Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Homo faber     
 
 ABC.    07/06/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

DOMINGO 7-6-81

OPINION

ABC/3

De ayer a hoy

«Homo faber»

Cuando yo era muy viejo (ahora tengo doce años) el medio ambiente sólo estaba amenazado por los

pintores impresionistas. Había tantos pintando «meriendas sobre la hierba» que no dejaban ver el paisaje.

También había unos grandes carteles con la leyenda «paisaje pintoresco» que tapaban completamente el

panorama. En aquellos tiempos la única manera de ver el paisaje era ir a los museos adonde llevaban sus

cuadros los pintores impresionistas del «plein air», Cézanne y los demás. El único que murió intoxicado

en aquella época fue Emilio Zola, en castigo de haberse pasado la vida escribiendo novelas naturalistas.

Se quedó sin «plein air» en una alcoba herméticamente cerrada donde había una estufa de gas. Las

paredes estaban abarrotadas de cuadros de Cézanne.

En aquellos años brillaba en el paisaje la sabiduría de Dios, sin mezcla alguna malsonante. Incluso el

´«homo pictor» formaba parte de él, junto a los grillos de pétalos y los peces, los que navegaban en alta

mar y los peces románticos de los ríos de plata, que hoy boquean en la orilla envenenados por detergentes

y petróleo. El «homo faber» ha expulsado al «homo pictor» del paisaje y a los venerables maestros de la

Institución Libre de Enseñanza. Y un día caerá un misil, o la bomba, en un claro del bosque de Cézanne o

de Henri Rousseau, en una playa de Sorolla o en una dorada llanura de Benjamín Palència. Desaparecerán

los detergentes, el hollín, las latas, los vidrios y los plásticos, y lo que todavía queda de paisaje, que es

poco. Porque hoy tenemos más paisaje en los museos que en el campo.

No se comprende un ecologista que no sea pacifista. La amenaza más terrible acumulada contra ía

biología nace de la técnica de guerra. Alguien tenía que haber pintado el cuadro de los pescadores

japoneses, su mar y su pesca, mortalmente heridos por la radiactividad. Ahora el «homo faber» prepara la

«bomba limpia», que no destruye los museos, pero que destruye cuanto vive. Al parecer tiene más

importancia que el hombre pertenezca a un´ sistema ideológico que a una especie biológica. El problema

no está planteado respecto al hombre, sino respecto a que el hombre sea comunista o anticomunista,

blanco o negro, árabe o judío. Cualquier conflicto en ese plano, que siempre será trivial si lo comparamos

con el conflicto entre la vida y la muerte, puede desencadenar la apocalipsis. Ninguna filosofía me

convencerá de que las bombas se hacen para no arrojarlas. En las películas cómicas del tiempo en que yo

era viejo las tartas se hacían para arrojarlas a la cara de alguien, y ahora las bombas se hacen para

arrojarlas también a alguien. Y en los dos casos la puntería es maravillosamente la misma, Los arsenales

de tartas se gastaron, y se acabó el cine cómico, y los arsenales de bombas se gastarán y se acabará el

mundo.

El hecho de que una manifestación antinuclear sea vista como subversiva indica muy bien cuál es la

situación. Algún día saltaremos por el aire con los grillos, los pétalos, los peces, los pintores

impresionistas y un cartel que pondrá: "The End».— CANDIDO.

 

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