Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   El alcalde de Marinaleda     
 
 ABC.    07/06/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

DOMINGO 7-6-81

OPINION

ABC/3

Pequeños relatos

El alcalde de Marinaleda

He leído en alguna parte, y por boca de un político, que Andalucía es un polvorín, y que en cualquier

momento puede estallar. He visto aquel reportaje de Televisión sobre ei paro en Marinaleda, Lebrija y

otros sitios andaluces, y, efectivamente, aquello era el polvorín. No oigo otra cosa de los que vienen del

Sur que esto. Y entonces ese personaje admirable que es Félix Pastor Ridruejo me dijo que en su

fundación o club de Cardenal Cisneros, donde el oxígeno ideológico es de derecha civilizada, hablaría —

nada menos— que el alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez, cuya ideología dicen que es de

extrema izquierda, y famoso por su condición de agitador social, con sus célebres huelgas del hambre; así

es que allí me fui, y el alcalde tenía otros ponentes del tema, como el empresario agrícola conde de

Montarco, bien equipado de experiencia y de condiciones dialécticas, y esa gran cabeza económica joven

que es la de Guillermo Piera. Y otros más.

El alcalde de Marinaleda me dejó inmóvil, expectante, sorprendido y conmovido en mi silla. No pude

quedarme hasta el final del coloquio, pero su intervención de planteamiento y de soluciones la escuché

entera. En principio, Juan Manuel Sánchez es joven, tiene unas barbas apostólicas «Nuevo Testamento»,

pero como un día las pintó el inovidable José Luis Ozores e hizo obsequio de aquellos apóstoles barbudos

a un periódico. Tiene los ojos iluminados, como dos lámparas de muchas bujías, y apacibilidad y agrado

en la cara. Es maestro, y por ello aficionado a los datos, a la enseñanza y a la cultura. Su intervención era

una rara disposición dialéctica entre la demagogia y el dictamen. No se podía decir que fuera un

demagogo, a no ser que lo fuera Jesús y sus Apóstoles. No hablaba como un marxista, sino como un líder

cristiano, aunque como un líder cristiano de muchos voltios; pero no a la manera como hablan los curitas

o los curazos progres, sino apostólicamente, con amonestación, apercibimiento y denuncia. Luego

empleaba algunas reformas retóricas eficaces como —por ejemplo— «que sobre la izquierda debiera caer

alguna lluvia ética». Denunció a la izquierda oficial, llamada obrera, de ocuparse muy poco de los obreros

andaluces del campo. A la derecha le bastó con decirla lo que no hacía, lo que ocupaba, lo que retenía

«sin función social». Del Gobierno echó en falta casi todo. A mí este tío me sonaba muy bien. No sé de él

más que esto. Manejaba datos, números y porcentajes. Denunció «el empleo comunitario» como ineficaz,

humillante, inútil, no asistido y no bien ordenado, y arremetió contra la política de subsidios al paro,

porque la solución no era la limosna, sino el trabajo. Y entonces propuso las fórmulas, exactamente como

un tecnòcrata enterado. Él alcalde de Marinaleda no era ni un improvisador, ni un arbitrista. A este

personaje le dejan hablar en el Parlamento, lo filma la televisión, y se mete a España en el bolsillo. A mí

me metió, y no soy fácil. Y por supuesto; a Felipe González — que es muy habilidoso—, a

4/ABC OPINION

Rojas Marcos y al profesor Clavero los pondría contra la pared. El conde de Montarco, que tiene una

larga experiencia, y dijo cosas atinadas, y calificó de brillante la exposición del alcalde de Marinaleda, no

entró por uvas. No sé lo que pasaría luego. Pero vi lo del polvorín andaluz y la increíble torpeza de los

políticos de este país en todo lo que va de siglo. Juan Manuel Sánchez probó que Andalucía era rica, que

una reordenación de cultivos podría aumentar grandemente el número de jornales, que la tierra es la raíz,

y hay una industria de la tierra que debe instalarse, y que la propiedad solamente es lícita si cumple fines

sociales, y para decir esto no acudió a los fundadores de la I Internacional obrera, ni al Manifiesto del 48,

ni a las raíces anarquistas de la protesta campesina, ni a los programas socialistas y comunistas

contemporáneos, sino a la palabra de los Pontífices. La •rica, la bella, la noble, la sensible, la artística, la

poética Andalucía, produce más parados que nadie , y el 60 por 100 de las prostitutas de todo el país. El

alcalde de Marinaleda no hizo naíf, sino una pintura goyesca. Calle arriba meditaba que aquello que había

oído y que había sido dicho sin ira, era atroz.— Emilio ROMERO.

 

< Volver