Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   La ofrenda     
 
 ABC.    29/07/1981.  Página: 3. Páginas: 2. Párrafos: 2. 

Pequeños relatos

La ofrenda

Vi y oí a! capitán general Fernández Posse por televisión en su ofrenda al Apóstol Santiago, y me

sorprendí. Estaba diciendo exactamente lo que piensa la mayor parte de los militares, pero de una manera

más moderada, porque una buena parte de sus compañeros no son tan respetuosos con las cosas que

aceptaba, que respetaba, y que salvaba, el capitán general de Galicia. El suceso político consistía en que le

estaba contando al Apóstol Santiago sus pensamientos en voz alta, con un testigo de excepción, que era el

arzobispo Suquía, y reproduciendo íntegramente la escena Televisión. ¿A quién puede sorprender ese

texto? Las Fuerzas Armadas españolas vienen del 18 de julio de 1936, cuando el viejo Ejército fracturado

por aquella fecha se dividía en dos Ejércitos: el de los republicanos, que perdió la guerra civil, y el de los

nacionales, que la ganó. La cabecera de nuestro generalato son los oficiales, o los cadetes, o los

provisionales de ese Ejército vencedor, y su Generalísimo fue Franco. A quien este Ejército derrotó fue a

comunistas, a socialistas, a ácratas y a republicanos de las izquierdas; y a sus idearios. Y la educación

militar en los cuarenta años siguientes ni abjuró de sus orígenes, ni hizo almoneda de sus ideales o

principios. Precisamente su confianza y su disciplina en el Rey lo era en función de la sucesión de

aquello, con todos los cambios quehabría que introducir por el paso de los tiempos. Los ministros

militares que apoyaron y aplaudieron en el Congreso la reforma política que abriría sus puertas a la

democracia fueron los tres tenientes generales y el almirante que estaban en aquel Gobierno presidido por

Adolfo Suárez. Esta es la historia como es. La democracia del 77 producía un partído en el Poder, abría

las puertas de par en par a la izquierda expatriada, o prohibida, o marginada, y las Fuerzas Armadas sw

mantuvieron disciplinadas en la ruptura negociada. El teniente general Gutiérrez Mellado jugaba a diario

al ajedrez con Suárez en el tablero militar, y manejaban afanosamente los movimientos de alfiles y

peones, la situación no contribuía al acierto en si tablero de ajedrez, hasta que se movieron los caballos de

Pavía en Madrid y las torres en Valencia. El Rey calmó a los militares, liberó a los políticos secuestrados

y salvó esta vez a la Constitución y a la Democracia. Pero la tensión está ahí; los antiguos jugadores del

ajedrez militar habían fracasado, y la situación no es para que estén orgullosos de ella nuestros políticos.

Ni siquiera viven tranquilos en sus propios partidos. Entonces el capitán general Fernández Posse recibe

el encargo de festejar al Apóstol, y decirle agasajos y preocupaciones, por la proximidad de su mando en

Galicia. Y este general acepta y respeta la Constitución y la Democracia, se muestra especialmente

afectuoso con el Rey y con toda la Família Real. Y eso lo hace compatible con lamentarse de las cosas

que a su juicio funcionan mal, y algunas otras que están en la mente de todos, incluidas también en la

despierta y graciosa mente del socialista Luís Solana. Entonces, ¿a qué viene el asombro por la ofrenda?

A un militar no se le puede decir desde la libertad que no tenga la funesta manía de pensar o de hablar, y

sobre todo cuando elije como interlocutor a la imagen del Apóstol Santiago.

Únicamente se le debe exigir obediencia al Mando. Y si le han hecho el encargo de hablar al Apóstol, no

se puede reducir a un capitán general a la función ínfima y escolar de leer lo que ha imaginado y escrito el

ministro de Defensa, señor Oliart, que lleva el hombre unos meses tratando de saber —y al parecer sin

sobra de éxito— lo que son las Fuerzas Armadas. Los capitanes generales están ante el deber de asumir

sus propias responsabilidades.

Independientemente de los conceptos vertidos, pienso que es mejor saber lo que pasa que imaginárselo.

También el socialista Luis Solana es de esta opinión. "Nos hace falta tiempo», dice Solana, para que se

arreglen las cosas. Y es verdad, pero si mi amigo Tierno Galván se va a Aranjuez, con otros alcaldes, a

cargarse el 18 de julio, hiere a los militares. Si el tema autonómico se ha convertido en un laberinto,

preocupa a los militares. Si se anticipa el deseo de condenas implacables a los militares del 23-F, antes de

que se pronuncie el Tribunal, se molesta al Ejército. Si las relaciones Francia-terrorismo-España son un

verdadero bodrio de nuestra política exterior, alarma a las Fuerzas Armadas. Si renace el antimilitarismo

en el Congreso de los Diputados, rememorando al bienio Azaña, se fastidia a los militares. Si los partidos

políticos se llenan de renovadores y de críticos, y lo .que quieren renovar ni siquiera está todavía

acreditado en la Democracia como son los liderazgos de los partidos, y sus soluciones de prosperidad, y

de convivencia, y de paz nacionales, los militares observan con precauciones lo que pasa, y viene a decir

a los políticos: "¡Por favor, que. esto es cosa suya, arréglenlo y no fastidien!» Por eso lo de Fernández

Posse es todo un .desahogo ante el Apóstol. Me supongo cómo ha caído a unos y a otros. Solamente me

gustaría saber dos opiniones, que no me las van a decir: la del Apóstol y la del Rey. Seguramente serían la

clave.—Emilio ROMERO

 

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