Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Un acierto, al fin     
 
 ABC.    07/06/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DOMINGO 7-6-81 OPINION

ABC / 3

Planetario

Un acierto, al fin

De la sorpresa se me desencajan las mandíbulas. El ¡oh¡ de asombro me había dejado abierta la boca, que

al mirarme asustado al espejo comprobé que parecía la puerta de un garaje. Todavía me duele, tanto he

tenido que apretármela del cráneo a la barbilla, cuando, pese a todo, me pongo a escribir. Tiene mucho de

heroico, y ustedes perdonen esta expresión.

Bueno, y a todo esto, pensará fastidiado quien hasta aquí me haya seguido, ¿qué puñetas me importa a mí

que usted se desquijare o no? Tiene razón, pero, por si no está enterado todavía le aconsejo, y perdone,

que si va a seguir leyendo tome la precaución de sujetarse con algo las mandíbulas, como hacía aquel

señor, que llevaba un pañuelo no porque le dolieran las muelas, sino para no reírse, porque —el chiste es

malo— se le había muerto la suegra y tenía que ir a la oficina.

Ya está bien de introito. Aunque parezca imposible, inconcebible, los empresarios, los sindicatos y los

ministros señores Sancho Rof y García Diez han llegado al acuerdo de que la banda salarial para el año

que viene aumentará del 9 al 11 por 100, y eso sí que es prodigioso, la Seguridad Social, ese monstruo ´

que nos devora, reducirá un punto las cotizaciones, lo que supondrá un alivio de nada menos que cuarenta

y cinco mil millones de pesetas a las empresas españolas. Por primera vez las organizaciones sindicales

comprenden, dicho sea en su elogio, que en un momento de crisis la parte laboral tiene que hacer algún

sacrificio para que no se hundan definitivamente las empresas. Estas admiten la legitimidad de que los

obreros se nieguen a pagar ellos solos el coste de la crisis y, «¡aleluya¡», la Seguridad Social se resigna a

no progresar en su glotona actitud de devorar, hacer irrentables, acogotar económicamente a las empresas

y obligarlas a la quiebra o a producir paro.

¿No hay motivos para gritar ¡milagro!? ¿No lo hay para que a uno se le desencajen de asombro las

mandíbulas? Pues los hay, y muchos. Porque aquí, tan orgullosos durante decenios del «Spanish is

diferent», jamás hemos admitido que es posible aprender de los que nos son diferentes, es decir, de los

otros europeos a los que las cosas también les van mal, pero no tanto como a nosotros. Ayer mismo, en

este mismo sitio, recogía yo, y elogiaba, uno de los primeros actos presidenciales de Mitterrand en rápido

cumplimiento de su programa presidencial: Aumentar un diez por ciento el salarió mínimo

interprofesional, mejorar pensiones y para compensar este aumento de gasto reducir las cotizaciones

sociales de las empresas en la mitad de las cargas suplementarias originadas por aquellos aumentos.

Eso, tan sencillo, jamás se hizo aquí ni durante el mitificado franquismo ni durante la inestable y

denostada transición. Había que pensar en que si las .empresas se hunden el país se hunde. Por primera

vez se ha pensado en eso. Ahora sí que puede irse al remedio del paro.—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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