Vasconia en nuestro destino     
 
 ABC.    15/12/1970.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MARTES 15 DE DICIEMBRE PE 1970. EDICIÓN DE LA MAÑANA, PAG. 22.

VASCONIA EN NUESTRO DESTINO

Sin el país vasco, España no sería lo que es. La amputación de esa comunidad en la existencia híspana de un milenio habría dado otro signo, incompleto, a la silueta contemporánea de nuestra nación. Sin la aportación, de la gente vascongada a la vida y a las empresas de nuestra Historia, el pasado de diez siglos que nos hace españoles de hoy se vería privado de un ingrediente tan esencial que don Miguel de Unamuno lo llamó en memorable ocasión «alcaloide del alma de la Patria».

Un pueblo se hace en muchos años de singladuras colectivas y con la tarea ejemplar de numerosas generaciones. Mi se improvisa, ni se regimenta. Aportan sus aguas al caudal del gran río nacional, afluentes diversos y múltiples a los que los desniveles de la geografía y de Ja cultura sirven de razón, de gravedad para cue el flujo no se interrumpa- Así la comunidad hispana. Así la comunidad de les vascos.

El Pirineo dio vertientes distintas al mismo manantial lingüístico, y quizá étnico, que se desparramaba por sus límites occidentales. España y Francia en proporciones desiguales se beneficiaron de esa doble incorporación que llevó la progenie vasca a las grandes aventuras nacionales respectivas que se integraron en el marco general de la historia de Occidente.

No hay acontecimiento, ni etapa, ni episodio, ni capítulo del acontecer de nuestro país que no lleve asociado lo vasco a sus efemérides y lo que es más importante al sentid» dominante de la epoca respectiva. Dejando aparte lo remoto, como la probable vasconidad de los numantinos y el tesoro de arqueologia linguistica que representa la supervivencia del eúzkera entre nuestras lenguas nacionales prenomanas, basta enumerar la Reconquista como campo de actuación de los caudillos y combatientes vascos y navarros en cada alta ocasión que se manifiesta.

Los lobos de Vizcaya están presentes en las rejas de nuestras catedrales votivas; las cadenas navarras hablan por sí solas; las aspas de San Andrés recuerdan la memorable toma de Baeza, preludio de los combates finales. Los Reyes de Castilla juran los Fueros vascongados porque tienen conciencia del íntimo y claro sentir de esas libertades que representan la gran tendencia popular y democrática de la instituciones medievales Hispanas, en contraposición a lo que podríamos llamar el otro rumbo, el del «goticismo» leonés, unitario, dogmático, centralista y feudal.

América es otro palenque gigantesco de la contribución vaseona a nuestro destino. Allí está desde las primeras expediciones el navegante, el conquistador, eí misionero, el organizador, el fundador de ciudades, el intendente, el oidor, el criollo de rotando linaje pirenaico.

En trescientos años de América hispana y oceánica el fundente vasco realiza prodigios de creación y de rigor administrativo. De esta copiosa semilla nacen en gran parte los proceres libertadores, iniciadores de las otras y nuevas Españas independientes.

En el dominio del espíritu ¿habrá que recordar lo que Loyóla, Javier y Vitoria representaron? ¿Será preciso evocar a los secretarios vascongados que protegían invariablemente con su prudencia y su consejo las decisiones de los monarcas? ¿Podrá ignorarse lo que Vasconia y sus hombres significaron en la modernización reformista que la Corona acometió en el siglo XVIII? ¿ Quién sería capaz de escribir una historia de nuestra Marina sin llenar sus páginas de nombres vascongados? ¿Cómo olvidar la serena intrepidez de Churruca, mezcla de investigador dieciochesco y de héroe legendario? ¿Cómo ignorar a Elcano, el navegante de Lequeitio circunvalador del orbe? ¿Y a Miguel López de Legazpi, hidalgo de Zumárraga y conquistador de Filipinas? ¿Qué decir de la teoría interminable de Lezos y Oquendos, Urdanetas y Barcáizteguis que desde el medievo hasta hoy preside nuestra peripecia naval? Seria ocioso insistir en la abrumadora evidencia.

En tiempos modernos surge allí la chispa del industrialismo europeo que transfigura el nivel de vida de la tierra vasca y la convierte en la más rica de España. No es una coincidencia fortuita de primeras materias y de vías marítimas lo que hace el milagro, sino el genio empresarial de los hombres de Vasconia.

Su dinamismo se extiende a muchos sectores y regiones bien alejadas del foco inicial. El ejecutivo vascongado, el funcionario subalterno, el trabajador de la fábrica, del astillero, de la mina o del mar forman las piezas conjuntadas de un espíritu empresarial de nivel europeo que es en. muchos aspectos ejemplar y proselitista.

La presencia vascongada en la cultura contemporánea española es tan notoria como relevante. El 98 tiene entre sus hombres señeros a Unamuno, Maeztu, Baroja Salaverría, en las letras, y en la generación siguiente a Bastérra, Sánchez Mazas, Mourlane Michelena, por no citar sino a los que fueron. Parecida lista se podría establecer en las artes y en las ciencias, en la diplomacia y en la política, en la filosofía y en la educación.

Participar, tomar parte, asociarse a U responsabilidad, saberse unos en el destino final, ser libres en el albedrio común ¿no son ésos los valores permanentes a los que el pueblo vasco ha «adido culto durante diez siglos?

Vasconia ayer, hoy y siempre, es consustancial con nuestro destino de país occidental de Europa. Que nadie intente —aquí o allá—enfrentar lo que está hecho para convivir en libertad. Que nadie impida con sus voces, con su dogmatismo, con su intransigencia (o con sus actos violentos y delictivos) romper un diálogo de siglos entre hermanos del solar común.

 

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