Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Recuerdos inoportunos     
 
 ABC.    21/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Planetario

Recuerdos inoportunos

Hace más de veinte años, allá por los prósperos y confiados sesenta, Astorga, mi pueblo, celebraba con

una comida multitudinaria la inauguración de su emisora de radio. A instancias reiteradas de mi envidiado

amigo Luis Alonso Luengo, envidiado por su condición de Cronista de Astorga y no por delicado poeta y

polifacético escritor, un obispo joven, hacía poco tiempo a la cabeza de la milenaria diócesis asturiense, la

había conseguido para la ciudad, una de las mayores tradiciones periodísticas de España.

A los postres, en ese interminable turno de discursos, residuo de nuestra más antigua tradición arábiga,

dije unas palabras. Ulises, nada menos, volviendo a su abandonada Itaca, me declaraba yo para tomar

pomposo arranque. Y en su turno, broche, cierre, palabra final de aquel acto, el joven obispo, llegado de

Valladolid con cierto halo progresista, una eminente acción social formaba ya aparte de su historia, se

preguntaba: «¿Qué pueblo es éste en el que un periodista deportivo habla de Homero, muestra una cultura

helenística y antigua?

Poco después —yo vivía en París— aquel obispo, trasladado a la alta diócesis de Barcelona, sufría un

agrio, agresivo rechazo del clero catalán, de los catalanistas de Montserrat, que, junto a otros intelectuales

de diversa laya, pretendían prelado catalán para los catalanes. Eso que ahora denuncian Amando de

Miguel y sus tres mil doscientos firmantes, agrietaba ya, o por lo menos lo intentaba, la unidad espiritual

de España, cuando Franco mandaba, como se ve por el recuerdo, no incontestadamente.

Desde París, escribí, yo entonces periodista catalán, en el más grande periódico de Cataluña, una carta

cordial al prelado. La Iglesia católica, creo que venía a decirle, no puede aceptar que su grey se divida en

rebaños con boina, montera o barretina. Si todos los fieles son la Iglesia, si todos son cristianos, ¿cómo

puede rechazarse por ser castellano a un obispo en Barcelona?

No encontraría ahora en mis Himalayas de papelotes, ni la copia de aquella carta ni la contestación, breve,

amistosa, del prelado que soportaba con entereza aquel rechazo aquella intransigencia. Y ahora, más de

veinte años después, veo enfrentadas en la cabecera de un diario las fotografías de aquel obispo, hoy

primado de España, y la del ministro de Justicia. Debajo, dice: «El cardenal primado no quiere a Ordoñez.

No le dejó participar en la procesión del Corpus de Toledo. Don Marcelo vetó a Fernández Ordóñez.»

jAy, don Marcelo! ¿Dónde está aquel joven obispo de Astorga, aquel hombre progresista, social,

avanzado, al que los mineros leoneses recibían en triunfo? ¿Dónde está aquel que soportaba con cristiana

paciencia el intransigente rechazo de Montserrat, la intransigencia, ya nacionalista, de algunos catalanes?

Sorprende y apena que quien ha padecido la exclusión ta olvide y la practique; que quien de Cristo

aprendió a abrir los brazos, a comprender al fariseo y al publicano, a la adúltera y a Magdalena, excluya,

y que eso pueda ocurrir en veinte años. Tan pocos años.—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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