Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Desvaríos     
 
 ABC.    29/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Planetario

Desvarios

Ahora que uno ya no va en verano a la playa, a ninguna playa, resulta que, según leo en alguna revista,

hay gobernadores que envían a las playas de su jurisdicción a policías gubernativos en bañador para que

sorprendan y capturen, si pueden, a los nudistas que, como una marea negra, contaminan la castidad de

las arenas litorales como si ignoraran, Sant Yago nos ayude, que todavía hay quienes pretenden seguir

siendo reservas espirituales de Occidente,

Las turistas y las indígenas, menospreciadoras del aceite de colza misterioso y letal, se sientan en las

playas a embadurnarse los senos de dorados aceites bronceadores. Por su propia voluntad, cientos, miles

de mujeres, han levantado la veda del seno y los padres de familia del interior caminan hacia los

chiringuitos con la boca abocardada, entre de trabuco naranjero o de mamoncete sietemesino que son,

dicen, los más ávidos.

El pudor se debate en retirada y exige jornadas dobles, triples a los guardias gubernativos en bañador. ¿A

dónde, vamos a parar? No sé. Recuerdo que a comienzos de los cincuenta fui un vez a Niza con Emilio

Romero, .Felipe Albéniz y otros periodistas, a un congreso internacional. Salimos todos por las orillas de

la Promenade des Anglais porque abajo, en los guijarros, que no playa, andaban ya en eso de los aceites y

la liberación, ¿señal, senil, o cómo?, las turistas primaverales. Al medio kilómetro todos habíamos

regresado a la acera del Ruhl y desde entonces tengo para mí que eso del pudor y de los senos no dura

más de quinientos metros.

A mi amigo Paco Umbral, que se declara escritor nocturno y por eso se le han puesto los ojos

fosforescentes como a sus gatos, le hechizan los senos y los no senos, como impúdicamente declara en

«Los ángeles custodios», uno de sus últimos libros —los publica a pares— que acaba de enviarme. Eso le

viene de Ramón, uno de los ángeles númenes de su literatura. Ya en 1918 Ramón descubría que los senos

de la domadora son senos valientes, intrépidos y que los de las andaluzas huelen a azahar; son, a veces,

ampulosos y de azahar, y contaba la historia del xilofonista que buscaba el tono musical de los senos

femeninos y la de aquella hermosa que fue a mostrar al anticuario los suyos auténticos de Sevres.

Creo que Umbral está exacerbando su romanticismo nocturno y que ahora está más cerca del conde de

Lautréamont que de Celine, cuando, impulsado por las «anfetas», confía a las páginas de su noctuario

anacrónico sus divagaciones eróticas con la niña Mozart, la muchacha sin senos. «¿Me dejo algo?, dice al

salir. Sí, los senos. Es como la que se deja siempre los guantes», o evoca sus tenebrosos encuentros con el

«yanqui / arcángel / campeón de rugby / bailarina / mártir cristiana» que los tenía «grandes y sinceros».

Umbral, fosforescente ,de lunas lascivas, encuentra ninfas sin senos como Mozart o Ariadnas de percal

por. los laberintos de Lavapiés, que los tendrán, digo yo, menudos y almidonados, o niñas Agosto, casi

transparentes como aquella rubia de Amado Ñervo, que resultan inefables y todavía no tan perversas

como aquella otra Leticia/Lutecia en que se ve que Umbral vive en un mundo efébico de Lolitas

turbadoras como la de Nabokov, donde la ucronía, la anacronía, la realidad y la surrealidad se le

confunden fulgurantes, inocentes, perversas en un Madrid de churros, macarras, aristócratas y castañeras.

Absorbente, instantáneo como un papel secante o un tampax, Umbral alinea senos blancos bajo la luna,

mientras de día, en las playas, los guardias gubernativos corren para que las bañistas escondan los suyos

dorados de colza y bronceador.—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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