Autor: Calvo, Luis. 
 ABC en París. 
 La turbulencia antiespañola no está atizada por el problema vasco, sino que tiene levadura política     
 
 ABC.    18/12/1970.  Página: 27-28. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

VIERNES 18 DE DICIEMBRE DE 1970. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 27.

ABC EN PARÍS

LA TURBULENCIA ANTIESPAÑOLA NO ESTA ATIZADA POR EL PROBLEMA VASCO, SINO QUE TIENE LEVADURA

POLÍTICA

Los Sindicatos obreros, el partido comunista y el "gauchismo" buscan únicamente filiaciones de catecúmenos

TRAS SESENTA MINUTOS DE RECOGIMIENTO «POR LOS PRESOS DE BURGOS-, LA TELEVISIÓN FRANCESA CONTINUO HABLANDO DE LOS SUCESOS DE POLONIA

París 17. (Crónica de nuestro corresponsal, recibida por «telex».) Anoche, cuando iban a darse las noticias en la televisión, no había hecho la muñeca de turno sino cerrar esa calmosa sonrisita sincronizada de ojos y labios que es común a todas las locutoras de Europa y América, otro signo para la semiótica «estructuralista» del nuevo filósofo Levi-Strauss, y cuando iban verdaderamente a empezar las noticias del mundo, he aquí que la pantalla enmudece y las efigies humanas hacen, de repente, un mutis inesperado.

«Ya está—me dije—mi aparato escachanrado.» Cambié de cadena; ídem de ídem. «Bueno; habrá que darse un paseíto por los bulevares arrecidos, que es menos tedioso que ir a ver la conisdia inglesa de antropófagos que hace María Casares» (muy bien, por cierto, María Casares, pero «infumable» todo lo demás).

Y me disponía a tomar el abrigo cuando otra vez el zumbar de la pantalla, y una voz bronca de fumador anciano que dice: «Hemos guardado sesenta minutos de recogimiento por los presos de Burgos. Ustedes perdonen.» Y se puso a hablar de Polonia. Que resultaba que Polonia estaba ardiendo.

La gente no come; no puede comprar la bucólica navideña. Se rebelan los estudiantes, los obreros y las amas de casa. Apedrean, gritan, incendian. Son dueños de la calle. El Gobierno comunista no puede sujetarlos.

Rusia (al lado) se está escamando, y si Varsovia no da leña y escarmiento, Moscú tendrá que intervenir, como intervino —¡oh, 16 de agosto de 1968, memorable también para mí y para el corresponsal da «Le Fígaro» en Madrid, Guilleme-Brulon. que ahí le tienen ustedes!— Moscú tendrá que intervenir en Polonia como intervino bestialmente en Checoslovaquia. ¿Creen ustedes que hubo una palabra, un ademán, una ligera repunta no digamos de vituperio, no de ira, sino de elemental análisis crítico, bajo un foco democrático, análisis del régimen corrompido, fracasado y tiránico que Gomulka ha instaurado en un país de treinta y tres millones de habitantes oprimidos? Polonia es, sin duda, nación amiga, y amiga tradicional y sincera de Francia; Chaban-Delmas acaba de concretar un fructuoso pacto en Varsovia.

Pero, ¿no habíamos quedado en que también España era nación, amiga y aliada? Pase que España tenga enfrente al marxismo y que el marxismo esté obligado a templar los sentimientos de ira que pudieran originarse en la opresión del pueblo de Polonia y en las represiones a su rebeldía. Pase que la levadura de todo lo que en Francia se traduce en bullicio y bullanga callejeros hierve primero en la C. G. T, o, aún peor, en los desparramados grupos inorgánicos que siguen todavía la interpretación leninista y staliniana del marxismo (la cual es a la democracia lo que yo soy a la diosa Kali de los hindúes de Malabar).

Pase que la democracia gobernante, tan vapuleada por los hombres de buen discurso democrático, no pueda coartar todos los públicos. (Hoy, como veremos más adelante, en el Liceo español de

Neuilly.) Ya se sabe—lo dijo Mommsen— que la democracia se destruye a sí misma cuando saca las consecuencias extremas de sus propios principios. La pureza democrática es la tónica del día, y no soy yo quién para dar coces contra el aguijón. Ahora bien: si el aguijón es una entidad estatal (como la Oficina de la Radiodifusión-Televisión Francesa), será sano ejercicio —sano moralmente—lacerar su falsa gallardía.

No reprocho—¡no faltaba más!—a ningún corresponsal francés la libre manifestación de sus opiniones e impresiones. Ni creo que, exceptuando al comunismo, verdadero trujimán Maese Pedro de la campaña, exceptuando, digo, a «L´Humanité» y a la llamada Prensa proletaria, la cual vive costeada y aun dirigida por plutócratas con castillos en Bretaña y palacios en París, no creo que los periódicos, como «Le Monde» (uno de los dos mejores periódicos del mundo—dictamen de los ingleses—; el otro es «The New York Times») alimenten en el radio a España una propensión suya e inveterada a la crítica austera intelectual.

Pero sí creo que la insidiosa televisión francesa (la O. R. T. F.), siendo, como es, un órgano del Gobierno, monopolio del Estado, no ya subvencionado, pero totalmente financiado por el erario público, abusa de su privilegio cuando, ya en son de mofa, ya desfigurando su odiosidad, ya por el snobismo intelectualista que es típico de los ignorantes, o ya por connivencias misteriosas en las alturas de la gobernación francesa, zahiere y agravia a un país cuyos verdaderos, y acaso dramáticos, problemas confiesa ella misma que desconoce en sus raíces políticas e históricas.

El jefe del Estado francés ha dicho que la «televisión es la voz de Francia». Voz bastante uno piensa que, si ésa es de veras la voz de Francia, por mal camino andan los sentimientos de amistad que Francia tiene protestados a España.

"LA FRANCHUTADA": LOS FUSILAMIENTOS DE GOYA

Vuelvo a lo de Talleyrand: «Todo lo que es exagerado es insignificante.» Y, además, ridículo. Ridículo de no poder contener uno la risa. Aquí hay un periódico que se llama «La Tribuna Socialista», hebdomadario, órgano del P. S. U. (o Partido Socialista Unificado), que pastorea hoy un M. Michel Rocard. Vida precaria. El socialismo clásico y heterogéneo de Francia no consiguió levantar la cabeza a la muerte de Jean Jaures, asesinado en vísperas de la primera guerra mundial (31 de julio de 1914).

Lo ha sustituido el partido comunista. No tiene siquiera un diario. Unas veces busca alianzas con las izquierdas republicanas y otras con el marxismo puro, y vegeta a la sombra de sus antiguas organizaciones y amparado por clemencias administrativas. No sirve siquiera de rodrigón. Pero, en los asuntos españoles, sigue el aire, y se vence del lado que más sopla; lo contrario de orzar.

Esta mañana, «La Tribuna Socialista» lanzaba un número muy vistoso. Toda la primera plana, debajo del título «Desafío del pueblo español», y con un cuadro de Goya, «Los fusilamientos de la Moncloa», y la bandera roja. Es decir, que hay unos franceses que, haciendo metáfora de los fusilamientos franceses en Madrid y de los martirios del pueblo español invadido y torturado por las tropas napoleónicas en 1808, transfieren a la realidad de hoy los crímenes perpetrados por Francia en los años infaustos del Rey José y de Murat. ¿Podrían ustedes imaginar una «franchutada» más graciosa? Se sugiere que el pueblo español está siendo asesinado y diezmado en su heroica rebelión contra un poder espúreo, no de otro modo que los mamelucos de Murat diezmaban y asesinaban en los altos de la Moncloa a los majos y majas del viejo Madrid.

Testigo, Francisco de Goya y Lucientes «El Sordo». ¿Y esta Francia y estos franceses son los cartesianos? «Risum teneatis.» Yo pienso que se están subiendo a una plataforma de humo y que ellos mismos—los discretos, los cultos, los razonables, que los hay también del lado de las

izquierdas—, ellos mismos se dan cuenta de que las gentes de tropa han ido demasiado lejos en el bullicio y la bullanga, porque toda exageración arguye insignificancia, y que sería mejor ir recogiendo velas.

ASALTO AL LICEO ESPAÑOL DE NEUILLY

Esta mañana, por ejemplo, ¿quién organizó, quién ejecutó el estúpido conato de asalto al Liceo Español de Neuilly? ¿Qué fuerzas, qué grupos, que especie de comandos están subrepticiamente detrás de estas disparatadas tropelías? Vascos se sabe que no son, porque el vasco tiene acento y pelaje inconfundibles. Pero son, en su mayoría, españoles. Entraron dando voces en el Liceo Español. Su intención era soliviantar a los estudiantes del bachillerato y formar una asamblea, organizar una «sentadita» (un «sit-in») y apoderarse de la voluntad de unos niños y niñas, hijos de obreros españoles, que aquí «hacen su grado» en lo equivalente al Instituto Español y con subvenciones del Ministerio de Educación de Madrid. Son quinientos cincuenta, y unos diez franceses.

Los gamberros atropellaron a patadas a una celadora y a un bedel, y directamente se dirigieron al despacho del director del Liceo, don Marcelino Jiménez. Pretendían educar políticamente a los muchachos haciendo propaganda antifranquista a propósito del «Proceso de Burgos». El director les dijo rotundamente: «Este es un centro español de enseñanza y toda política es extraña a nuestras costumbres. Aquí se viene a estudiar el bachillerato, y nada más, y esa de ahí es la puerta.» No insistieron; no forzaron la mano. Pero en el pasillo volvió la gritería. Entraron en la clase del Preuniversitario. Querían infundir conciencia política a los estudiantes, y uno de ellos, de treinta años de edad, un albañil español que quiere hacerse aquí bachiller, les contestó: «Déjennos en paz. Nosotros queremos estudiar y no tenemos tiempo que perder. Aquí no hay política».

El profesor don Manuel Sito Alvarez, con el apoyo airado de los otros—que eran chicos de edad normal, dieciséis y diecisiete años—, logró expulsarlos. La misma escena en la clase de dibujo del pintor Regino Pradillo. La misma escena en la dase del primer año, donde había niñas que se echaron a llorar.

Los niños se alborotaron contra los intrusos y entró la Policía, que se los llevó a la calle a empellones.

No lleva trazas de concluir la turbulencia de pasiones, y registro que no están atizadas por el problema vasco ni por simpatía a la región vasca de aquí o de allende la frontera. La levadura es política.

Los sindicatos obreros, juntamente con el partido comunista y, por su lado, el «gauchismos—Mao, Trotsky, Stalin y Kropotkin—, están compitiendo entre sí, con el pretexto que les llega de España, y buscan, en el furor combativo, filiaciones de catecúmenos.—Luis CALVO.

Mensajes de adhesión de españoles residentes en Francia

París 17. En la Embajada de España en París y en el Consulado general se han recibido numerosos mensajes (cartas, telegramas o llamados telefónicas) de adhesión y de solidaridad al Jefe del Estado español. En los mensajes se critica la actitud de algunos partidos políticos franceses por sus injerencias en un asunto interno de España, como es el Consejo de Guerra de Burgos.

También se han recibido análogos mensajes en los Consulados de España en distintas ciudades francesas.

Estos mensajes de solidaridad están firmados por grupos de españoles o, individualmente, por trabajadores emigrados.

En las citadas representaciones diplomáticas y consulares se continúan recibiendo asimismo mensajes solicitando clemencia para los acusados en el proceso de Burgos. dirigidos por asociaciones u organismos franceses o españoles.—Efe.

 

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