La seguridad del Rey     
 
 ABC.    28/05/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

2/ABC

OPINION

JUEVES 28-5-81

La seguridad del rey

Cuanto más se tira del hilo, más se perciben las dimensiones de la gran madeja de conspiración contra el

Estado democrático. Han bastado pocas horas para venir a confirmar los temores que anteayer apuntara el

presidente Calvo-Sotelo en el sentido de que la acción en el Banco Central fuera sólo una parte del

´programa» preparado ´para esta semana barcelonesa de homenaje a las Fuerzas Armadas: el túnel

descubierto en la calle Casanova, a pocos metros de la Diagonal, era, sin duda, otra parte de la «traca» de

horrores puesta en marcha.

Ese hallazgo ha venido, por de pronto, a demostrar que, aparte del grupo detenido en el Banco Central,

hay en Barcelona otro comando u otros miembros del mismo actuando en dirección paralela. Los tres

«albañiles» que allí prosiguieron sus trabajos mientras el Banco estaba ocupado y el periódico del

domingo encontrado en el local alquilado lo demuestran sin lugar a dudas.

¿Qué se pretendía con ese túnel? ¿Sembrar solamente el pánico entre la multitud que acudiría al desfile

del domingo? ¿Atentar contra alguno de los Cuerpos armados que en él participarían? ¿O tal vez se

dirigían contra la misma persona del Rey, que pasaría en coche —y con la marcha lenta de quien va entre

la multitud— por el centro de esa calle Diagonal hacia la que el túnel se dirigía? Corno el señor Calvo-

Sotelo dijo, «no se debe despreciar ni abandonar ninguna hipótesis». Y es precisamente esa tercera

hipótesis la que nos llega hasta las mismas puertas de la angustia.

En primer lugar porque demuestra que los enemigos del Estado no se detienen ante nada. No hay para

ellos respetos ni fronteras. Están dispuestos a todo.

En segundo lugar porque nadie ignora el puesto absolutamente decisivo y vital que la figura y persona del

Rey ocupan en nuestro esquema constitucional. Teóricamente cualquier herida a la Corona sería un

ataque frontal a toda la ´Constitución, al mismo esqueleto del Estado. Prácticamente los españoles han

sido testigos bien recientemente de lo imprescindible que ha resultado su gestión, de lo vital que su

intervención fue en horas en que todo parecía vacilar y resquebrajarse.

De ahí que resulte siempre —pero más ahora— fundamental el que ese eje de nuestra vida democrática

sea celosamente defendido. Es necesario qué en esta «guerra» entre la democracia y sus enemigos sean

los demócratas más cautos, más inteligentes, más vigilantes que sus adversarios.

Por eso —lo diremos con todos los respetos— son muchos los españoles que, agradeciendo infinitamente

el aire popular que el Rey da a todas sus manifestaciones públicas, tiemblan al mismo tiempo que se

sienten felices de ver al Rey tan próximo. En recientes emisiones televisivas hemos visto esa admirable

sencillez con que Don Juan Carlos y Doña Sofía se mezclan con las gentes. Sabemos que, incluso, en una

de estas festivas manifestaciones alguien llegó —probablemente más con afanes de devoto coleccionista

que de ladrón— a robarle a Don Juan Carlos el reloj que llevaba en su muñeca. Y podríamos multiplicar

las anécdotas similares a ésta. Ni que decir tiene que este estilo real nos parece de perlas. Y que nada

gustaría menos a los españoles que un Monarca distante, lejano, faraónico. Sin embargo, parece que —

sobre todo en momentos difíciles— la seguridad tendrá que primar sobre la familiaridad, por muy

doloroso que, para el propio Rey y para el pueblo, sea esto. Porque nunca la persona de un Rey fue tan

necesaria, tan casisagrada como lo es ahora.

Ojalá pueda pronto España —y e_ mundo— recuperar un clima en el que cerrojos, puertas, defensas y

cautelas no resulten necesarios. Pero, frente , adversarios tan cruelmente decididos a todo, la inteligencia

se convierte en hermana gemela de la vigilancia.

 

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