Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Psicología profunda     
 
 ABC.    31/05/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

DOMINGO 31-5-81________. _________.______ OPINION

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De ayer a hoy

Psicología profunda

Con más rapidez que Lope hacía pasar las comedias de las musas al teatro hacemos

pasar ahora al teatro los misterios de la vida política. Así no se desvela el misterio, pero

nos ayuda a creer en él, que es lo importante. Et teatro y el misterio se parecen en que

necesitan el homenaje de nuestra fe para sustentarse. Por ejemplo, el viernes por la

noche oí decir a Enrique Llovet en «La Clave» que él no creía en el Cervantes que sale

en la televisión porque era un impostor. Llovet le conoce muy bien y sabe que es Julián

Mateos, La irónica inteligencia de Llovet corregía de ese modo la erudición lujuriosa de

algún contertulio. Hay investigadores de la vida de Cristo que como algún día se

demuestre qué no medía lo que ellos dicen dejan de creer en él. Pero vayamos a

teologías más actuales. El misterio que hoy llama la atención es el del túnel. Un túnel

«sin» explosivos, como he leído en Pilar Urbano, pero en el que .había cinco cubos,

cinco rollos de cuerda, cinco pares de zapatillas y cinco picos. Faltaba la cesta de la

compra de Blanca Nieves, y el equipo de dos enanitos. Desgraciadamente cuando se

descubrió el túnel ya no estaban allí los cinco hombres que debieron usac aquel material

de Disneylandia. Y ahora todo es dudoso menos el número cinco. ¿Ese túnel barcelonés

estaba destinado a minar la calle por la que habrían de desfilar las Fuerzas Armadas?

Esta fue la duda provisional. Se basaba en que el cabecilla de la banda que asaltó el

Banco Central,

_ apodado El Rubio, disfrutaba del inmueble del que arranca el túnel. Se estableció en

seguida una conexión de intenciones terroristas,, y el Gobierno cargó la mano sobre la

ultraderecha. Si al ministro de Defensa lo dejan solo el primer día les lanza un misil. Sin

embargo, técnicamente, quedaban en el aire muchos enigmas, como el que se deduce de

que el túnel no estuviera acabado antes de la aventura del Banco. ¿Había más enanitos

que pensaban continuarlo? Hasta ese momento el razonamiento iba bien, tuviera o no

que ver con la realidad.

Pero de repente pasó lo que se ve en los manicomios. Un individuo está echando el

discurso del método, lo que no deja de admirar a los médicos y a las enfermeras, y en un

segundo le da la vena y se cree que es Buffalo Bill. En lo del túnel todo iba siendo

razonable hasta que en una nota publicada el viernes leí que «se señala que El Rubio

podría tener una obsesión por excavar túneles». Todo, pues, podría tener como causa un

complejo de topo. La tesis es tan atractiva que ni Sherlock Holmes nos haría sacar las

manos del complejo de El Rubio. Ahora bien, es evidente que El Rubio además del

complejo de topo tenía otros. Por ejemplo, el de asaltar Bancos y hacer rehenes y el de

leer periódicos, ya que pocas veces se ha visto en un «chorizo» un conocimiento tan

esmerado del complejo político del Gobierno. Habrá también que reconocer que más

arraigado que su complejo de topo era su complejo de Billy el Niño, porque dejó de

excavar el túnel para asaltar el Banco. Hemos entrado sin remedio en la psicología

profunda, y a partir de este momento pueden descubrirse complejos temibles en las

personas más impertérritas.—CANDIDO.

 

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