Autor: Argaya Goicoechea, Jacinto. 
   Carta del obispo de San Sebastián     
 
 ABC.    04/12/1970.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. VIERNES 4 DE DICIEMBRE »DE 1970. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAO. Z9,

CARTA DEL OBISPO DE SAN SEBASTIAN

«Os pido que liberéis al subdito alemón en bien de la paz de todos» «NO SUMÉIS UNA DIFICULTAD

MAS A LAS QUE YA PADECEMOS»

VIVIMOS unos días duros. Para vosotros 7 para mí. Un nuevo dolor acaba de sacudir mi corazón. Y creo que el de toda la familia diocesana. Pienso en el secuestro de un diplomático extranjero, acreditado en nuestra ciudad. Persona inocente y absolutamente ajena a los problemas que nos turban, unida en matrimonio con una mujer guipuzcoana.

Esto ha ocurrido en el momento en que la Santa Sede, la Conferencia Episcopal y los obispos de Bilbao y

San Sebastián hemos hecho llegar al Gobierno nuestra petición de clemencia para los procesados a punto de ser juzgados en Burgos por un Tribunal militar.

No sé quiénes son los secuestradores. No sé siquiera si son creyentes, pero a ellos me dirijo como padre de la gran familia espiritual guipuzcoana.

Es posible que hayáis pretendido forzar la clemencia con un procedimiento trae, sean cuales fueran vuestras intenciones, no puedo menos de lamentar muy de corazón. Os quiero excusar por el nerviosismo o la desesperación que haya podido moveros. Pero con mi mayor afecto os apremio para míe no suméis

una dificultad más a las que ya padecemos.

Apelo a vuestros sentimientos humanitarios para con la persona secuestrada.

Por amor de Dios, por amor a la paz, por amor a nuestro pueblo uno mi súplica a la de los familiares del subdito alemán y creo interpretar los sentimientos de los familiares de los procesados con alguno de los cuales he hablado estos mismos días, al pediros que liberéis a esta persona inocente en bien de la paz de todos.

El obispo administrador apostólico de Bilbao, con quien estoy en estrecho contacto, se une a este llamamiento de todo corazón.

El y un servidor quedamos orando por todos, especialmente por los que más sufren en estos difíciles días.

E invitamos a todos nuestros sacerdotes, religiosos y seglares a que oréis con nosotros, pidiendo la paz para nuestro pueblo.

El Señor aceptará nuestra oración porque le llega ungida en profundo dolor.

Os bendice de corazón vuestro obispo.—JACINTO.

 

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