Autor: Semprún, Alfredo. 
 ABC en San Sebatián. 
 El infructuoso registro del seminario ha disipado los rumores que circulaban sobre su relación con el caso Beihl     
 
 ABC.    17/12/1970.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

ABC. JUEVES 17 DE DICIEMBRE DE 1970. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG.

ABC EN SAN SEBASTIAN

EL INFRUCTUOSO REGISTRO DEL SEMINARIO HA DISIPADO LOS RUMORES QUE CIRCULABAN SOBRE SU RELACIÓN CON EL CASO BEIHL

San Sebastián 16. (De nuestro redactor, enviado especial.) Como era de esperar, hoy se ha estado comentando mucho en San Sebastián el registro que la Policía levó a cabo ayer en el Seminario.

Todo el mundo se pregunta aquí los motivos reales por los que se llegó a realizar esa diligencia policial, a la que se acompañó con tal lujo de precauciones. Nos referimos al nu-:rido destacamento de Policía Armada que tan ostentosa y fuertemente rodeó el edificio religioso.

Hemos tratado por nuestra parte de llegar en lo posible al transfondo que originó este paso del joven, aunque nada tímido, gobernador civil de Guipúzcoa. Al parecer, días atrás venía circulando el rumor de que el cónsul alemán secuestrado se encontraba oculto en alguna de las múltiples dependencias de que consta el Seminario, causa pon la cual no sería de extrañar que más de una entre las jerarquías eclesiásticas de lo provincia haya deseado este registro, que puso punto final a tan desagradables como injustificados rumores.

Esta mañana hemos podido confirmar la ya permanente presencia, por una duración de días, que aún no tiene limite fijado-, del consejero de la Embajada de Madrid, señor Schmidt, huyendo de los periodistas. El consejero de referencia vive en el propio domicilio de los Behil, donde hasta hoy ha venido pasando inadvertido para los periodistas.

Aunque don Pablo Schroeder aseguraba Que el señor Schmidt no tenia misión especial inmediata alguna, no se puede dejar de pensar que su presencia en San Sebastián es un Indicativo claro de que los acontecimientos se precipitan en torno a este suceso, que a fuerza de misterioso está dejando de ser transcendental.

Hemos estado charlando hoy con don Pablo Schroeder. En su charla ha negado rotundamente que la señora de Behil tenga esas noticias diarias de su esposo a que han venido haciendo referencia determinados periódicos extranjeros.

—¿Sabe usted que lo ha asegurado así el padre Larzábal?—le preguntamos.

—¿y qué es lo que no ha dicho ya ese señor?—«os contesta.

—¿Qué cree usted que pueda suceder al señor Behil, ocurra lo que ocurra a consecuencia del Consejo celebrado en Burgos?

—Yo creo, y esto es una opinión personal, que a mi buen amigo Behil en ningún caso puede ocurrirle nada más grave de lo que ha sufrido hasta el momento. La E. T. A. siempre saldría ganadora, ya que en último extremo se demostraría ante el mundo como más indulgente.

Nuestro interlocutor cree sinceramente que muy pronto va a poder abrasar a su amigo Eugen. Aunque nada sepa sobre lo que los representantes diplomáticos de su país están gestionando para conseguirlo.

La hija de los señores de Behil ha estado gran parte de esta tarde ausente de su domicilio, acompaña por un joven alemán apellidado Behrns. A las cinco y media de la tarde regresó a su casa.

En el Consulado alemán he conocido a la señorita María del Coro Sagardia Aguallo, secretaria particular desdé Hace cinco años al servicio del señor Behil. La joven y bonita ayudante del cónsul secuestrado se había mantenido en el incógnito.

«Estuve trabajando aquella tarde hasta las ocho y cuarto. Ya no le he vuelto a ver."

María del Coro me dijo luego que el cónsul se quedó en el despacho en compañía de

otras dos mecanógrafas y que más tarde, como sobre las nueve de la noche, fue visto tomando un café en la cafetería cercana, acompañado únicamente por su perro pastor alemán «Harro».

Luego—continúa explicando—suponemos que regresaría, ya que su señora ha dicho que habló con él sobre las diez de la noche.

—¿Sabe usted si tienen algún fundamento los rumores que hemos recogido de que el señor Behil visitó tiempo atrás a algunos detenidos en Burgos?

—Lo ignoro totalmente.

—¿Son ustedes optimistas con respecto a su futuro aquí en el Consulado?

—Sí, lo somos. Desde luego. Lo contrario seria insoportable.

Por sus ojos bonitos asoman las lágrimas, que no puede contener.

—¿Le aprecia usted mucho?

—Son cinco años trabajando a su lado.

—¿Había recibido alguna amenaza el señor Behil?

—Que yo sepa. no. A él lo quiere todo el mando.—Alfredo SEMPRUN.

 

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