Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Sin documentación     
 
 ABC.    23/05/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

Pequeños relatos

Sin documentación

Estuve en la presentación del libro de Ángel Viñas, «Los pactos secretos de Franco con los Estados

Unidos». Me llevaba allí mi crédito abierto a Ángel Viñas tras su feliz y honesta intervención en

Televisión, cuando se presentó en «La Clave» el tema de las reservas de oro que teníamos en el Banco de

España en 1936 y que se las Ilevó Rusia. Ángel Viñas, que tiene un aire de director de orquesta

filarmónica, probó documentalmente estas tres cosas: Que Rusia no había tenido ninguna actitud generosa

con la España republicana-socilista-comunista, sino que cobró cumplidamente. Y que el tesoro de «El

Vita» —que eran bienes particulares— los arrambló Indalecio Prieto bajo los auspicios del presidente

Cárdenas, arrebatándoselo a una organización creada para el auxilio a los refugiados. Ángel Viñas o era

dudoso políticamente de nada, porque está, en la música actual. Por eso me fui a una presentación de su

libro sobre un tema importante, que presentaba mi admirado amigo, el conspirador galdosiano Pepe

Armero, y José María de Areilza, actual presidente de la Asamblea de Europa. Pepe Armero no estaba

todavía en la conspiración en los comienzos de los años 50 y lo que dijo en la presentación de este libro

carecía de rigor; pero de su intervención extraje una información de interés: «El Gobierno no defiende

bien nuestra próxima entrada en la OTAN y la izquierda defiende mal su petición de que no entremos.»

José María de Areilza, sin embargo, hizo una feliz presentación del libro, porque es un personaje de largo

recorrido político. En aquellos años previos al 53 fue embajador en la República Argentina y más tarde en

Washington. El asunto, como se ve, no le cae a trasmano. Estuvo brillante, documentado y hasta

confidente. Y posteriormente Ángel Viñas sostuvo una opinión de mayor interés que todo su libro, como

es la de que no existe la suficiente documentación de aquel período político 1936-1975 para que un

historiador sea veraz y riguroso sobre este tiempo de la Historia. El poder personal de Franco le hizo una

amplia reserva documental. No sé tampoco si los escasos testimonios actuales pueden ser

complementados con los papeles que se asegura que tiene la familia.

Pero hay un hecho claro que no puede ser desvirtuado: Lo que se firmó en aquel año 1953, y los

posteriores, era de interés común para ambos. El negociador americano era implacable —según reconoce

Areilza— y Franco gobernaba un país cercado después de la segunda guerra mundial. A los Estados

Unidos les interesaba una España segura y no insegura como ahora— después de la guerra fría del

comienzo de la gran confrontación mundial; y a España la venía bien el respaldo americano para nuestra

circulación internacional. Si los ingleses no hubieran sido inteligentes después de la guerra, en Postdam y

después de Postdam , con un Roosvelt y un Truman irresponsables respecto a estas áreas geográficas —y

el Pentágono luego—, aquí se habrían instalado los derrotados de la guerra civil, que en aquel tiempo no

eran prooccidentales, y la carnicería habría sido horrenda, puesto que se había producido una guerra civil

y una represión después de esa guerra. Los británicos, con su gélido análisis, y los militares

norteamericanos, evitaron la hecatombe. Es verdad que Franco defendía su régimen a toda costa, pero en

esa defensa estaba también la de Occidente, aunque no se dijera, y metieran el asunto debajo de la mesa.

Franco no era grato al mundo occidental, pero en función de la defensa de Occidente era un contratiempo

útil. Algo les está pasando de esto ahora a las Comunidades Económicas y de Defensa de Europa con

Turquía. La están dando dinero y la tienen a su lado, cuando ya no es democrática. Eisenhower abrazó a

Franco en Madrid calurosamente en 1959, y pelillos a la mar. O nos enteramos bien de estas cosas o no

entenderemos nunca la política internacional.—Emilio ROMERO.

 

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