Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Breve análisis     
 
 ABC.    30/05/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

De ayer a hoy

Breve análisis 30 -V-81

Periódicamente España reproduce con antelación el fin del mundo, la lucha final entre Cristo y el

Anticristo. Eso lleva a situaciones desesperadas. La dictadura, con toda su carga de iniquidad, parece

como que amortigua ese mito que late en el fondo de la política española. Ahí está la razón de que el

sistema autoritario, que es el nudo Poder como ideología, una forma helada de animalizar la existencia,

sea visto por muchos españoles como urr bálsamo antiapocalíptico. Lo cierto es que siempre que los

españoles encuentran libertad suficiente, escenifican sin tardanza la lucha postrera entre el Bien y el Mal.

¿Por qué será así? Acaso porque nos falta una dimensión universal de la Historia, por más que

presumamos de poseerla. Me refiero a esas dimensión objetiva que rinde una clara noción del destino de

cada pueblo. ¿Qué razón hay, si no, para que la sensación de libertad en el español se parezca tanto a una

sensación de extravío? ¿Cómo es que se «puede demostrar» que en España sólo el «héroe puro», el

dominador cuya eficacia está al margen de toda moral, sea capaz de generar una historia coherente, por

rechazable que sea? ¿A qué se debe que un pueblo que ha estado cerca de medio siglo en disponibilidad

completa respecto a un poder sin réplica se haga intransigente hasta la neurosis y la comicidad sombría,

como si careciera de experiencia?

Descarto en este breve análisis la necedad de UCD, partido del cual sospecho que actúa ya no en función

del apoyo de sus electores, sino simplemente en función de fas jerarquías y posiciones previas que el

Estado le depara. Mi comentario quiere ir más allá. Porque suponer que la idea de Oscar Alzaga respecto

a unirse con Fraga Iribarne tiene una intención más profunda que la de salvar a UCD es no conocer a los

jovenetes de la UCD «system». El aspecto de objetividad de un Poder sin réplica, de una organización

autoritaria de la sociedad, choca contra el aspecto de subjetividad que tiene aquí la democracia. Si en la

España democrática no sabemos lo que va a pasar mañana, lo que es mucho menos ameno que

inquietante, se debe a que cada grupo y subgrupo (cada ala de UCD, por ejemplo, que tiene más de dos y,

por tanto, ninguna es ala) concibe su propia democracia. De esta manera el clima no puede ser más que de

resentimiento y desconfianza. En el extranjero piensan, con razón, que todos los españoles queremos ser

demócratas. Lo que no saben es que cada uno quiere serlo a su modo, exasperadamente. Aquí se ve la

democracia como la exaltación de la subjetividad. Por lo tanto, la democracia no estriba en ningún hecho

general y equidistante al que todo el mundo se somete, le convenga o no, actitud que automáticamente es

identificada con el despotismo de la derecha o de la izquierda, sino que es un instrumento de mediación

para realizar una conveniencia parcial, que en cada caso adquiere categoría de mito democrático total. E

incluso llega a ocurrir, como vemos, que tal fenómeno de falseamiento es enmascarado por la ideología.

Queda así arrasado el concepto de democracia .por los particularismos democráticos. Nadie cede en sus

pretensiones y entonces se entra en un círculo de emociones apocalípticas, de final de partida, sobre el filo

de la Historia.—CANDIDO.

 

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