Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Día de paz y de banderas     
 
 ABC.    02/06/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Planetario

Día de paz y de banderas

Acto protocolario en Barcelona: Dos lacónicos discursos en español cruzados entre el Rey y el presidente

de fa Generalidad. «Tenemos que fijar con exactitud —dice el Monarca— a donde queremos y podemos

llegar.» Después, en la callé, eso lo dice claramente el pueblo. Más de trescientas mil personas en torno a

la Diagonal, que, no debe ser olvidado, es una de las vías nacidas de la Restauración alrededor de 1881,

vitorean al Rey, a España. Las banderas de España, de Cataluña, que flamean a lo largo del recorrido de

las Fuerzas Armadas, en las tribunas, quizá importan poco. En los dorados tiempos de Franco existía en

ya no se qué Ministerio un Departamento llamado de «Plástica», o cosa así, que iba por delante del jefe

del Estado sembrando su camino de arcos triunfales y de banderas.

Lo que importa —y me tomo él respiro de un punto y aparte para decirlo— es lo que hace el pueblo. Y to

que hace este domingo el pueblo de Barcelona es llenar de colgaduras con la bandera española los

balcones de sus casas. Lo que hace es salir al paso de los Reyes para aplaudirlos, para vitorearlos, •para

tocarles las manos, las ropas, para establecer un contacto físico con ellos. Lo que está haciendo en esa

jornada el pueblo catalán, que se ha echado a la calle es, primero, España; segundo, proclamar hasta

donde quiere y puede llegar.

Sólo oímos a unas minorías que gritan, que alborotan, que por medios cobardemente disimulados ejercen

la violencia, o la permiten o la inducen. Pero esas, no son España y tampoco son, aunque quieran

parecerlo, Cataluña o Vasconia. El estruendo de unos pocos profesionales del estruendo no deja oír las

voces de los más a la manera en que algunos árboles no dejan ver el bosque. El sábado me contaba un

gran amigo mío, hombre de muchos viajes y experiencias que en cierta ocasión en Nueva York, al llegar a

un restaurante lujoso en compañía de un arto personaje representativo de España en la ONU, éste se

acercó a una mesa en que media docena de comensales bien vestidos charlaban animadamente. «Les

saludo, señores —les dijo—, porque son españoles.» «¿Cómo lo ha sabido?», le preguntaron. «Porque

estaban ustedes hablando en catalán», fue la respuesta. En efecto, en Nueva York hablan y pueden hablar

en español millones de personas que no son españolas, incluso, y es grato saberlo, abundan quienes al ser

preguntados por su naturaleza declaran ser españoles. Españoles de Venezuela, de Puerto Rico, de

Argentina. Hablan español. Esa es su lengua. Pero, señal más inequívoca, es esa de estar hablando en

catalán. Sólo en España se habla catalán. Ser catalán es una de las muchas maneras de ser español que

conocemos. Hasta ahí queremos y podemos llegar. .

Ahí llegó este domingo de modo ejemplar el pueblo catalán en Barcelona. Nadie bastardee esta

proclamación popular. Nadie trate de capitalizarla para ésto o aquéllo si no es para admitir que lo español

es esta pluralidad que puede unirse en una sola y misma emoción bajo una bandera, la que los voluntarios

catalanes llevaron a la victoria tras del general Prim en los Castillejos, como evocábamos el domingo

mismo.

Un día de paz y de banderas. El pueblo respondía al Rey hasta donde quiere llegar—Lorenzo LÓPEZ

SANCHO.

 

< Volver