Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Así que pasen cuatro años     
 
 Diario 16.    15/06/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 24. 

¡PEDRO J. RAMIREZ

Asi que pasen cuatro años

N

UNCA más he vuelto a ver a Candela, aquella chica cobriza cuya generosa anatomia, cubierta de

pegatinas centristas, fue elegida por todos los fotógrafos _ como símbolo de la victoria electoral.

Recuerdo su «sonrisa profidén», su larga melena castaña, cayendo en cascada hasta un bolso plateado, sus

manos desplegadas en forma de «uve» y su inagotable «marcha», repicando aquella tonada pachanguera

que decía: «VoTa Centro, VoTa Suárez. VoTa LiberTAAAD.»

También estaban Barbara Rey, Paula Pattier y demás «starlettes» de moda. Junto a ellas, Garrigues.

Camuñas, Iñigo Cavero celebraban el triunfo con el desenfado propio de una despedida de soltero o, si se

apura el símil, de una fiesta universitaria de Paso del Ecuador. « No comprendo toda esta alegría... No hay

razón para la euforia», explicó Garrigues, haciéndose con el micrófono. «Porque según las noticias que

acaban de comunicarme hace unos instantes... la UCD «sólo» ha conseguido... ¡el cuarenta por ciento de

los votos! Lo cual demuestra que... al fínal... como era de esperar, hemos ganado.» ¡los menos malos!» El

champán corría a raudales. Sólo faltaban las serpentinas, el confetti y algún que otro «matasuegras».

Y el ambiente en la sede del PSOE era parecido, con Masslel brindando por la victoria del «padre de su

hijo», Carlos Zayas, que había dejado en Teruel sin escaño a Martínez Esteruelas, con Bernt Carlsson, el

secretario de la Internacional Socialista, poniéndose ciego de cerveza, con Alfonso Guerra llamándole de

todo a Martín Villa y con los militantes gritando hasta quedarse roncos su grito de guerra de entonces:

«Oa, oa, oa... Felipe a la Moncloa.»

Carrillo se tomó sus mediocres resultados con filosofía, pues el partido apenas si llevaba tres meses de

vida legal y lo importante había sido acudir a la cita con las urnas. Joaquín Ruiz-Giménez echó mano de

su inagotable resignación cristiana y el Viejo Profesor se refugió en el subterfugio del «voto de calidad».

Fraga puso cara de escolar enfurruñado, arrampló con su caña y se largó enfadadísimo a pescar.

Verdaderamente, ¡qué noche la de aquel dial, con Tarradellas colgado a su teléfono amarillo de Saint

Martin le Beau, con parte de la plana mayor de ETA reunida en casa de Tomás Pérez Revilla, con la

nación entera pegada al televisor en espera de que terminara aquel maldito telefilm de cinco horas que

sirvió para tapar la exasperante lentitud del recuento de votos.

Siguen mondando los del SEU______________

¿Qué nos queda cuatro años después de toda aquella ilusión colectiva, de todo aquel entusiasmo ante el

advenimiento de la libertad? Cada uno a su nivel, todos la inmensa mayoría al menos hemos sufrido un

hondo desengaño. La experiencia nos ha enseñado cruelmente que la democracia tiene poco de

superproducción en technicolor y cinemascope , que se trata, por el contratio, de un sistema enormemente

vulnerable en el que ni siquiera la despensa queda garantizada y que, siendo grande su maleabilidad, a

menudo permite la supervivencia en el poder de los mismos perros, revestidos de distintos collares.

Lleva razón Juan Manuel Serrat cuan do dice en la entrevista que publicamos hoy que «es tremendo que

sigan mandando los mismos dirigentes del SEU a los que creíamos haber derrotado en la Universidad». A

uno se le caían los palos del sombrajo al contemplar el Viernes en el debate de «La clave» cómo Martín

Villa se las daba de autonomista progre frente al «españolismo» de Amando de Miguel.

No es que tenga nada contra Martín Villa o contra Rosón, dos hombres que se han dejado la piel a tiras en

el Ministerio del Interior, pero no están en cuestión los méritos personales, sino la verosimilitud del

sistema. ¿Qué cara habrán puesto los señores de la OTT al ver aterrizar en Ginebra, como ministro de

Trabajo de la democracia, al mismo Jesús Sancho Rof que media década atrás les enviaban como

representante del verticalismo nacional y de las JONS?

Siendo éstos sus poderes, difícilmente puede la UCD capitalizar el espíritu del 15J, pues lo que simboliza

tal Fecha es el ansia de cambio de un pueblo joven dis puesto a romper con el pasado. Al cabo de cuatro

años de Gobierno centrista ese anhelo permanece profundamente insatisfecho.

¿Qué se hizo, pues, de la sonrisa renovadora con que los Garrigues, los Ordonez, los Cavero celebraban

su victoria aquella noche de vino y rosas del Hotel Eurobuilding? Lo mejor, lo más vivo y atrayente del

centrismo quedó sepultado en una operación de poder por el poder, cuyo estilo aún perdura en el aparato

del partido. ¿Cómo va a simbolizar nada medianamente esperanzador y progresista un colectivo que es

capaz de transformar a un demócrata de toda la vida, como Antón Cañellas, en torpe inquisidor de

disidentes?

Si no fuera por la serenidad y el sentido común de Leopoldo Calvo-Sotelo, la UCD quiero decir el

Movimiento-organización, y no hablo sólo de los azules ya se habría terminado de cargar la democracia.

Calvo-Sotelo es «the right man fn the right moment»: el hombre adecuado en el momento adecuado.

Un brote de optimismo económico____________

Porque no podemos olvidar que, además de la frustración del cambio inacabado, este cuatrienio nos ha

legado un desgarrador bagaje de cicatrices purulentas: California 47, las bombas en Barajas, Chamartín y

Atocha; los asesinatos de generales; los atentados contra la Guardia Civil y la Policía; la muerte de

ciudadanos tan inocentes como aquella gitana, destrozada junto con el hijo que llevaba dentro; la sangre

derramada por José Javier Uranga; la humillación del «tejerazo»; el desconcierto del asalto al Banco

Central; el secuestro de Javier Rupérez, las horas de quirófano de Gabriel Cisntros... Y esto no es un

inventario: sólo unos cabos sueltos al hilo de las propias impresiones t Con un, equipaje así, se precisaba

de alguien capaz de devolver a la nación Tina mínima "conciencia de su propia ´"identidad, un

sentímiaaio básico de solidaridad con el que seguir adelante; una elemental percepción de dignidad

colecti va para continuar en el camino. Y eso es lo que ha conseguido Calvo-Sotelo en apenas cien días de

trabajo honesto y gestos sinceros.

Pero «right» también significa «derecha)». Además de la «persona adecuada», Calvo-Sotelo es

somáticamente un conservador genuino de difícil indentificación con el emocionante carrusel del 15-J.

Posiblemente sea, de hecho, esta característica la que le hace conectar con el signo de los tiempos. La

semana pasada, los miembros del panel de expertos de la revista «Time», que cada seis meses revisa el

horizonte económico europeo, vinieron a señalar, por primera vez tras la crisis energética, importantes

signos de recuperación, vinculados a los planteamientos político-económicos de Reagan y la señora

Thatcher. ¿Qué efectos tendrá en este contexto la estrategia intervencionista de Mitterrand? De la

respuesta a esta pregunta dependerá en buena medida la evolución de la cotización pública de Calvo-

Sotelo, ya que si el caso francés demostrara que existe una salida socialista a la crisis económica, Felipe

González terminaría de contar con el importante beneficio de la duda.

De momento, hay que reconocer que en nuestro país ha sido la imagen de solidez de Calvo-Sotelo lo que,

unido al sentido de la responsabilidad de las fuerzas de izquierdas, ha suscitado el primer brote de

optimismo económico del último lustro. ¡Claro que el acuerdo tripartito sobre el paro tiene trampa, tal y

como denuncia Ferrer Salat, y que Comisiones y UGT no deberían llevarse los dos mil millones que se

embolsan en el envite! Pero, tampoco creo que los empresarios estén demasiado legitimados para

quejarse, cuando el Gobierno lleva basando toda su estrategia en orear un clima de confianza para la

reactivación del sector privado.

El maniqueisme de algunos dirigentes empresariales en su crítica al sector «socíaldemócrata» instalado en

importantes altos cargos, más parece por cierto un intento oportunista de aprovechar el viento favorable

para ganar por goleada,que una queja seriamente fundamentada en iniciativas lesivas a la libertad

económica.

Las espectaculares alzas de la Bolsa, unidas a la favorable evolución de otros indicadores han venido a

demostrar, como bien apuntaba el otro día José Luis Gutiérrez, que la única espada de Damocles que de

verdad pesa sobre nuestras cabezas es el terrorismo etarra con su derivación golpista incluida. En el

momento en que la siniestra organización vasca afloja un poco la presa que ha hecho en el cuello de la

democracia española, enseguida notamos que el aire llega a los pulmones. Solventado el problema del

liderazgo era imprescindible sustituir a Suárez, la continuidad de nuestra experiencia constitucional

quedará garantizada si se gana la guerra del norte.

Las promesas de Cheysson

Precisamente por eso era ineludible enseñar las uñas al displicente vecino francés. Las promesas de

Cheysson abren un cierto compás de espera ante el que personalmente me siento bastante escéptico—

pero no por eso borran la afrenta de las manifestaciones de Mauroy. Hablar de «derechos humanos» y

«tierra de asilo» en el caso de Linaza, al que incluso, un tribunal francés tilda de «vulgar criminal», es

como mínimo una frivolidad estética, construida sobre el más absoluto desprecio a la suerte de nuestra

democracia. Mitterrand puede engalanarse de cuantos adornos «gauchistas» desee, pero no a costa de

juguetear con algo en lo que a nosotros nos va la vida.

El único lenguaje que entienden las naciones poderosas —y Francia desde luego lo es es el de la firmeza.

Sin la rápida reacción de nuestro Gobierno y la enérgica repulsa de buena parte de la prensa, habría

resultado inverosímil el planteamiento conciliador realizado por Cheysson en Madrid. Ello hace

doblemente penosa, la crítica de algunos intelectuales solventes que, ñeles al tradicional masoquismo

ibérico, habían comenzado a denunciar la «histeria antifrancesa» y se hallaban a punto de argüir que

debíamos agradecer a Paris su celo en evitar que un ciudadano español quede en poder de un sistema en el

que caben episodios como la muerte de Arregui o el suceso de Almería. El hecho de que los «intereses

nacionales» se identificaran en el pasado con los de un régimen totalitario, no puede generar una inercia

tan fuerte como para continuar manteniendo una disposición vergonzante cada vez que España es

zarandeada en el exterior.

A propósito de la visita de Cheysson, supongo por último que los compañeros de «Cambio 16» no dejarán

de incluir entre sus «perlas cultivadas» de la próxima semana, la definición que el canciller galo hizo de la

OTAN como baluarte «de los valores de la civilización Cristiana». Ni . siquiera Alfonso Osorio había

llegado a j tanto. Está claro que podria decirse que ] hemos asistido a un brote de cinismo del ¡

representante de un país que abandonó la ¡ organización militar de la Alianza Atlán j tica hace ya años,

pero si no recuerdo i mal, habíamos quedado en que el triunfo \ de los socialistas en Francia viene a supo

¡ ner un reencuentro de la política con la* concepción ética de la vida. (

§§La experiencia nos ha

demostrado cruelmente que

la democracia tiene poco de

superproducción en

technicolor y

cinemascope

 

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