Autor: Semprún, Alfredo. 
 ETA reivindica el atentado. 
 Una operación preparada     
 
 Arriba.    05/10/1976.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

UNA OPERACIÓN PREPARADA

A últimos de año de 1973, don Juan María de Araluce y Villar tenía fijado su domicilio familiar en un hotelito situado en la calle de Alto de Miracruz y encerraba su coche en un garaje perteneciente a la Diputación Provincial situado unos metros más arriba, ya cerca de la Torre del Reloj, célebre en esa zona.

Una mañana, los cierres del garaje en cuestión, así como los de las puertas del vehículo propiedad del presidente de la Diputación asesinado ayer, ofrecieron señales de haber sido forzadas y manipuladas, por lo que especialistas en explosivos de la Comisaría General de Policía de San Sebastián llevaron a cabo una minuciosa inspección del recinto y del propio vehículo.

Como todas esas circunstancias coincidieron con algunos anónimos de amenaza de muerte que había recibido el señor De Araluce, el Gobernador Civil dispuso que se estableciera en torno de su persona una constante vigilancia por parte del Cuerpo General de Policía. Vigilancia que cesó al cabo de algunas semanas por no haberse observado nada anormal que pudiera ser relacionado con actividades terroristas en relación con la personalidad a proteger,

No obstante, y por ser el Alto de Miracruz una zona más bien solitaria, don Juan María de Araluce y Villar, pensando en su familia, decidió trasladar su residencia a la avenida, de España, al piso frente al cual ayer a mediodía fue vilmente asesinado por un comando terrorista que la Policía supone perteneciente a la facción "militar" de la llamada ETA V Asamblea. Los investigadores basan esta suposición en el hecho de que meses atrás, y al ser detenido uno de los miembros de la criminal organización, se encontraron, entre otros, los planes, proyectos y horarios de la llamada "operación Araluce", motivo por el cual, y por las autoridades competentes, se dispuso el servicio permanente de una escolta, tres de cuyos miembros han caído ayer, asimismo, asesinados por las ráfagas de los etarras.

Dos de los policías fallecidos, don Antonio Palomo Pérez y don Luis Francisca Sanz Flores, habían ingresado en el Cuerpo General de Policía tan sólo hace dos años y, desde su ingreso, fueron destinados a Guipúzcoa, donde habían prestado servicio en distintas comisarías de aquella provincia, hasta que se incorporaron a la Brigada de Investigación Social en e! grupo de escolta y vigilancia.

Alfredo SEMPRUN

 

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