Tiempo de reflexión     
 
 ABC.    28/02/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Tiempo de reflexión

Ahora se impone la reflexión. Para todos porque, evidentemente, todos nos hemos excedido. Todos, como

se dice en lenguaje vulgar, nos hemos pasado.

Recientes están, sin ir más lejos, las reacciones desmedidas qué se produjeron al conocerse la muerte, en

circunstancias muy lamentables, del etarra Arregui. El Congreso ha sido escenario de intervenciones

desaforadas y de inadmisibles acusaciones, como la lanzada contra el candidato a la investidura

presidencial a quien se calificó nada menos que de torturador, con flagrante abuso de la inmunidad

parlamentaria. Y no faltaron tampoco en el debate intervenciones en las que de modo genérico,

indiscriminado, se agravió a la Policía y a las Fuerzas encargadas dé mantener el orden público, en

términos que no se aceptarían en ninguna Cámara parlamentaria europea.

También los medios de comunicación, también los periódicos, —¿cómo no reconocerlo?— nos hemos

desorbitado, proporcionando una resonancia improcedente a las acusaciones injuriosas. Y en algunos

casos, asumiendo directamente estas acusaciones y magnificándolas. ¿Cómo considerar, por ejemplo,

opiniones dignas de difusión los disparates, incluso las auténticas barbaridades, que dijeron por televisión,

comentando la muerte de Arregui, ciertos representantes de partidos extremistas? Sí; también los medios

de comunicación nos hemos pasado.

Y son desmanes notorios las manifestaciones de apoyo a los terroristas en las provincias vascas, donde

han sido asesinados policías, guardias civiles, militares y ciudadanos civiles en tal número que resulta

abrumadora la cuenta. Y desmán incalificable fueron los gritos insultantes y disparatados en presencia del

Rey en la sala de Juntas de Guernica.

Se exceden, a su vez, las centrales sindicales en la convocatoria de huelgas que lesionan gravemente la

economía nacional y paralizan servicios públicos.

Incluso en la dialéctica entre los partidos políticos, en su natural lucha por el Poder y por el electorado, se

rebasan, con frecuencia, los límites de la pugna democrática normal y surgen los desafíos maximalistas y

se adoptan posiciones de intransigencia absoluta, casi al borde la amenaza revolucionaria. Se pasan,

también ellos.

Estamos, pues, en momentos en los cuales se impone, como decimos, la reflexión. La reflexión, la

serenidad y la mesura. Un comunitario ejercicio de sosiego nacional. Un rechazo colectivo de la tentación

tradicional de incurrir en los extremismos pendulares que tantos y tantos males han acumulado en nuestra

historia.

La Corona—y por ello ha sido absolutamente merecida la ovación unánime al Rey en el Congreso— ha

realizado un inestimable servicio a España y al sistema democrático, manteniendo escrupulosamente el

acatamiento a la Constitución, en el curso y desenlace de los últimos, gravísimos, acontecimientos.

Ahora nos corresponde a todos —a todos los que nos heñios excedido, a todos los que nbs hemos pasado,

recuperar la calma, serenarnos, para consolidar, definitivamente, el sistema democrático, de Monarquía

parlamentaria, que todos deseamos.

 

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