Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   El retorno de don Beltrame     
 
 ABC.    20/06/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

OPINION

ABC/5

El retorno de don Beltrame

«¿A quién no sirve?», me atreví a preguntar aquí cuando algunos periódicos mimados por los hombres de

Suárez machacaban el futuro de Suárez. Destruyeron su presente; le desmoronaron por dentro;

fomentaron las causas de su caída que —salvo las internas de UCD y las psicológicas— ustedes buscarán

inútilmente en el libro d´En Josep Mèlia. Ahora, durante esta etapa que la nueva fontanería llama la

segunda transición tras aquella genialidad previa al 23-F («La transición ha terminado»; respuesta «post

fáctum: «No; "pero ha estado a punto»), circulan, cual falsa moneda, ciertos valores entendidos: primero,

ya no hay fontaneros en la Moncloa; segundo, Suárez, sin futuro político, no volverá. Tres falsedades en

una: ésta no es la segunda transición, sino la misma transición; milagrosa y precariamente recuperada. La

fontanería es inherente al edificio, no al inquilino; y aunque en tanta polvareda perdimos a don Beltrame,

quisiera aplicar el romance, no sin cierta licencia, al don Beltrame con castillo en Avila, arriesgada

carrera política tras el favor de la Corte, vencedor de su leyenda y su caída, clave de la primera transición

nacional, creado duque, por supuesto; capaz de volver y de no desaparecer hasta 1492, nada menos;

cuando de verdad había terminado la transición.

En fin, que ha vuelto de nuevo; no es que vaya a volver. Y con su retorno ha consumado su primera y

quizá decisiva victoria política. Verán.

Cinco arcángeles —dos en ejercicio, dos caídos, un excedente que busca nidal ajeno— le preceden como

en un tapiz solar de Guido Reni. Uno de ellos, Rafael Calvo, me enviaba a Lugo para cantar allí, el 15 de

junio, las glorias del centro-centro. Yo no podía ir a Lugo a proclamar ante un electorado de centro-

derecha lo contrario de lo que se me pedía; y se te puede hacer a todo el mundo una faena política menos

a Rafael. Veo, con satisfacción, que se ha encargado de tan difícil cometido Paco de la Torre, que portaba

el transistor del 23-F atribuido por inocente maniobra informativa a Fernando Abril. Me quedo, pues, en

la canícula para subrayar ante ustedes las circunstancias del secreto retorno.

Dijo que era el presidente del Gobierno con mayor duración en toda la España contemporánea. Se olvidó

de uno que le ganó por cosa de meses y, tadviertan el dato, se llamaba Leopoldo. Pero los seis primeros

presidentes galardonados con corona ducal, de Prim para acá, la recibieron a título postumo; el almirante

Carrero exhibía los retratos de cuatro en el antedespacho y no le valió. El séptimo caso ha sido,

felizmente, la excepción: el único ducado presidencial que recae en un superviviente.

Situémosle ya en su nuevo domicilio. Si logramos superar El Tema (no diré una palabra hoy sobre El

Tema, pero un historiador tenía que citarlo), esta nueva etapa de la mismísima transición va a

interpretarse en clave dialéctica entre la Moncloa y la Florida. El reciente documento de la Ejecutiva de

UCD («histórico» dijo, con razón, aunque no por esa razón, el citado arcángel) ha sido una maniobra

política de Adolfo Suárez digna de su tremendo sentido táctico; y de esa visión estratégica que alguien

sigue obstinado en no reconocer. Haber ocultado, además, la victoria personal después de descolocar y

arrinconar, quizá decisivamente, a su gran rival de la fase anterior, Landelino Lavilla, demuestra no

solamente las grandes posibilidades de Suárez. sino, sobre todo, la realidad del regreso de Suárez cuando

todo el mundo sigue situando en futuro lejano la incógnita de ese regreso. La actuación subliminal de los

nuevos fontaneros, en la por lo demás espléndida entrevista de Rosa María Mateo (que es una transición

por sí misma) con el presidente, culmina toda unacontramaniobra: la broma de los seiscientos teléfonos;

las infiltraciones galaicas en la fundación; las declaraciones, admirables, a Guillermo Luca de Tena; los

almuerzos bancarios en pleno y Comisión, ante la que deseo descubrirme publicamente; porque

demuestra que el presidente y sus adjuntos se han dado cuenta, antes que nadie, del regreso de don Adolfo

sin que se haya disipado aún la polvareda de su marcha. No ha sido una desaparición, sino una hègira.

La fuerza del duque supérstite no es ese falso populismo que le achacan, todavía hoy, sus prematuros

enterradores; sino un verdadero populismo, sobre el que el señor Meliá debe ciertos derechos de autor.

Mucho más hundido estaba tras el accidente de Adanero, y ya ven ustedes cómo supo regresar a su última

plataforma de lanzamiento. Ahora no necesita volver. Ya ha vuelto. Querido Emilio Romero, no te

enfades porque aplique a tu insigne paisano el mismo pronóstico de retorno que publiqué sobre ti con

motivo de tus falsas exequias. Tú has vuelto en plenitud; él ya ha empezado. Me encanta, que la gente

vuelva; que Castilla empiece a rehacer sus hombres tras gastarlos. No escribo esto por gratitud; estoy con

el duque a cero y en paz; lo escribo así porque lo veo así. Me faltan por explicar sus bazas para el retorno;

y como discípulo del maestro Tarradellas diré que su primera baza se llama Amparo, primer reencuentro

tras el aterrizaje forzoso. Luego tendré que hablar de los cinco arcángeles; uno puede ayudarle, dos le

seguirán hundiendo, el excedente tratará de volver y al quinto tendrá que podarle las alas y prohibirle leer

periódicos; pero no es un traidor. Describiré inevitablemente el pequeño enjambre de sus demonios

familiares y el aula abnegada de sus fidels y sus gardíngos. Pero le conozco a fondo: no volverá, ya ha

vuelto. Nunca le alabé por halago; jamás le defendí sino por convicción. Ahora, tras adivinar su retorno,

voy a contarles los detalles.—Ricardo de la CIERVA

 

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