Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   El vendaval     
 
 ABC.    30/12/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

MARTES 30-12-80

OPINION

ABC/3

De ayer a hoy

El vendaval

Remolino de crines, caballos invernales. Pájaros de miseria arrastrados por el viento del norte. ¿Quién

corre en el surco del viento? Responde Marcel Béalu: «Es Nabuco llamado Nodosor. / Cada paso de su

elefante / aplasta a cuatro mil niños.» El viento arranca el pasado de sus viejas raíces y nos lo trae.

Abandonado el viento a su propio impulso se convierte en Nahash, la serpiente del Génesis, que silba

sobre nuestras cabezas y por todas las rendijas, con su fría lengua.

Noche estremecida de viento, ecos de árboles rotos. La pequeña historia de la civilización cae hecha

pedazos. Las comunicaciones, la electricidad, el teléfono, todo se derrumba cuando retumba el viento de

piedra. El viento es la forma que toma la voz de la divinidad. ¿Qué ha dicho? Nadie lo sabe. En el

Observatorio Meteorológico han hablado de una borrasca que barrió la Península con su gran escoba. Se

habla también de climatología adversa. Puede que sea la voz de la divinidad la que es adversa. Esto es lo

que tendrían que explicar los hombres del tiempo, evangelistas de los ciclones y de los anticiclones.

Pasaron cosas sorprendentes la noche del vendaval. Por ejemplo, éstas: un caballo se ahorcó después de

recibir un telegrama de su Banco; Suárez se despertó á las dos de la madrugada, gritando: «Clavero,

Clavero, ¿por qué me has abandonado?»; un niño, al oír por la televisión que la climatología era adversa,

pidió una ametralladora; alguien escribió un editorial sobre el modelo turco del golpe de viento; una

perdiz, con su miedo emplumado, fue a refugiarse, con un perro, en la casa de un gato; Fa bala de un

asesino dio la vuelta, por ja fuerza del viento, y lo asesinó a él; el viento expulsó del PSA a Rojas Marcos

y lo tuvo fuera cuatro largas horas... Muchas más cosas sorprendentes pasaron la noche del sábado, la

noche del furioso vendaval. Eso es que habló la divinidad, con su enorme voz, aunque no sepamos lo que

dijo.

¿Qué lengua fue esa noche más nocturna que la del viento, qué gritos más dolorosamente ebrios que los

suyos? Encogido a la luz de una vela, con mi sombra gigantesca dibujada en la pared, escuchaba en el

viento a Orfeo, cuyo drama desgarra; a Pentiselea mugir sobre Aquiles moribundo, y un verso de Pierre

Emmanuel que dice: «Surgen abismos de música anhelante, vientos / rasgados en extraños rayos de

crueles luces / que el espíritu de la tortura aviva al despertarse...»

Pensábamos que no llegábamos a 1981, que el viento nos llevaría a todos, empezando por mis artículos, y

esta nación quedaría borrada, rebosante de ausencia, esperando un nuevo vendaval que trajera nuevas

semillas. Nunca se sabe de qué modo el Bien y el Mal forjan sus armas.—CANDIDO.

 

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