Autor: Urbano, Pilar. 
   La anestesia del miedo     
 
 ABC.    20/06/1981.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Hilo directo

La anestesia del miedo

Los letargos no son buenos. Las anestesias son peligrosas. Y hay dos que nacen del miedo: ¿Conocen

ustedes un cloroformo para la acción más paralizante que el miedo? El miedo a saber... y a decir lo que se

sabe anestesia las plumas más libres y lúcidas, en el justo momento del trazo del romper a hablar. Y se

hace el silencio informativo. Grave suceso que está ocurriendo aquí, ahora, en España.

. El miedo a que se quiebre «el frágil ,sistema democrático» anestesia la oposición política de los partidos

más briosos. Y se hace , el consenso, la concertación, el paso por el aro. Grave suceso que está ocurriendo

aquí ahora, en España. ¿Puede sobrevivir airosamente una democracia en ciernes con una Prensa y un

Parlamento anestesiados? Porque parece que a eso vamos.

• Felipe González quiere desembarazarse de su anestesia. Y lo ha dicho con su «documento». Yo quiero

desembarazarme de mi anestesia. Y lo estoy diciendo. Nos confesó Felipe González el 25 - F, que «se

habían encendido las luces rojas de alarma en el sistema» y que «hasta ahora nadie me ha demostrado que

se hayan apagado». Ofreció al flamante presidente Calvo-Sotelo gobernar en coalición. Pero hubo de

conformarse con sentarse a la mesa de la concertación. En estos días ha afirmado que «vivimos con una

democracia en peligro» y ha puesto un plazo, un breve plazo, al «impasse» aletargado de unas

negociaciones con el Poder, que le desarman parlamentariamente. Sin embargo, no amenaza con

desenterrar el hacha de combate, .

Es curioso: el «documento de bases de acción» que Felipe acaba de ofrecer al Gobierno y a la opinión

pública no es «un programa de alternativa socialista»; es «el programa de lo que debe hacer el Gobierno».

Una falsilla de actuaciones que podrían firmar —en momentos extraños y difíciles, como los de esta

hora— un Gabinete UCD, un Gabinete PSOE o un Gabinete «al alimón».

Lo que les decía antes: la señal de alarma ante la fragilidad; el miedo a que alguna mano de hierro aplaste

el castillo de naipes de esta democracia, son como un paralizante cloroformo sobre el vigor de la

discrepancia política, legítima «ratio» de toda oposición. Escuchaba el otro día a Santiago Carrillo: «A mí

me produce cierta inquietud que la izquierda aparezca tan cerca del Gobierno. Pero, si se trata de salvar la

democracia..., debemos estar todos juntos, tanto el señor Fraga como el señor Guerra.» El señor Guerra

estaba sentado a su lado.

• Cierto que ese afán de «darse fraternalmente la paz», con tal de pisar moquetas de las estancias

próximas al Poder, no es novedad en Carrillo. Como tampoco lo son las continuas invocaciones de Fraga

a un Gobierno de «mayoría natural». Pero sí es sorprendente que la fiereza crítica.de un socialista duro

como Gómez Llórente, el tribuno de la pipa, se temple hasta decir, como me dijo: «Nosotros, los críticos

del PSOE, no queremos entrar ahora en confrontaciones sobre lo que nos separa: hay que buscar lo que

nos une. Nosotros sólo queremos un sitio al sol.»

Por ello, de todo cuanto ha dicho Felipe al emplazar al Gobierno en sus conciertos subrayo su «queremos

salir de la confusión». Y lo apoyo. Que no hay mayor confusión que el «totum revolutum» donde se

difuminan las identidades y se borran unas distancias «esenciales». Distancias que, por encima y por

debajo de los equilibrios precarios del miedo, existen... por mucho que se anestesien.—Pilar URBANO.

 

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