Autor: Olarra, Luis. 
   Los irresponsables     
 
 ABC.    31/05/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

4/ABC

OPINIÓN

DOMINGO

31-5-81

Los irresponsables

Algunas gentes de nuestra clase política preponderante no pierden ocasión de cubrirse de gloria. Echan

mano de cualquier cosa, no reparan en gastos ni se detienen en una sola de sus prácticas

dedescapitalización nacional, con tal de sostenerse y autojustificarse a costa de lo que sea. A costa de la

democracia y a costa de España misma. Gritan a voz en cuello que hay que salvar las libertades a todo

precio, pero hacen todo lo inimaginable —por imprudencia, por precipitación y por facultad— para que

se pierdan y naufraguen las libertades formales después de haber naufragado no pocas de las libertades

reales, muchos de los contenidos sociales de la libertad política. La torpe y sonrojante precipitación

que nos han deparado con motivo del suceso de Barcelona -admitiendo y propalando, primero, la posible

hipótesis de que eran guardias civiles los protagonistas y ejecutores del asalto al Banco, y retrocediendo

luego a una línea de acusación y detenciones testimoniales contra la extrema derecha—, es un espectáculo

tan sonrojante como inusual en cualquier democracia seria y responsable.

Que los partidos de izquierda, especialmente el comunista, no pierdan ocasión de erosionar las

instituciones que componen la respuesta de reserva al asalto final contra la libertad, es algo que

pertenece, por decirlo de alguna manera, a la naturaleza de las cosas. Al fin y al cabo, mientras unos son,

desde la reticencia y la antipatía, fieles a su historia —fidelidad que no desmienten verbalismos en

contrario—, los otros, los comunistas, se muestran del todo congruentes con sus propósitos de fondo y

acordes con sus dependencias. Pero lo de algunos personajes del Gobierno de UCD me resulta imposible

entenderlo

Aquí todo es preocupadoramente atípico, desde la neumonía a la democracia pasando por los internos

dinamismos del partido que en las elecciones últimas fue obsequiado por el voto mayorítario de la

derecha. Es atípico, anormal, preocupante y casi monstruoso, que hayan pasado, en toda esta crónica de la

re-presentación barcelonesa de los chorizos —actores, y en el epílogo parlamentario del suceso, cosas tan

insólitas como las declaraciones del ministro de Defensa. Lo propio hubiera sido que el señor Oliart

activara y aplicaseel beneficio de la duda contra las suposiciones que afectaban a personal militar, a

guardias civiles, Pero el señor Oliart daba pábulo a las mismas y engordaba la pelota de una especulación

que después pudieron pasarse a gusto comunistas y socialistas, el pasado martes, en el Pleno del

Congreso. De la explotación política del suceso seremos muchos los españoles que guardaremos

amargura y memoria. Fue realmente alucinante como se produjo el error (?) de imputación montado sobre

la base de sospechas parcialísimamente aplicadas a la Guardia Civil. Y después, partiendo de

las primeras declaracianes de los pistoleros a la Policía, es inconcebible que se orienten única y

declaradamente las investigaciones sobre un extremo del arco político, cuando la indiscutible es que las

prácticas de bandidaje viene teniendo su origen en el extremo opuesto. ¿Qué género de servicios está,

pues, pagando el Gobierno a la oposición de izquierda? Esta, la oposición radical de izquierda, es,

mientras no se me demuestre lo contrario, la única fuerza política beneficiaria del asalto al Banco Central

de Barcelona. Y si para casos de significación opuesta nadie tiene empacho desde la izquierda en decir

que la derecha sale favorecida en sus intereses o en sus pretensiones, ¿por qué habríamos de callar ahora

nosotros, omitiendo la correspondiente observación? El recurso al «qui prodest» al ¿a quién aprovecha?,

será, digo, legítimo para todos o no lo sera para nadie.

Yo me pregunto qué hubiera pasado si el Gobierno, pensando que no había otra manera de salvar a los

rehenes, decide ponerles finalmente el avión a los enmascarados de Barcelona. El botín que éstos se

habrían llevado no hubiese sido nada comparado con el obtenido políticamente por la izquierda. La

izquierda radical se habría resarcido con creces de cuanto ya no le es posible ahora lograr por

el consenso. Y con los de la izquierda más dura, las rentas que hubiera recabado la URSS, interesada más

que nadie en procesos de desestabilización en la España pre-OTAN —sacrificando si es posible a nuestra

derecha— para compensarse de las desestabilizaciones polacas.—Luis OLARRA.

 

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