo la URSS y los Estados Unidos de América tienen capacidad bélica para decidir con

autonomía su destino y aun asi este mismo dato frena sus tendencias exterminadoras, pues ambas poseen

la fuerza necesaria para responder en forma contundente al contrincante que se aventure por el camino de

la sorpresa. El fenómeno bélico ha adquirido una nueva dimensión que combina sutilmente los factores

termonucleares con la lucha convencional «controlada» y la guerra subversiva en sitios estratégicos, de

suerte que la ventaja militar y política proviene frecuentemente de elementos sociales y psicológicos.

España debe —sin duda desde su propia soberanía política— optar por el ingreso de pleno derecho en fa

Organización del Tratado del Atlántico Norle no sólo por adecuación lógica de la situación estratégica y

política de la España democrática al marco defensivo del mundo libre, sino para dejar de ser «campo de

Agramante» para la lucha subterránea de unos y otros.

Tercero: Si queremos dotar a nuestro Ejército de la formación y de los medios suficientes para el

desempeño cabal de las funciones que la Constitución de 1978 les encomienda, nada más necesario que

situar a nuestros oficiales en plano de Igualdad con el resto de la oficialidad de Occidente. ¿Qué mejor

forma de educar a nuestros militares en lo que deben ser unas Fuerzas Armadas en un Estado democrático

que la convivencia con soldados de otras fuerzas que hace mucho tiempo están conformadas de este

modo? Nuestros militares necesitan ampliar horizontes, y la vía natural para conseguirlo es Occidente. De

otra parte pensamos sinceramente que nuestras Fuerzas Armadas están en espíritu con los Ejércitos

europeos; o ¿alguien piensa seriamente que están hipnotizados por los Ejércitos cubano, yugoslavo o

argelino?

Con nuestro ingreso en la OTAN podemos conseguir:

— Que todo el Ejército aliado esté comprometido de derecho y de hecho en la defensa de

nuestra integridad territorial.

— Que nuestro Ejército se vea claramente potenciado, en material y preparación, participando en los

planes de formación y en las maniobras conjuntas.

— Que Gibraltar cambie su actual estatuto por el de una comunidad autónoma en la que hubiese

una base militar OTAN bajo soberanía española.

— Que las islas Canarias permanezcan clara y definitivamente seguras junto a los destinos de la

Península.

—Y, sobre todo, que España esté presente, en plano de igualdad con los países occidentales, en los

consejos y órganos en los que se toman las decisiones que en cualquier caso siempre nos conciernen

gravemente.—PUBLIUS.

 

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