Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   1984     
 
 Diario 16.    22/09/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 26. 

Diario 16/22-septiembre-80

OPINION

PEDRO J. RAMIREZ

1984

CUANTO tiempo puede aguantar, una sociedad libre una política de lucha contra la inflación a base de

estabilización del gasto, restric ciones crediticias, pérdida del poder adquisitivo de los salarios e

incremento del paro, bien por la vía de los despidos, bien por la vía de las quiebras? ,

En la respuesta a esta pregunta está la clave de la civilizada polémica que enfrenta a los dos grandes

santones del liberalismo económico. Mientras Miltón Friedman sostiene que tan amargas medí

cinas deben ser dosificadas de manera . que se produzca una recuperación gradual del enfermo,

Friedrlech Hayek apuesta por el tratamiento de «shock», tan intenso como breve.

Los graves riesgos de colapso social inmediato que comporta esta segunda alternativa, han empujado a

aquellos países occidentales que tratan de salir de la crisis de acuerdo con las leyes de la libertad

económica, por la senda del reajuste paulatino. El ejemplo más patente es el de la política de la señora

Thatcher, actualmente en la encrucijada de su experiencia: si bien la cifra de parados ha superado en Gran

Bretañaia cota fatídica, de los dos millones de personas la inflación parece definitivamente contenida y

surgen an el horizonte indicios esperanzadores de reanimación.

Es lógico que el Partido Laborista y los sindicatos británicos consideren inaceptable el coste coyuntura!

de la cirugía practicada por la «Dama de Hierro» y piensen que el tiempo transcurrido desde que entrara

en el quirófano es ya una eternidad. Y también es lógico que los sindicalistas y trabajadores españoles no

se sientan en absoluto reconfortados més bien todo lo contrario ante la constatación de que, frente a los

poco más de quinientos días de Gobierno de la señora Thatcher, el reajuste gradual de nuestra economía,

pilotado por UCD a partir de los pactos de la Moncloa, esté a punto de durar ya el doble.

El riesgo de repartir pobreza

Tres años de sacrificios son demasiado tiempo como para que la opinión pública de un país que ha

simultaneado, además, una espinosa transición política, reciba imperturbable la noticia de que la

expectativa para el próximo trienio es peor o similar.

De ahí, que el Gobierno haya cambiado el énfasis de su propuesta económica,, haciendo de la lucha

directa contra el paro el objetivo número uno, cediendo a las presiones en favor de un aumento de la

inversión, pública y transmitiendo de manera subliminal el mensaje de que tampoco pasa nada si el

«precio» de esta oscilación en la estrategia de ajuste son dos o tres puntos de inflación anuales.

¿Qué otra conclusión puede sacarse con relación a este último aspecto, cuando las únicas fuentes de

financiación que se apuntan para tal esfuerzo inversor del sector público son la contención de los gastos

corrientes y el aumento de los impuestos indirectos, y cuando está claro que, sin el concurso entusiasta de

los sindicatos, el primero de estos dos objetivos el saneamiento de la Administración Pública es

prácticamente imposible de lograr?

Simplificando, por la vía siempre inexacta de la caricatura, el Gobierno corre el riesgo de bajar la guardia

con relación a la política de caótica e inconstante firmeza practicada por Abril y caer en la tentación de

empezar a repartir pobreza: habrá puestos de trabajo para todos, pero la gasolina estará tan cara que nadie

podrá desplazarse a ocuparlos.

No es esta una amenaza inmediata, ya que Leopoldo Calvo-Sotelo, Juan Antonio García Díez y los

restantes responsables de la ejecución de la política económica forman un equipo responsable y prudente,

incapaz de bandazos tremendistas y, francamente, no los veo convertidos en simples opéranos de las

máquinas impresoras de la Fábrica de Moneda y Timbre.

Este margen de garantía no elimina, sin embargo, la preocupación que inspira la nueva tendencia

esbozada. Aquellos para quienes las leyes inalterables de la ciencia económica signifiquen algo, deberían

proclamar hoy con más energía que nunca por muy amargo y difícil de entender que sea— que la única

manera eficaz de combatir el paro, dentro de un sistema de libertades, es luchando primero contra la

inflación y asumiendo el riesgo de incluso crear más desempleo en un primer momento.

Estoy seguro de que, con mayores o menores matices, todos los miembros del actual Gabinete comparten

este postulado básico y recelan en lo más hondo de su corazón del éxito de los retoques anunciados por

Suárez con vistas a estimular un tanto artificialmente la demanda. Pero es imposible culparles por no

adecuar más estrictamente sus actos a sus conocimientos.

El famoso pragmatismo de los políticos no es en el fondo sino el fruto de su dependencia de los climas de

opinión de sus clientelas electorales, y estos climas de opinión siempre responden a fenómenos

inmediatos y nunca a planteamientos con perspectivas ni visión de conjunto.

Nada tan humano, por otra parte, como empezar a ceder cuando ya sé llevan mil días de tensión, y este

razonamiento es el que me devuelve a la polémica del comienzo del artículo. Creo que en un caso como

el nuestro se debieron haber corrido los riesgos de un ajuste brusco y si se quiere brutal, pero más

limitado en su plazo de ejecución. El pacto de la Moncloa fue la gran ocasión perdida Las centrales

sindicales y fuerzas políticas de izquierdas que aceptaron un pacto, salarial en torno al 22 por 100, cuando

el alza de los precios era del 27 por 100, igual hubieran aceptado reducciones mucho más drásticas si las

contrapartidas en cuanto di ritmo de democratización del país hubieran sido también más sustanciosas.

Una soga de rectificaciones

A medida que va transcurriendo el tiempo surgen más argumentos para cuestionar el mito de que la

reforma fue mejor que la ruptura. Máxime cuandola tibieza, la falta de voluntad, convicción y

coraje de los reformistas se hace más´ patente cada día. Erhard liberalizó la economía alemana de una sola

tacada yen domingo. Cinco años después de la muerte de Franco, en España todavía perviven —con la

anuencia de empresarios y trabajadores las prácticas paternalistas, del sistema anterior.

En el timón de nuestra política ha faltado y sigue faltando ese mínimo sentido de lo que se desea hacer

con el Estado, imprescindible para tan siquiera marcar una dirección en el desplazamiento. La historia de

UCD se ha convertido en una saga de rectificaciones improvisadas, en la que empiezo a temer que

también quede engullido este nuevo buen Gobierno.

Su debut parlamentario ha sido, desde luego, menos afortunado de lo que la categoria de sus miembros

podía inducir a pensar. El objetivo primordial que, desde una perspectiva de relanzamiento político tenia

el Pleno de la moción de confianza ha quedado, por ejemplo, sos; layado. De la triada de nuestras

reclamaciones un Gobierno, un Programa, una Mayoría sólo la primera ha sido atendida. Por mucho que

el actual Gabinete haya conseguido 180 votos, a partir dé una bien construida declaración de buenos

deseos, siguen quedando por precisar, no sólo sus objetivos, sino también la intensidad y alcance, de sus

apoyos. Mientras el de la Minoría Catalana ha ido bastante menos lejos de lo que el carrusel de

especulaciones veraniegas hacia sospechar y el del PSA carece de toda consistencia por no pasar de mero

cambalache fenicio, no ha llegado a cristalizar pqr razones diversas el.de una veintena de diputados,

ideológicamente afines, que en buena lógica deberían estar con UCD.

La talla política del nuevo Consejo de Ministros merecía un estreno más solemne y glorioso. De esta

manera, la polémica sobre la sustitución de Suárez ha quedado aplazada hasta dentro de unos meses, pero

persiste esa especie de´aura de provisionalidad en torno aquienes ocupan ´el poder, que tanto Viene

dañando la fe pública en las instituciones. En algunas altas esferas ha indignado la actitud de la CEOE al

advertir que el Gobierno .tendrá que ganarse su apoyo cada día, pero esa es, a fin de cuentas, la actitud

mental de un buen montón de ciudadanos escarmentados.

El absurdo vericueto del artículo 144_________

Suárez dispone de un nuevo margen de maniobra .que no, todavía, de confianza—; pero todos sus.

movimientos van. a ser atentamente vigilados, desde una´ posición de recelo y desde una cierta

predisposición negativa. Eso no quiere decir que ya sea incapaz de recuperar el crédito de la Nación,

puesto que a los gobernantes,.mejor que a nadie, puede aplicárseles el dicho de que «por sus obras los

conoceréis». No es mal síntoma, que por fin, se decida a celebrar su varias veces aplazada conferencia de

prensa.

Esperemos que alguien le pregunte en su transcurso por qué diablos ha habido que recurrir al absurdo

vericueto del inadecuado artículo 144, si lo que se deseaba era conceder a Andalucía las cotas

autonómicas del 151. La intervención de Martin Villa, en el Pleno vino a significar el reconocimiento de

que la ley de Modalidades de Referéndum es un texto contradictorio con el principio constitucional al que

sirve, ya que puede cerrar el paso a un pueblo que haya expresado su voluntad de manera tan inequívoca

como lo hizo el andaluz el 28 de febrero.

¿Por qué entonces no acceder a reformar esta mala ley —redactada deprisa y corriendo, sin el menor rigor

jurídico y sin el menor sentido de futuro—, tal y como razonablemente solicita el profesor Clavero?

¿Acaso pretende el Gobierno echar mano, cual déspota ilustrado,, del artículo 144, cada vez que una

comunidad se sienta agraviada por la estricta aplicación de esta equivocada destilación legislativa?

No le ha faltado cierto mérito estratégico a la jugada, ya que ha servido para poner nerviosos a los

socialistas también para subrayar el oportunismo zascandil de Alejandro Rojas Marcos, pero en el hombre

de la calle ha causado nueva dosis de desorientación y despiste. Son ya tantas las lecturas»

gubernamentales del título octavo de la Constitución, que pronto nadie sabrá lo que realmente dice.

Cuando la inconcreción, la ambigüedad y el regate en corto continúan siendo sus principales recursos

como gobernante, es difícil atender la recomendación con que Adotfo Suárez cerró su deslucida reyerta

del final del debate con Felipe González y comenzar a pensar en la España de nuestros hijos. Es la España

propia e inmediata la que. aún no tenemos garantizada; la España posterior a éstos próximos tres años en

los que el presidente ha prometido enderezar la economia y construir el estado autonómico; la España de

1984, ese año mágico o fatídico en el que, según sus previsiones, creceremos un 5 por 100 y la

democracia podrá .darse definitivamente por consolidada.

"Por muy amargo y difícil de entender que sea, hoy más qué nunca es preciso proclamar que sólo

luchando contra la inflación podrá combatirse eficazmente el paro

 

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