Autor: Bustamante,Juby. 
 Entrevista con el padre Larzábal, secretario de Anai-Artea. 
 "Creo que la señora Beihl tiene comunicaciones regulares con su marido"     
 
 Madrid.    16/12/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 25. 

Entrevista con el padre Larzábal, secretario de Anai-Artea

"Creo que la señora Beihl tiene comunicaciones regulares con su marido»

"Tengo mucha costumbre de guardar secretos. Yo sé que muero antes que contar algo"

SAN SEBASTIAN. (De nuestra enviada especial.)—Sobre todo, hay que tentarse las ropas y luchar contra la tentación de interpretar Maigret tomando "pastis", oliendo la lluvia de invierno, persiguiendo pistas y juzgando conductas que no siempre están tan cerca de la verdad como parece.

Hay que evitar a todo trance quedar enredado en estos árboles que no permiten ver el bosque, en éste Juego de Jerseys con manga corta o larga, en esas fotos retocadas o sin arreglar, en esas cartas cuyo estilo "no parece ser del señor cónsul", pero cuya letra es auténtica, aunque el franqueo no tenga sentido.

Habría que ir y volver cada día no a Francia, sino a Madrid. Tomar perspectiva y retomar el fondo del asunto. Porque todo lo demás son Juegos. Juegos dramáticos, noticiosos, con la pimienta de la aventura y la salsa Se lo inesperado.

Y todos corremos el peligro de no acabar diciendo sino rumores, opinando sobre pareceres, picar una y otra vez en el dicho y desmentido. Esta verdad no se encuentra corriendo alocadamente de una casa a otra, de uno a otro informe. Lo único cierto es que seguimos en paréntesis de espera, y todo lo demás es rellenar la información con comas de colores.

La carta y la foto del cónsul

La primera bomba fue la carta del señor Beihl al corresponsal de Pyresa de "La Voz" en Irun, señor Lecuona. El lunes por la noche, cuando le fue presentida la fotocopia a la señora de Beihl, se quedó muda y después lloró. Sus únicas palabras fueron: "Es una prueba de que está vivo." Sigue demostrando sentido común a raudales.

En seguida, los dimes y diretes de "giros extraños", "franqueo raro", etc. Hay un hecho: la carta.

Que Beihl sigue vivo y procura o procuran avivar los tratos.

Segunda bomba: la foto. El "Sud-Ouest" la publicó en sus primeras ediciones a dos columnas. Poco a poco la foto del cónsul en cautividad fue tomando cuerpo en la primera plana del periódico, hasta dar pie a que la fotografiasen otros colegas. Parece que la foto fue tomada en loe primeros días por los secuestradores y entregada a un corresponsal de ese periódico, quien a su vez la ha pasado a otra Agencia.

Se habla de foto retocada, de Jerseys que el cónsul no usa por ser partidario "del chaleco... Hay otro hecho: que existe interés en que el señor Beihl esté en la memoria de todos y que "Sud-Ouest" se ha marcado un buen tanto periodístico.

Y más hechos cantan en este coro mal orquestado: la señora de Beihl no nos pudo recibir por la tarde por encontrarse sufriendo una incómoda gripe.

—No puede hablar y tiene los ojos rojos—nos dijo su hija—. Nada grave por supuesto; sólo la molestia y la incomodidad que una gripe produce.

Lucy Beihl, que iba acompañada—la breve conversación tuvo lugar en el portal de su casa—por el amigo de la familia señor Shroeder, volvió a insistir en no tener ninguna novedad ni ninguna noticia de su padre. Fue corroborada por el acompañante. No hay fisuras en sus declaraciones: no saben nada nuevo.

Padre Larzábal:

"Me preocupo de la gente de la parroquia"

¿Cómo entender entonces las frases del padre Larzábal dichas media hora antes en su casa de Socoa? Sin titubeos, afirmó:

— Ya creo que la señora Beihl tiene noticias de su marido. Sabe su estada de salud, de ánimo. Creo que tiene comunicaciones regulares con su marida, sabe sus noticias como yo. Recibe cartas... Me parece que ella niega un poco más de la verdad.

Nos ha recibido en su despacho, entre papeles, libros, Guías del País Vasco, un bote de "Ducados" y un misal. Junto a él está un hombre fuerte de cejas espesas. Otros a lo largo de la conversación han entrado y salido. El padre Larzátabal tiene siempre la puerta abierta y a pesar del cansancio nunca le falta una palabra en la boca:

—Sí; vuelvo a insistir en que el cónsul Schell mantiene contactos con los secuestradores. ¿Qué hace, si no, en San Juan de Luz? ¿Por qué vive a veinte metros de casa de Monzón? Negar eso sería negar la evidencia...

Tiene la boina, bien calada y la mirada viva. Buenos colores y un Jersey negro bajo la chaqueta.

—Hace diecinueve anos que estoy en Socoa. Yo fundé la parroquia y construí la casa; antes estuve de coadjutor y capellán de muchos grupos, Ingenieros, etcétera.

—¿Y antes?

—Antes... Yo he sufrido mucho. Mi familia era muy pobre, trabajamos en la tierra desde pequeños; en verano trabajaba de "barman" para ayudar. Si; he hablado siempre el vasco. A los diecinueve años entré en el seminario. A los veinticinco canté misa. Estuve en la guerra. Y luego, dos años en campos de trabajo nazis...

—Tras una vida tan activa, ¿no le aburre la tranquilidad de un pueblo como éste?

—Aquí también tengo mucha trabajo... Me preocupo de la gente de la parroquia. Y al principio tuve que formar todo esto. Viví siete años en un garaje antes de tener una casa.

"El cielo no está aquí, sino en el otro lado"

—Padre Larzábal, ¿está de acuerdo con las cosas que sobre usted se han publicado últimamente?

—Es tanto lo que se ha dicho... No me ocupo de ello, no lo leo. La realidad es diferente a lo que dicen. La realidad es simple y un poco dura. Yo soy siempre optimista, pero en este caso no lo soy tanto.

Coge un "gauloise" de su cajetilla, "porque siempre fumo esto, es una costumbre. Sigue hablando:

—He visto mucha gente, muchas cosas, muchas personas de muchas raías, y tengo una pequeñita filosofía de los hombres: que no son lo que parecen. Que en la intimidad la gente cambia. Muchos grandes hombres son pequeños de cerca y otros que no se conocen son grandes.

Que entre un santo y un bandido no hay tanta diferencia como parece. Y que la fraternidad sólo puede estar basada en la lucha contra el egoísmo. No creo que se llegue al paraíso terrestre, aunque se puede luchar por mejorar las estructuras. Pero el cielo no está aqui, sino en el otro lado.

Ha estado largo tiempo hablando, a veces bascando la palabra que en español se le escapa. Se le nota cansado, pero no hay que forzarle para que hable sin para.

—¿Miedo? No, no tengo. Tengo mucha costumbre de guardar secretos. En la Resistencia se decía que guardar secretos e» un arma de primera mano. Yo sé que muero antes que contar algo.

Otros periodistas le esperan en la sala. Antes tuvimos que esperar porque atendía a colegas franceses. Está tan solicitado como una estrella el párroco de Socoa.

El secretario de Anai-Artea. El ya famoso padre Larzábal.

Y por la misma carretera volvimos al tira y afloja del "¿Quién dice la verdad?" En San Sebastián, más suposiciones, quebraderos de cabeza, opiniones y acercamientos. Un último hecho: en la mañana, de nueve a doce, la Policía registro el seminario y la antigua casa del obispo Sin novedad.

Juby Bustamante

 

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