Autor: Fontana, José María . 
   El crimen como arma política     
 
 El Alcázar.    05/10/1976.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EL CRIMEN COMO ARMA POLÍTICA

DURANTE milenios existió en la Humanidad la clara noción moral de que el asesinato era un crimen, condenado y sancionado por las consciencias, por las leyes Divinas y del Derecho Natural e, incluso, casi siempre, por las leyes humanas, inspirados todos por el "no matarás" del Decálogo. Podía ocurrir, y de hecho acontecía, que el poderoso tiránico, asesinara a veces, pero no podía evitar el horror general que su conducta merecía y, muy a menudo, el reproche y hasta sanción de su propia conciencia, cuando no de instancias superiores de poder.

Las persecuciones religiosas significaron una lamentable excepción, desde las anticristianas del Impero Romano a las acontecidas en los albores de la Edad llamada Moderna. La nueva ola de inhumanidad contemporánea, con levantamiento de la veda para matar, aconteció en el Terror que implantó la Revolución Francesa, bajo el sarcasmo de la Fraternidad. Pero luego vivimos un largo periodo de restablecimiento de las leyes antiguas con imperio del "no matarás"...

Pero después, algún filósofo y escritores políticos reivindicaron la eficacia de la violencia, del terror y del asesinato, como preludio del sistema inaugurado en Rusia en 1917, que ocasionó y sigue produciendo la trágica cosecha de millones y millones de muertos, asesinados en nombre y al servicio de una ideología. El rio inmenso de sangre, violencia, terror y dolor que se ha producido y corre, acrecentado, por el Mundo actual, para —según dicen— liberar al Hombre y alcanzar sublimes metas de Justicia y Libertad, produce repeluzno y horror en la, cada vez más exigua, minoría de quienes fuimos educados bajo el lema santo del "no matarás" y nos resistimos a entrar en el juego.

Más el respeto al Decálogo y la repugnancia a la admisión y utilización del Terror, no es obstáculo para que nos veamos obligados, aún a "regañadientes a reconocer y constatar su terrible eficacia. Prescindiendo de los horrores de los países comunistas, todavía no vigentes en una pequeña parte del Mundo, tenemos ante los ojos el ejemplo espeluznante del País Vasco.

Examinamos el caso sin pasión de algún signo, con absoluta frialdad, como a una pieza estudiada en gabinete de análisis.

Y el balance sociológico es el siguiente:

Una rica, valiosa, equilibrada y bondadosa comunidad humana, llena de valores, ha sido sometida, desde hace años y sistemáticamente, a la acción terrorista que ha matado, robado y violentado, en

nombre de unos supuestos ideales, arrastrando, primero a unos grupos de fanáticos, incluso con excelentes antecedentes humanos y sociales, obteniendo luego, y por una mezcla de simpatía política y miedo, importantes y crecientes complicidades, hasta producir una casi total paralización cívica y política que ha convertido la región en un sujeto acobardado, privado de todo reflejo político-social, absolutamente inerme, incapaz de reacción sana, e impelido por la eficacia del terror a respaldar y seguir las directrices del grupo asesino, hasta, incluso, por los más adversos.

Los traumatizados intentan justificarse esgrimiendo anécdotas y argumentos, pues es muy duro e inadmisible reconocer que la sociedad vasca ha sido puesta de rodillas por el simple ejercicio del asesinato y del terror. Pero la cruda realidad es esta y simplemente esta:

Sin la violencia asesina y depredadora, para nada se recordaron ni recordarían ni argumentarían los supuestos agravios o errores. Y si se ha llegado a la actual situación de desmedulamíento total es porque la acción criminal ha paralizado y obnubilado a la sociedad o comunidad vasca.

El terror y el crimen sólo tienen la quiebra y el riesgo que entraña un uso esporádico y su interrupción. Más, si a despecho de todo y de todos, existe decisión y valor para seguir matando implacablemente, la comunidad —cualquier comunidad— claudica y se rinde incondicionalmente.

Mucho más si como ocurre en este caso, las bandas asesinas y terroristas, cuentan con la alta y decisiva complicidad del país vecino gozan de bien conocidas fuentes financieras exteriores y hasta disfrutan del alto tecnicismo y medios de "Agencias" sumamente eficaces y operativas, con lo cual contrarrestan y aún invalidan la acción de las fuerzas del Orden Publico.

Con estas líneas sólo pretendemos constatar un hecho, tristísimo, desde luego, pero absolutamente real: la eficacia política del crimen. Nunca para propugnar la adopción del mismo método, pero si para no extremar nuestro juicio sobre comunidades y personalidades vascas. No nos parece justo ni humano, amontonar dicterios sobre pobres seres, lógica y licitamente, empavorecidos, agachados, sin cinturones...

Si, para entender el problema, admirar como a héroes a los resistentes y para alentar y respaldar a las fuerzas del Orden Público.

JOSÉ MARÍA FONTANA

 

< Volver