Autor: J. B. Q.. 
 Ayer, en Madrid. 
 Después de un funeral por las victimas de la E.T.A. Se congregaron en la plaza de Oriente, ante el Palacio real, medio millón de personas     
 
 ABC.    18/12/1970.  Página: 25, 27. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

MADRID, VIERNES 18 DE DICIEMBRE DE 1970

ABC

AYER, EN MADRID

DESPUÉS DE UN FUNERAL POR LAS VICTIMAS DE LA E. T. A SE CONGREGARON EN LA PLAZA DE ORIENTE, ANTE EL PALACIO REAL, MEDIO MILLÓN DE PERSONAS

Franco y su esposa presenciaron, con los Príncipes, desde el balcón central de Palacio, la magna concentración

VÍTORES AL CAUDILLO, A DON JUAN CARLOS Y A LAS FUERZAS ARMADAS, Y GRITOS Y PANCARTAS DE REPULSA AL MARXISMO Y EL SEPARATISMO Y CONTRA LA INTROMISIÓN EXTRANJERA

La manifestación, con banderas nacionales al frente, recorrió las calles céntricas y se detuvo ante la Capitanía General, la Dirección de Seguridad y el Ministerio del Ejército

Madrid. (De nuestro redactor Político.). Con un solemne funeral por el guardia, civil de Tráfico don José Pardines Azcay, el comisario de Policía don Melitón Manzanas González y el taxista don Fermín Monasterio Peres, victimas todas ellas del terrorismo de la E.T.A., dio comienzo ayer, a las doce de la mañana, una de las jornadas patrióticas más impresionantes vividas desde hace muchos años en Madrid.

LAZOS BICOLORES EN LAS SOLAPAS

A las honras fúnebres, oficiadas en el Real Monasterio de la Encarnación, próximo a la plaza de Oriente, asistieron incalculables personas, que abarrotaron el templo. Gentes de toda condición social, muchas de ellas con cintas bicolores en la solapa, siguieron la ceremonia con gran recogimiento. Millares de hombres y mujeres no pudieron entrar y llenaron con su presencia la plaza de la Encarnación y las vecinas calles de San Quintín, Arrieto y Hermanos Fernando y fosé Serrano Súñer.

En el presbiterio, dos jóvenes portaban banderas nacionales. Había numerosos rostros conocidos; el alcalde de Madrid, señor Arias Navarro, con una Comisión municipal; el presidente de las Cortes, señor Rodrigues de Valcárcel, con miembros de la Comisión permanente de la Cámara; los ex ministros almirante Nieto Antúnez, tenientes generales Barroso Sanchez -Guerra y Lacalle Larraga; general Viqón y señores Larras, Fernández-Cuesta, Días Ambrona e Iturmendi; tenientes generales Gómez Zamalloa y Gonzalez Vidaurreta, almirante Lostau; el doctor Martinez Bordiú, marqués de Villaverde; el ayudante del Príncipe, teniente coronel don Manuel Dávila Jalón... y consejeros nacionales, procuradores, excombatientes, excautivos, alféreces y sargentos provisionales, estudiantes, escritores, hombres de ciencia.

Ofició el padre Miguel Oltra, de la comunidad de San Francisco el Grande, Presidente de la Hermandad Sacerdotal Española.

HACIA LA PLAZA DE ORIENTE

Mientras tanto, verdaderas riadas humanas afluían hacia la plaza de Oriente por las plazas de España, del Ramal y de Isabel II; por el Viaducto y la Cuesta de la Vega y por las calles de Bailen, Arenal, Virgen de la Almádena, Santiago, Carlos III, San Nicolás, Mayor y Sacramento. La muchedumbre entonaba himnos patrióticos y canciones de la guerra española y de la División Azul.

Iban muchos sacerdotes con sotana y cintas nacionales sobre ellas, y grandes núcleos de jóvenes pertenecientes a diversas entidades y Hermandades católicas. También manifestantes con camisa azul. Otros, con boina roja. Buen núnero de personas caminaban del brasa, en amplia fíla Que ocupaba totalmente la calzada.

BANDERAS Y PANCARTAS

A la una de la tarde estaba lleno la plaza de Oriente, y un inmenso público que a ese recinto no tenia materialmente acceso se aglomeraba en las inmediaciones del Palacio Real. La multitud avanzó en grandes oleadas hasta la puerta del Príncipe y se situó en todas Partes, con la mirada puesta en el balcón central de ese lado del edificio.

Las pancartas eran incontables y diversas, aunque todas coincidían en un denominador coman; la unidad nacional y la adhesión a España, a Franco y al Ejército, junto

con la repulsa al marxismo, el separatismo y todas las actividades terroristas.

Había también gran numero de banderas nacionales, de la Falange y del Requeté.

Frecuentemente se lanzaban gritos contra la intromisión extranjera en los asuntos privativos de España.

Las frases tenían, a veces, un matiz satírico y festivo. La efervescencia era enorme.

Muchos jóvenes se subieron a las garitas de piedra y a los sitios más inverosímiles para poder ver mejor. La gente pisaba irremediablemente el césped de los jardínes.

Nutridos aplausos acogieron el vuelo de dos avionetas—pertenecientes, según parece, al Real Aero Club de Madrid—que pasaron repetidamente sobre Palacio. Con ellas, arrastrados en brillante estela, unos letreros cruzaban el espacio, entre grandes ovaciones. Decían " Viva Franco", "Viva España".

También surcaban el aire unos helicópteros.

LLEGAN SUS EXCELENCIAS Y SUS ALTEZAS REALES

La noticia de que habían llegado al regio alcázar el Jefe del Estado con su esposa y los Principes Don Juan Carlos y Doña, Sofía produjo conmoción en las primeras filas de manifestantes, próximos a la puerta del Principe, que conocieron inmediatamente las primicias de la llegada. La noticia se difundió en seguida entre la multitud. A través de altavoces fue también pregonaba.

Se cantó entonces el himno de la Legión y, seguidamente, el de la, Academia de Infantería. El «Cara al sol" no dejó de entonarse apenas durante toda la tornada.

HABLA FRANCO

A las dos menos diez de la tarde salió Franco, vestido de paisano, al balcón central. Le acompañaban su esposa y los Príncipes, Medio millón de personas prorrumpió en una ovación larga, clamorosa, indescriptible.

Vítores al Caudillo, al Príncipe, al Ejército. Vítores a España y a la unidad nacional. La ingente muchedumbre coreaba: «¡Franco, sí; E.T.A., no!». El nombre de Franco estaba en todos las bocas, en todos los corazones. El hombre del 18 de Julio saludaba, sonriente y emocionado, agitando la mano.

Un joven manifestante leyó el texto siguiente: «Mi General: La adhesión al Caudillo y a las Fuerzas Armadas es virtud permanente de nuestro pueblo. Por eso nosotros, como españoles, como amantes de la paz y la justicia, y como defensores, hasta la última gota de nuestra sangre, de la unidad de la Patria, acudimos a expresarle nuestro apoyo y a ofrecernos como sus incondicionales soldados. A vuestras órdenes, mi General. ¡Viva España! ¡Arriba España! ¡Viva el Ejército!»

Los tres gritos fueron subrayados unánimente por el público. En medio de frecuentes interrupciones de entusiasmo pronunció el Generalísimo estas palabras:

«Españoles: No encuentro palabras para corresponder a esta afirmación de unidad de la Patria y del destino de nuestra nación (aclamaciones reiteradas de "siempre contigo"). Porque tenemos un Estado de Derecho, porque tenemos hecha nuestra Constitución y leyes institucionales, tenemos solución para todos los problemas (nuevas aclamaciones).

Gracias por esa vigilancia constante, por esta explosión de fe y entusiasmo, secundada por el pueblo; el pueblo verdadero, con fe en los destinos de la Patria.»

A CAPITANÍA Y A LA PUERTA DEL SOL

Una inenarrable ovación, con incesantes gritos de «¡Franco, Franco, Franco !» acogió las palabras de Su Excelencia. Fue entonado una vez más el «Cara al sol». El Jefe del Estado dio las voces de ritual y se retiró del balcon con su esposa y los Príncipes. Desde la plaza se veía en otros planos del balcón central y en balcones contiguos a varios miembros del Gobierno, al general Fuertes de Villavicencio y a otras autoridades y personalidades, entre ellas los jefes de las Casas del Caudillo y de Don Juan Carlos.

La manifestación se dirigió por Bailen hacia el edificio de Capitanía General, sede también del Consejo de Estado. Los transeúntes aplaudían desde las aceras. Muchos se unieron a los manifestantes. Palabras patrióticas y viriles del capitán general de la I Región, teniente general Fernandez de Córdoba, y del presidente del Consejo de Estado y vicepresidente del Consejo del Reino, don Joaquín Bau, en el viejo edificio que fue Palacio de los Consejos de la Monarquía. Adhesión popular al Ejército, himno de la Falange y reanudación de la marcha, con pancartas y banderas, por la calle Mayor hacia la Puerta del Sol. Nuevos estacionamientos de adhesión a la Policía y demás fuerzas de orden público ante el Gobierno Civil y la Dirección General de Seguridad.

EN EL MINISTERIO DEL EJERCITO

Continuó la manifestación a través de la Carrera de San Jerónimo, la plaza de Canalejas, la calle de Sevilla y la de Alcalá hasta el Ministerio del Ejército. Eran las tres de la tarde.

En el jardín del Ministerio formaban fuerzas del Batallón de dicho Departamento, con banda y música. Sonaban alegres y marciales pasodobles de zarsuelas y revistas estrenadas en los años veinte, cuando la guerra de Marruecos.

El jardín se llenó de manifestantes. El titular del Ejército, teniente general Castañón de Mena, saludó desde el balcón a los manifestantes. Habló el dirigente sindical don Honorio Silván Pardo, expresando la adhesión de todos al Ejército. El ministro respondió con unas palabras de agradecimiento y de fe en los destinos de la Patria.

ANTE LA CASA DE ABC

Los manifestantes se disolvieron pacíficamente en Cibeles, después de depositar banderas y pancartas ante la fachada del Ministerio del Ejército, como homenaje popular a las Fuerzas Armadas.

Una manifestación integrada por unos cientos de personas encaminó sus pasos hacia la calle de Serrano y se detuvo ante el edificio de A B C en homenaje de simpatía al periódico. Eran en su gran mayoría jóvenes de uno y otro sexo, con banderas nacionales y del Movimiento y con pancartas de invocación a la unidad nacional. Los manifestantes aplaudieron, cantaron el «Cara al sol» y se retiraron en orden, tras de rendir este homenaje a A B C. J. B. Q.

ADHESIONES DE PROVINCIAS A FRANCO Y AL EJERCITO

Los presidentes de las Hermandades de Excombatientes, Alféreces y Sargentos Provisionales y divisionarios de la campaña de. Rusia pertenecientes a la provincia de Álava se han reunido en Vitoria para proclamar su adhesión al Jefe del Estado y al Príncipe, así como al Ejército y a jos principios fundamentales del 18 de Julio.

En el mismo sentido se han manifestado otras muchas entidades de todas las provincias españolas. Una de las expresiones más cálidas corresponde a la Hermandad Nacional del Santísimo Cristo Mutilado, de Málaga. Los caballeros mutilados ofrecen de nuevo sus mutilaciones por España, su Ejército y el Caudillo.

Innumerables telegramas acusan la más decidida actitud frente al marxismo, el separatismo, las actividades terroristas y la intromisión extranjera.

 

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