Autor: Urbano, Pilar. 
   Suárez: He sentido el frío     
 
 ABC.    11/12/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

JUEVES 11-12-80

NACIONAL

Hilo directo

Suárez: «He sentido el frío»

Cuando me siento a escribir ante una vieja máquina que me prestan en Bilbao, Suárez acaba de llegar. Es

mediodía. En pocos segundos ha podido ver de cerca el rostro de la reivindicación dura. Ha podido oír,

tras los cristales de su automóvil, los gritos broncos de la crispación. Muchos hombres en la calle, . puño

en alto y voz en cuello: «Suárez, escucha, estamos en la lucha», concentrados en los alrededores de la

Diputación Foral de Vizcaya, a pesar de... A pesar de la consigna dada de «boquilla» la noche antes por

Javier Arzallus, desconvoncando la manifestación protesta de militantes del PNV.

Suárez llega a un Bilbao hosco, cuyo alcalde encabeza la lista de los sesenta y pico Ayuntamientos

declarados en «paro corporativo» como queja por una visita presidencial «de manos vacías».

Suárez llega a un Bilbao que, desde hace días, clavó en todas las empresas el cartelon de «huelga general

para el jueves, 11».

Suárez llega a un Bilbap donde pasará pocas horas. Nunca las suficientes. Aún he podido leer con tinta

fresca en las paredes un par de advertencias, escuetas, como pistoletazos: «Suárez, Bilbao no se toma en

una hora», y «Suárez, cumple lo que prometes». La protección y vigilancia policial, que en Vitoria era

intensa pero discreta, aquí se deja ver por las calles más aparatosamente. Bilbao, escala difícil.

La víspera, en Vitoria, a medida que transcurrían la horas, el clima se fue tensando y enrareciendo. El

paro de los Ayuntamientos, donde el PNV es fuerza mayor, pudo echar por las piedras todo el viaje con

su filosofía subliminal que «transmitir respeto y confianza en las instituciones». Garaicoechea, en su

mano a mano con el presidente, quedaba literalmente «contra las cuerdas». Estaba claro que o había un

doble juego de estrategias e intenciones (Garaicoechea conversaba con el poder central con «frialdad

correcta», mientras Arzallus satisfacía las demandas de hostigación de sus bases peneuvistas) o... el

«lendakari», desairado y amordazado por su propio partido, jugaba, el bochornoso papel de quien «ni es

nadie ya, ni manda nada en las fuerza, que le auparon al Poder».

Yo he podido saber del estupor con que Suárez recibió la noticia del plante» de los Ayuntamientos. De la

llamada telefónica, apremiante y quejosa, de Marcelino Oreja a Carlos Garaicoechea: «Pero, ¿qué es

esto?» Y de la «sorpresa» del «lendakari» que no tenía noticia de lo que a sus espaldas se preparaba»... Y

he sabido también que, ya entrada la tarde, Suárez estuvo a punto de romper la baraja y no bajar a la cena

oficial que Garaicoechea le ofrecía en el Ajuria Enea. Con valiente desparpajo, el socialista Txiki

Benegas resumía así la situación esta misma mañana: «Estamos en un baile de irresponsabilidades. ¿Por

qué el gobierno vasco, el PNV y el Gobierno de la UCD no se entienden de una vez? Porque UCD no

entiende el tema vasco y el PNV no entiende el tema de España... El PNV está mostrando ser gravemente

irresponsables: hoy, recibiendo al presidente del Gobierno con este "plante". Antes, abandonando el

Parlamento español, donde se acababa de aprobar el Estatuto de autonomía. Por culpa del PNV llevamos

ya dos años de retraso y fracasos en el País Vasco. Gobierno de Madrid y gobierno vasco tienen que

entenderse. Pero hay un clima viciado de recelo y de desconfianzas mutuas... Quizá, y sin quizá, Suárez

tenía que haber venido antes.» En esto coincidía con el empresario Olarra: «Suárez tendría que venir al

País Vasco sin tanta expectación, sin tanta espectacularidad, sin tanto simbolismo. Como si fuera a

Extremadura. Y éste debería ser ya su viaje número diecisiete.»

En Vitoria, Suárez había palpado el frío y la indiferencia popular. Recluido en la mansión Los Olivos, a

cierta distancia de la ciudad, recibiendo un incesante rosario de personajes de la vida pública (hasta las

tantas de la madrugada estuvo el nombre hablando con unos y otros de temas «serios, urgentes, críticos,

inaplazabjes»... Para mis adentros pensé que el rosario de conversaciones podía llegar a parecerse al

«rosario de la Aurora»). En la sede de la UCD alavesa, la que capitanea Jesús Viana («Presidente, no

vamos a cantarte las cuarenta...» «Sé que tenéis deseo de hacerlo, y me las doy por cantadas»), Suárez se

expresó con palabras no usuales en su moderadísimo talante: «Vengo a ver a mis compañeros de una

UCD castigada, hostigada violentamente por asesinos, yo sé lo que es ser hostigado y vapuleado...; mi

responsabilidad de presidente me ha dado, hasta hoy, más amarguras que satisfacciones..., y quiero

deciros que aquí, con vosotros, estoy emocionado.» Más tarde, en un desahogo informal con algunos

periodistas, diría con poca voz, estaba ya muy afónico y destemplado: «Tenía que venir, para sentir en la

piel el frío o el calor de esta gente, de esta tierra. Quería sentirlo sin que me lo contasen... Y he sentido

frío. Mucho frío.»

Horas después (un desayuno frugal con la anfitrionía amable de Silvia y Marcelino Oreja) reanudaba los

«recibos» en el saloncito de Los Olivos.

Allí acudían los líderes políticos, a medida que despachaban con el presidente. Para Txiki Benegas fue

«una visita protocolaria..., ya que los socialistas hemos sido marginados de toda negociación sobre el

Estatuto y sus contenidos».

Bandrés y Onaindía, Euskadiko Ezkerra, salían contentos. «Suárez hoy tiene poca voz... pero mucho oído.

Ha escuchado con atención, No conocía las demandas de nuestra resolución, adoptada en el Parlamento

vasco el 18 de julio. Y se lo hemos contado: pacificación de Éuskadi que pasa, no necesariamente, por

estos hitos: que se cuiden las actuaciones del Ministerio del Interior. Que se eviten ciertas «torpezas»:

detenciones indiscriminadas, malos tratos, torturas... Que se profundice, pero seriamente, en la autonomía

vasca. Y que, previa una tregua de las organizaciones armadas, de una y otra ETA... se instrumenten

medidas de gracia. Suárez, ya al final, nos ha dicho: «Son problemas difíciles, pero en política todo tiene

solución.»

Adusto, serio y contundente estuvo Arzallus: «No ha tenido que meterme Suárez los dedos en la garganta

para que yo entrase en el fondo de los temas... tal y como nosotros los vemos. No creo que le haya

gustado lo del paro de los Ayuntamientos ni lo de la concentración convocada en Bilbao, El desearía que

le recibiésemos con flores... Pero esto no debe entenderse como una presión, ni menos como un chantaje,

sino como una expresión de la ansiedad y la urgencia con que aquí se esperan los conciertos económicos;

y conste que nosotros no queremos privilegios fiscales, sino capacidad de gestión.»

Muchas cosas más dijo Arzallus, el hombre fuerte del PNV. Una me la creo: «Suárez aquí no ha perdido

ni los papeles ni los nervios.» La otra: «Nosotros no estamos fomentando ni provocando, sino

conteniendo», me costaría demasiada «chequera» de ingenuidad.—Pilar URBANO.

 

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