Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   El acto de informar     
 
 ABC.    26/05/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

MARTES 26-5-81

OPINION

De ayer a hoy

El acto de informar

La información que suele dar el Gobierno acerca de aquellos sucesos que más o menos le comprometen, o

se figura que le comprometen, sería menos que nada si prescindiéramos del contexto, que es lo que

nosotros ya sabemos o ya nos imaginamos. Valdría más que nos la diera a fuerza de punto y raya, según

el código Morse, porque así, cuando menos, descifraríamos un lenguaje técnico, y no .como ahora, que

debemos descifrar vaguedades absurdas. El Gobierno parece un bebé cuando se expresa. Sus

informaciones, en primera instancia, son ruidos indescriptibles, balbuceos, golpes de glotis,

simplificaciones fonéticas. Así extiende la duda sobre todo y perjudica a todos. Su nodriza, que es el

secretario de Estado «para» la Información, dice lo mismo que todas las nodrizas, que entiende al bebé.

Eso será verdad, pero es que a la nodriza tampoco se le entiende.

Todavía no aclarado el golpe del 23 de febrero, todavía no aclarado el «trágico error» de Almería, se nos

ha echado encima otro igual. Y «para» esto hay un secretario de Estado. Es un secretario de Estado

«para» los enigmas. El lenguaje del Gobierno es egocéntrico, no socializado. Contiene una gran dosis de

desprecio, como el lenguaje de algunos viejos cascarrabias e impúdicos, o bien es insuficiente como el

lenguaje prehistórico de los bebés, por más que las nodrizas digan lo contrario. Es sorprendente el

espejismo, pero siempre parece que el Gobierno quiere sustraer información al conocimiento de los

ciudadanos. Empieza a informar con mucho susto y de una" manera aproximadamente verosímil, aunque

en seguida se detiene. Todos creemos que es una pausa de orador, pero en realidad es el punto final. Esto,

¿por qué? Porque el Gobierno cree que una información es objetiva cuando se le hurta el significado. Ese

es el concepto de la información que late, por ejemplo, en la ley de Defensa de la Democracia. El

Gobierno ha reemplazado la necesidad de los significados por la conveniencia de los criterios previos.

El primer criterio previo fue que los asaltantes del Banco Central de Barcelona eran anarquistas,

«macarras» y delicuentes comunes, lo que, dicho así, no tenía significado. Sólo cuando se vio que el

contexto iba a poner un ridículo un texto tan deficiente, el Gobierno fue cediendo sedal porque se dio

cuenta de que no íbamos a picar en aguas tan superficiales y baladíes. ¿Qué pánico es ése que ha

arrastrado al Gobierno a una degeneración tan notoria del acto de informar?—CANDIDO.

 

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