Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Tom y Jerry     
 
 ABC.    31/05/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

DOMINGO 31-5-81

OPINION

A B C / 3

Pequeños relatos

Tom y Jerry

El otro día Luis del Olmo —ese admirable personaje de la radio— me descargó a las nueve de la mañana

cincuenta preguntas, y yo, que soy noctámbulo por mi afición a la tertulia y porque los ciudadanos

peligrosos no trasnochan y así estoy más tranquilo, le contesté entre la bruma y la pereza. Una de esas

preguntas era su curiosidad por el animal que yo asemejaba al político, y le dije inmediatamente que el

ratón. Parece claro que mi día era benevolente y festivo, porque a los políticos les han adjudicado siempre

distintos animales, y en ocasiones feroces. Ayer mismo Umbral sacaba al lobo, y se refería de paso al

águila, al oso pardo, a la ballena y al conejo. No rechazo una selección de varios animales para

compararlos con los políticos. pero sería a cada cual el suyo, mientras que el ratón —ahora mismo—

podría ser común. La otra noche, con motivo de la gran recepción al Rey en Barcelona, aparecieron en la

televisión los líderes de los partidos catalanes diciendo cosas ratoniles sobre la Monarquía y las Fuerzas

Armadas. Heriberto Barrera, sin embargo, fue un ratón más descarado. Vino a decir que la imagen del

Ejército en la guerra civil y en los célebres cuarenta años no era buena y,que ahora estaba cambiando esa

imagen a lo que exigía la democracia. A mi mente se agolpaban los nombres de nuestros generales

actuales, que fueron oficiales ilusionados en la guerra, algunos hasta estuvieron en Rusia e hicieron su

larga y honorable carrera militar en esos cuarenta años, y me suponía su interjección o su silencio. ¡Ay

ilustre ratón republicano Heriberto Berrera! Las Fuerzas Armadas asumen la Historia y no cambian la

sangre, sino que siguen, aceptan, obedecen y cumplen, excepto cuando se disponen a protagonizarla,

como tantas veces en nuestra Historia. Otra cosa sería deshonor.

Pero el político es un ratón por su movilidad, por su disposición hacia el queso, por su constancia del

agujero, por su estrategia de exhibición y de ocultamiento, por su resistencia a la jaula y a la luz del día,

por su noción escrupulosa del riesgo. Una buena parte de los políticos actuales ofrecen esta imagen.

Solamente el gato podn´a ser su peligro. El gato es silencioso, ve de noche, su carrera es fulminante y su

olfato es el más sensible de todos. La oportunidad y el oportunismo son la gran habilidad del político.

Cuando el ratón Suárez fletó el autobús de la transición, la ocasión de subir era solamente una

probabilidad para ratones. Las águilas, los tigres, los alcotanes, los elefantes, no subieron. La UCD era un

autobús de Jerry. Loe socialistas eran varios campamentos de ratones, por aquel tiempo salvajes. Uno de

ellos, el de García López, Chueca, Ridruejo, era más bien urbano. Luego había otro que era de salones

intelectuales o científicos, el de Tierno, Morodo y otros. Pero triunfaron los ratones colorados, que eran la

estirpe antigua, con dientes más feroces y menos rabo. Los comunistas, sin embargo, no eran ratones, sino

leopardos amaestrados. La transición hacia la democracia se ha hecho por ratones. Un buen día, el

veintitrés de febrero, apareció el gato, Tom, y todos se metieron en los agujeros. Cuando un país aparece

regido por ratones surge —inevitablemente— el gato, que o se los come o realiza una acción raticida.

Menos mal que en aquel trance llegó el dueño de la casa y se llevó al gato, a Tom. Se marchó

refunfuñando, y con propósitos de volver, si la política siguiera siendo ratonera. Está claro que había que

hacer una democracia en 1976, pero no necesariamente con ratones. La selva política tiene otros animales

representativos, y hasta muchos ratones actuales se han disfrazado de eso, porque pensaban que era útil,

cuando la verdad es que son panteras, y jirafas, y ardillas, y chovas, y paquidermos. El que no es ratón,

por ejemplo, es Alfonso Guerra, pero también se ha disfrazado de eso, y es que no puede dialogar con

ratones siendo una pantera.

Ayer aparecía en este periódico «Sertorio», con su tercera alternativa, que quiere decir la propuesta de

otra solución política; y, claro es, sin Tom ni Jerry. Vamos a ver qué es. Ocurre que siempre que hay

ratones en una casa, la gente suspira por el gato. Ahora hay algo de eso. No hay, por ello, otra fórmula

que la de una política antirratonera.—Emilio ROMERO.

 

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