Extenso mensaje del señor Beihl a su hermano     
 
 ABC.    17/12/1970.  Página: 21-22. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

ABC. JUEVES 17 DE DICIEMBRE DE 1970. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 22.

EXTENSO MENSAJE DEL SEÑOR BEIHL A SU HERMANO

Bayona (Francia) 6. Eugen Beihl, cónsul honorario de la República Federal Alemana en San Sebastián, que fue secuestrado por activistas de la E. T. A., dirigió una carta a su hermano Karl, que reside en Asperg, cerca de Sttugart, en la que expresa su «preocupación respecto a su esposa e hija, a las que supone intranquilas».

La carta, que está actualmente en poder del periodista alemán Albert Gaum, ha sido autentificada por la esposa e hija del cónsul secuestrado. El periodista alemán no ha explicado cómo llego la carta a su poder.

El texto de la carta está escrito en alemán y Eugen Beihl afirma en ella que su salud no es perfecta y cada día que pasa teme no volver a ver la luz del día.

La carta lleva fecha del 12 de diciembre y está cursada «desde un lugar desconocido». Beihl expresa en ella el temor de que no llegue a su destino y recuerda que han transcurrido doce días desde la fecha en que fue secuestrado. Afirma que hace esfuerzos para no perder el control de sus nervios, añadiendo que su situación es terriblemente difícil.

TEXTO DE LA CARTA

«Querido hermano Karl y querida familia:

Me pregunto si estas líneas os llegarán. No lo sé. Después de mi secuestro han pasado doce días. Las horas y los días parecen una eternidad. Me esfuerzo en no perder mis nervios, es terriblemente difícil.

Desde hace doce días mi esposa e hija tienen miedo por mi vida y esperan una indicación mía. Ellas desesperan de la sangre fría de las organizaciones políticas, de la impotencia de los órganos de seguridad españoles y franceses. Se me permite escuchar la desesperada lacha de mi mujer e hija, sus llamamientos a mis secuestradores, a las autoridades alemanas y españolas. Estos fritos son para mí una infernal tortura.

El Gobierno federal parece manifestarse impotente. Mis esperanzas de ver la luz del día van diluyéndose poco a poco.

La finalidad de mi carta no es la de Inquietaros aún más, sino tan sólo el daros una señal de vida, una indicación de vuestro hermano que debe intentar soportar su suerte. Mi estado de salud no es mejor, pero esto no es singularmente importante. Mis pensamientos y preocupaciones son para «Boni y Luci». ¿Cómo van ellas a soportar esta contrariedad del destino? ¿Qué dolores deberán tener que soportar? Sé bien que vosotros no podréis aliviarlas de este desespero.

Lo que me reconforta es el hecho de que yo jamás haya hecho daño a nadie. A todos, sean vascos, españoles o alemanes, que me han venido ha solicitar consejo o ayuda, a todos a quienes han venido a mi casa, he intentado ofrecerles mi ayuda, es esta razón la que hace que aún tenga esperanza.

Os saludo de todo corazón al igual que a mi hermano Hermán y su familia, vuestro hermano Eugen.—Efe.

 

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