Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Sí, señor presidente     
 
 El Alcázar.    05/10/1976.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LA VENTANA INDISCRETA

SI, SEÑOR PRESIDENTE

EL señor Presidente del Gobierno tiene razón al afirmar en "Le Point" lo siguiente: "la clase política debe aprender que la democracia nunca es un regalo del cielo. Se fabrica con inteligencia y valor; y también se paga". Muy pocas horas después de que se hiciera pública esta confesión de parte, un Consejero del Reino, Presidente de una Corporación provincial, vasco y español ha caído acribillado junto a los policías que le acompañaban. ¿Es ese el precio? En el instante de redactar estas líneas no sé si el Ministerio de la Gobernación hará uso de su tolerancia para que la "ikurriña" figure en el cortejo fúnebre que acompañará los restos de un alto servidor del Estado hasta su última morada. Dice el señor Presidente del Gobierno que a la clase política española le falta "un poco lo que ustedes —se refiere a los franceses, claro está— llaman el sentido del Estado". ¿Estarían implícitos en ese juicio de valor quienes han ofrecido su vida en servicio del Estado?

Yo creo que Juan María de Araluce y Villar y los funcionarios que le acompañaban han muerto por España y por la democracia, que no tiene que ser forzosamente la que quiera fabricarse éste o aquél Gobierno, sino la que acepten los españoles que ni asesinan, ni hacen declaraciones a la prensa extranjera. En paz y en convivencia se hace la democracia. Hay muchas verdades en las declaraciones del Presidente a "Le Point". He aquí otra: "la izquierda se obstina en combatir un pasado que ya no existe, y una parte de la derecha en llorar un pasado que ya no volverá". Si el señor Presidente se refiere a los terroristas cuando habla, civilizadamente, de izquierda, tiene razón; si las lágrimas a las que alude son las que derrama en silencio la España pacífica a la que de la noche a la mañana y con sólo morir Franco le han quitado el sueño, también tiene razón.

Jamás me permitiría ironizar cuando está todavía in sepulto el cadáver de un singular y honrado español y junto a él los de unos heroicos funcionarios que siguen cayendo por defender a un Estado cuyo destino no debe ser suicidio. No son ironías lo que el comentarista desea transmitir esta noche al papel: es la angustia y el dolor que, acaso, se ha adueñado del corazón de España, quizás porque como ha dicho el señor

Suárez González, dramatizamos demasiado el problema de los separatismos. Tiene toda la razón, aunque lo de ayer no ha sido un drama sino una tragedia. Queda por saber si la tragedia es evitable o el resultado lógico de la acción de unos políticos, que con la mejor de las intenciones, pretenden regalar a un pueblo algo que ese mismo pueblo rechazó hace cuarenta años. Es muy discutible qué debe primar, diga Europa lo que quiera: si el alcanzado derecho a convivir, tras siglos de enfrentamientos, o la libertad de agredirse. Si este es el pago a que alude el señor Presidente del Gobierno, el precio parece excesivo, aunque nos dé patente de circulación por los más brillantes mercados del mundo. Es mejor que la Historia de España se escriba con tinta y no con sangre. Con tinta, como los decretos, aunque luego sean equívocos; como las declaraciones, que no siempre resultan acertadas u oportunas; como las esquelas mortuorias que apenas si pueden traducir con su negra orla luctuosa, el incierto y oscuro horizonte al que se lleva, gratuitamente, a España.

Antonio IZQUIERDO

 

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