Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   La crisis del PNV     
 
 ABC.    02/12/1979.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 22. 

ABC. DOMINGO. 2 DE DICIEMBRE DE 1979. PAG. 6.

LA CRISIS DEL PNV

LOS líos son tremendos, no hay forma de entenderse, terminamos a insulto limpio... Sería interminable

relatar los enfrentamientos, insultos y malos modos.» Con palabras tan rotundas y contundentes como

éstas, el miembro del Bizkai Buru Batzar, Sabin de Zubiri, sintentizaba recientemente en un informe de

carácter confidenciaI la crítica situación dentro del máximo órgano del PNV en la decisiva provincia de

Vizcaya. Sólo el análisis y disección de esta crisis y de la inminente encrucijada que para el nacionalismo

vasco va a suponer la renovación electiva del B. B. B. —prevista para el nacionalismo vasco va a suponer

la renovación electiva del BBB —prevista que, aprobado ya el Estatuto, continúa caracterizando a| partido

de los herederos de Sabino Arana.

No es fácil definir a los dos bandos en litigio, pues las etiquetas que se aplican reciprocamente responden

más a una mutua pretensión descalificadora que a un ansia explicativa. Caso de aceptarlas, el universo

peneuvista se dividiría en malos y malos: es decir, en «integristas» y «burócratas». Por «integristas» se

conoce, desde el bando contrario, a quienes pretenden conservar la tradición organizativa y los

planteamientos ideológicos de un partido alumbrado bajo el lema «Dios y las leyes viejas». Cuando ellos

se refieren a su vez a los «burócratas», están hablando de quienes propugnan cambios sensibles de

estrategia, en aras de una supuesta mayor operatividad y en aras de una supuesta mayor incidencia en la

sociedad vasca de los años ochenta. A los primeros les complace ser llamados «sabinianos», pues

reivindican expresamente gran parte del legado de Arana, y los segundos disfrutan locamente si alguien

les denomina «progresistas».

La diferenciación más clara llega, sin embargo, a la hora de examinar sus respectivas plataformas de

poder. Mientras los «burócratas-progresistas», con Xavier Arzallus a la cabeza, prácticamente

monopolizan la representación parlamentaria del partido, los «sabiniano-integrístas» —cuya figura más

representativa es el conservero bermeano Antón Ormaza— están sólidamente implantados en las Juntas

Municipales y demás agrupaciones de base, lo que les concedía hasta ahora el control de BBB. Su

ascendiente sobre los «poderes fácticos» —que en el PNV también los hay— se halla igualmente

repartido: aunque el dinero del partido, y consecuentemente su órgano periodístico «Deia», se alinean del

bando que capitanea Arzalius. ese «mini-embrión de ejército» que son los «ertzainas», fundamentales de

cara a cualquier campaña electoral o movilización de masas, se identifica entusiásticamente con la línea

de Ormaza y sus colaboradores.

D AJURIAGUERRA O LA MUERTE DEL PATRIARCA DE VENECIA

Si bien este antagonismo tiene, como veremos, raices anteriores al propio declive del franquismo,

probablemente continuaría larvado en el subconsciente del partido si «el León de Euzkadi Juan de

Ajuriaguerra, siguiera entre los vivos. Ajuriaguerra, cuya efigie forma ya parte, junto a la de Arana y a la

de «Napoleontxu» Aguirre, del martirologio peneuvista con altares en cualquier «batzoki» aldeano,

dirigió el partido de forma férrea y despótica. El fue, de hecho, Quien promoeionó en el Congreso de

Pamplona —marzo del 77— a hombres como Arzalius, Marcos Vizcaya o el propio Garaicoechea,

auténticos recién llegados al redil nacionalista, en la conciencia de que el reto electoral requería de

cuadros con preparación sofistificada e imagen acorde con el cambio generacional en el país. Pero

también fue él quien les mantuvo atados bien corto, eliminando toda veleidad socialistizante con su

reafirmación cotidiana de los orígenes confesionales del colectivo: e1 propio entierro de Ajuriaguerra y

todas sus anejas manifestaciones de duelo más parecieron corresponder a las.exequias de

un venerado cardenal patriarca de Venecia que a las de un siempre discutible político en activo.

Si Ajuriaguerra contaba con la aquiescencia explícita de todos los sectores del partido, Garaicoechea sólo

ejerce un liderazgo por exclusión que, en contra de algunos pronósticos esperanzados de antes del verano,

no merece tener visos de consolidarse y cristalizar en algo más sólido, al menos en el corto plazo. El

hecho de que el presidente Suárez tuviera absurdas dificultades para conectar con él durante las tensas

horas que precedieron el jueves a la ratificación del Estatuto en el Congreso, no es síntoma de fortaleza,

sino de debilidad e infantilismo. En el plano doméstico Garaicoechea parece renunciar al ejercicio de la

capacidad conciliadora inherente a su doble condición de «lendakari», como si confiara en salir mejor

librado del lance, jugando la baza de la neutralidad por omisión.

D LA PINTORESCA PUGNA ENTRE LAS DOS «ELAS»

Junto al vacío de liderazgo. la pugna en el campo sindical entre las dos «Elas», las dos centrales que se

dicen depositarias del legado histórico de la casi legendaria Solidaridad de Trabajadores Vascos,

constituye un elemento fundamental en el telón de fondo del conflicto. La escisión tiene lugar en 1962

como consecuencia de la traducción al plano sindical del Pacto de Munich con el PSOE, difícilmente

comprensible para las bases nacionalistas en el interior, acostumbrados a ver en la UGT su gran enemigo

histórico. Sigue luego una fase de atomización y reagrupamiento —en un determinado momento existen

hasta ocho facciones diferentes— que culminará al comienzo de la transición con los congresos de Lejona

y Eibar. Del primero surge ELA-Askatuta, impulsora de un «sindicalismo de concentración» en el marco

de prosperidad que caracteriza a las sociedades occidentales y estrechamente ligada al ala «sabiniana» del

PNV. A partir del segundo, se relanza ELA-STV, que progresivamente va haciendo suyos los ideales de

la lucha de clases y la abolición del capitalismo, con la benevolencia del sector parlamentario del partido.

El Gobierno no sólo concede a este segundo grupo la genuïna patente de marca, sino que —de acuerdo

con una política .difícilmente justificable— comienza a primarlo con acciones tan descaradas como la

cobertura exhaustiva por las cámaras de televisión de sus principales actividades.

Sólidamente Implantada en la archiobrera margen izquierda de la ría. ELA-Askatuta viene resistiendo con

singular firmeza los embates de quienes acusan a sus promotores de «amarillismo». si bien su capacidad

de expansión aparece muy limitada por sus escasos medios financieros. Por el contrario ELA-STV

presenta, signos de mayor vitalidad, pero todos los indicios sugieren su irreversible orientación hacia

posiciones próximas a la izquierda revolucionaria «abertzale». En el País Vasco son públicas y notorias,

por ejemplo, las declaraciones de dirigentes de Euzkadiko Ezquerra estimulando el transvase de

militantes y cuadros del sindicato filoetarra LAB hacia las filas de la ELA de Eibar. Eso explica también

los súbitos efluvios sindicalistas de Juan María Bandrés, deliberado protagonista de gestes estridentes

durante la discusión del Estatuto de los Trabajadores en el Congreso.

Pintorescamente el intercambio de invectivas entre los dos sindicatos nacionalistas refleja las obsesiones

político-religiosas incubadas durante el franquismo. Mientras los de Lejona ven en los de Eibar la larga

mano del «imperialismo» de la Compañía de Jesús —decidida, según ellos, a apostar por la aceleración

del tránsito hacia el socialismo—, sus adversarios les devuelven la pelota, acusándoles pora menos que de

actuar como sucursal del «Opus Dei» en el frente laboral vascongado. Precisamente la réplica, en

términos ásperos e hirientes, a esta última acusación, motivó la inhabilitación por dos años como militante

del PNV de Juan Beitia, editor de la revista de «Ela-Askatuta» y cerebro oficioso del clan político de

Antón Ormaza.

D «CINCUENTA ABOGADILLOS» PARA HACER DE «RECADISTAS»

Esta sanción impuesta por los Tribunales de Justicia del partido y revocada después por sus innumerables

defectos de forma, tuvo la virtualidad de impedir el acceso de Beitia a la Diputación General de Vizcaya y

fue interpretada como una especie de revancha de los «burócrata-progresistas», tras su severa derrota —

ciertamente inesperada para quien no conociera el partido por dentro— en la borrascosa elección de los

miembros del «Bizkai Buro Batzar», que tuvo lugar la noche del sábado, 16 de diciembre de 1978, en el

«batzoki» de Durango. Al cabo del más descarnado debate interno protagonizado por un partido en toda

la transición —se extendió a lo largo de toda la noche y no concluyó sino pasadas las siete de la

mañana—, en el que chocaron frontalmeute la capacidad dialéctica de Arzallus con la sólida coherencia

de Ormaza, los compromisarios de las distintas Juntas municipales asignaron once de los quince puestos

del Bizkai a la lista de los «sabinianos» y sólo los cuatro restantes a la avalada por las firmas de los

principales parlamentarios del partido.

Aunque Ormaza, elegido presidente, se mantuvo siempre en mayoría, un posterior reagrupamiento de

fuerzas vino a acortar distancias, desembocando en una situación, en la que el principal objetivo de cada

facción era neutralizar las iniciativas de la otra. Sólo el peculiar ingenio vascongado, veteado de más

cazurrería y vehemencia que sutileza diplomática, permite comprender el estilo de algunos lances,

descritos por Sabin de Zubiri —veterano tesorero del partido y «burukide» afecto a los

«parlamentarios»— en su informe antes aludido.

Especialmente fascinante resulta, por ejemplo, el relato que hace de una de sus discusiones con el

«sabiniano» Zulaika en plena sesión del B. B. B., a propósito de la elaboración de candidatura para las

elecciones del 1 de marzo: «Y Zulaika dice que es imposible que nadie hubiese podido

LA FRASE DE LA SEMANA

ENRIQUE MUGICA:

«Si Don Juan Carlos no existiera habría que inventarío. Ha sido la clave de Ia transición democrática»

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«Sabinianos» y «parlamentarios» dirimirán el día 22 una cerrada pugna. Si no se alcanza una solución

transaccional, el partido quedará dividido, triunfe el que triunfe conseguir menos que ellos, que los

parlamentarios no habían hecho nada en Madrid y que hay que barrerlos a todos.» Al protestar y

preguntarle dónde había mejor que ellos, me contesta Zulaika otra vez: «Ahora mismo te traigo cincuenta

abogadillos en paro, que por cobrar el sueldo de parlamentarios harían de recadistas entre el partido y

Madrid mejor que ellos.»

. Tampoco tiene desperdicio la particular versión que Zubiri da de las tensiones entre Ormaza y Kepa

Sodupe, diputado en la primera legislatura, al que se excluye de las listas del 1 de marzo: «El lío y el odio

entre Ormaza y Sodupe viene de la reunión de Galdákano, de la manifestación antiviolencia. Ormaza dice

que no quiere mojarse, porque dice que quiere ser neutral. Sodupe le dice que no puede hacer eso, y

Ormaza le insulta, le llama españolista. Sodupe le pide perdón si le ha insultado y quiere hacer las paces y

darle la mano. Ormaza se niega y dice que no le da la mano a un diputado que va a votar «sí» a la

Constitución (era el momento del tira y afloja en el Parlamento). Fue un gran escándalo presenciado por

más de quinientas personas en un cine. Desde entonces Ormaza embiste como un toro cuando oye el

nombre de Sodupe.»

D «EL PAPA», «LA ARAÑA» Y «EL ERIZO»

El colmo de estas peripecias lo constituye la polémica abierta en el partido en torno al destino de un

automóvil Citroen, donado por un «patriota» acaudalado para que lo utilizara Ajuriaguerra. Como a su

muerte surgieran problemas sobre quién, cómo y para qué debía usarlo, terminó optándose por venderlo.

Zubiri explica lo que sucedió entonces: «Cuando el partido quiso venderlo y quedarse con el dinero, el

que lo había regalado dijo quee ni hablar, que si el partido lo vendía, que le devolvieran a él el dinero, si

así le despreciaban el coche. Entonces dieron marcha atrás para no quedarse sin coche y sin dinero, y no

se .vendió.» En este contexto, a caballo entre el jolgorio y la intriga, no es de extrañar que los nombres

hayan dejado hace tiempo su lugar a los motes y que en los «batzokís» sea mercancía de circulación

corriente hablar de «El Papa» (Arzallus); «La araña» (Luis Retoleza, presidente de «Deia»); «El Erizo»

(Txomin Saratxaga, «burukáde sabiniano); «Los Eladios» (los sindicalistas de Lejona), o «La banda

borracha» (los parlamentarios).

La negociación del Estatuto de autonomía impuso una cierta tregua entre ambos bandos, de forma que

mientras Garaicoechea y los parlamentarios discutían en la Moncloa. una representación de los órganos

del partido, con Ormaza a la cabeza, aguardaba en un hotel de la capital, con objeto de supervisar y dar el

visto bueno a lo sucesivamente acordado. De regreso a Bilbao, Ormaza y Marcos Vizcaya protagonizaron

un gesto efusivo en el aeropuerto, en seguida etiquetado como «el abrazo de Sondica». Las disensiones

resurgieron, sin embargo, con ocasión del «Alderdí Eguna» —«Día del partido»—, que, al congregar a

más de.ciento cincuenta mil personas en la campa de Alzerrota, puso de manifiesto una capacidad

organizativa por parte del B, B. B.. muy superior a la reconocida por los enemigos del sector mayoritario.

Ormaza y compañía lamentarían, de un lado, la falta de colaboración por parte de algunas Juntas

municipales, controladas por el otro sector. En la crónica del acfco quedaría, por otra parte, un Incidenbe

nimio, pero significativo. Un grupo de «ertzainas» arrebató la cámara y veló el carrete de un reportero

gráfico de «Deia», que acababa de fotografiarles, alegando infiltraciones de la izquierda revolucionaria en

la redacción del rotativo del partido y desoyendo las invocaciones de Garaicoechea y Arzallus para Que

desistieran de su propósito. La revista «Punto y Hora» proseguiría la semana siguiente su campaña

sistemática contra los sectores conservadores del PNV en curiosa sintonía con Santiago Carrillo

Últimamente han sacado a relucir el asunto de las vinculaciones con la CÍA— y hablaría de «la rebelión

de los "ertzaina"».

D ENTRE EL FORALISMO Y LA TENTACIÓN DEL «COMPROMISO HISTÓRICO»

Al margen de estos episodios, más bien anecdóticos, la inminencia de la asunción plena de

responsabilidades de Gobierno ha venido a perfilar las discrepancias de fondo. El sector «sabiniano-

integrísta» realiza una lectura del Estatuto, acorde con el foralismo, basado en la idea de la «unión en la

Corona», y de ahí su intenso «lobby», del todo bien acogido en la Moncloa, en favor del paso de Don

Juan Carlos por la villa juradera ,de Guernica. Aun sin llegar a mencionar nunca a la UCD, los dirigentes

de este bando hablan de acuerdos parlamentarios dentro de la comunidad autónoma con aquellas fuerzas

más afines en cuanto a modelo de sociedad. Del sector «burócrata-progresista» han brotado, en cambio,

algunas opiniones peligrosamente acordes con los postulados de «Euzkadiko Ezkerra —y, por lo tanto, de

los «poli-milis»—, que conciben el Estatuto como un «primer paso» hacia la independencia. A los líderes

de este ala les gustaría probablemente diseñar su propio modelo autóctono de «compromiso histórico»,

enlazando con el tándem Bandrés-Onaindía, que sin duda gozaría de las bendiciones «eurocomunistas» de

Santiago Carrillo.

FRAGA, EN SAN SEBASTIAN

«EL PAÍS VASCO ES ESPAÑA»

Manuel Fraga Iribarne, presidente interino de Alianza Popular, ha mantenido en San Sebastián un

almuerzo con afiliados y simpatizantes, que se ha celebrado en el hotel Costa Vasca.

Al finalizar el almuerzo, el señor Fraga Iribarne pronunció un discurso en que que afirmó que «el País

Vasco es Espa´ ña; con España se salvará o se perderá; como España se perderá o se salvará con el País

Vasco», dice Europa Press.

«Tenemos que hablar —dijo— de la España de hoy y su dramática situación; de algunas ideas sólidas,

para asegurar su futuro, y en particular, de nuestri gran País Vasco, parte fundamental v fundacional de

España, y que ha de seguii siéndolo, por encima de todo.»

Así las cosas, la oposición dentro del BBB ha conseguido, al amparo de un pretexto ciertamente tan

sólido como, la reciente reforma del Reglamento del partido, su objetivo —perseguido con tenacidad

durante doce meses— de provocar nuevas elecciones internas. Aunque el equilibrio de personalidades

parece haberse roto con la probable comparecencia directa de Xavier Arzallus —dispuesto a renunciar a

su escaño en Madrid a cambio de suceder a Garaicoechea en la presidencia del partido o en la del

Gobierno vasco— y con la decisión de Ormaza de quedar en segundo plano, por motivos ciertos de salud.

—su candidato Interpuesto como cabeza del BBB será el prestigioso médico Yosu Arenaza, íntimamente

vinculado a un sinfin de iniciativas culturales nacionalistas—. la pugna del día 22 se presenta Igualada a

más no poder. Mientras los «parlamentarios» cuentan con el apoyo de las Juntas de Bilbao y el

Duranguesado, los «sabinianos» mandan en la rosta y ambas márgenes de la ría. Triunfe quien triunfe, la

fragmentación del partido quedará grave y definitivamente institucionalizada si quien es competente para

ello no se afana en la búsqueda de una difícil pero factible solución transaccional.—Pedro J. RAMÍREZ.

 

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