Amenazas de muerte     
 
 ABC.    18/12/1970.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. VIERNES 18 DE DICIEMBRE DE 1970. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 26.

AMENAZAS DE MUERTE

El pueblo de Madrid en masa, respondiendo a uno de esos sentimientos que van formándose en la mente de todos y estallan públicamente en un cierto momento, ha acudido en impresionante manifestación a la plaza de Oriente. ¿Qué tenia, y quería, decir el pueblo? Una tajante negativa; una ejemplar afirmación.

Tenía que decir, y muy claramente lo ha dicho; no queremos ni la anarquía, ni el terrorismo, ni el comunismo, ni el caos. Tenía que decir, y lo ha dicho sin ambages; queremos paz, independencia, justicia y prosperidad.

Las hojas de convocatoria se presentaron con una llamada y un refrendo, al tiempo de cuya ecuanimidad política no es posible dudar: «afirmación nacional". la manifestación se ha producido exactamente «i este marco, amplio y estricto a un tiempo. Ha sido eso una afirmación nacional.

Por azar de la cronología—para no buscar al hecho premeditación de otro género—, unas hojas de la

E.T.A., conocidas simultáneamente, amenazan las vidas de ana serie de personas, la mayoría muy conocidas.

Si fuera posible, a estas alturas, albergar dudas acerca de la escalada terrorista en la que aparece empeñado este subversivo grupo, las hojas a las que nos referimos serían motivo bastante para desvanecerlas. Desbordada, marginada, por la inercia de la violencia, toda consideración a los derechos humanos y a los principios de la normal convivencia, se intenta el chantaje más vil y recusable: la amenaza de muerte a quienes no son otra parte que parte de una sociedad civilizada que aspira, legítimamente, a vivir en un orden legal, donde no tengan asilo ni Justificación los crímenes y las violencias.

Hay momentos en los cuales, al escribir, nos cohiben, nos sumen en perplejidad, la grandeza y la miseria de la condición humana. Este es uno de ellos. Pensamos, por un lado, en la ejemplaridad patriótica de los manifestantes de la plaza de Oriente. Pensarnos, por otro—y por eso aludimos aquí a esas hojas de la E.T.A.—, en los extremos que avergüenzan a lo que puede llegar la pasión inhumana de algunos hombres. ¿ Hasta dónde llegará la obstinación delincuente que, llamándose política, sólo se manifiesta en un juego sangriento de Muertes, amenazas, atracos, secuestros y violencias?

Ningún ciudadano normal; ningún «padre de familia», dicho sea en recuerdo de la figura paradigmática que nos legó, como norma de honesto hacer y recto sentir el Derecho romano, necesita para condenar estas amenazas, para sentir ante ellas la náusea y la repulsa, esclarecimientos doctrinales, consejos éticos o cursillos abreviados de juridicidad. A cualquiera le basta, para experimentar una normalísima reacción adversa ante tales escritos, su conciencia cristiana y la honradez de su ciudadanía.

Esta reacción, fundamentalrnente, esencialmente, es la que han sentido anteayer en Burgos, ayer en Madrid y que mañana se puede manifestar en cualquier otra capital unos miles y cientos de miles de españoles.

De españoles, sea cual fuere su personal predilección política, que recusan el condenable juego de la coacción y la amenaza terrorista. De españoles, hartos de sutilezas y bizantinismos al uso, convencidos de que en este juego—en este decisivo juego—el crimen está del lado de los delincuentes, de los que amenazan; y está la justicia del lado de los honores que trabajan y viven en paz y del lado de los amenazados.

Formamos, somos y queremos ser una convivencia social, civilizada y pacífica, en el respeto a un orden jurídico. Consecuente con este ser y querer, el pueblo rechaza de plano todo lo que signifique crimen y violencia y todo lo que sea incitación o estúriulo a la violencia y al crimen. Sean quienes sean los violentos o los criminales. Sean cuales fueren sus pretendidas ideologías "de excusas".

Ayer, 17 de diciembre de 1970, el pueblo se ha manifestado a favor del orden ciudadano, del respeto y acatamiento a la Ley, de la integración nacional. Ayer se ha pronunciado, en la plaza de Oriente, un ¡ si! rotundo a la pacífica convivencia de los españoles. Un ¡sí! absoluto a España.

 

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