Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   El centro enloquecido     
 
 ABC.    07/07/1977.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

EL CENTRO ENLOQUECIDO

DESPUÉS de la campaña electoral, la campaña ministerial. Como si estuviésemos en los buenos tiempos

del régimen anterior, donde los ministerios eran centros de poder para una o dos décadas; donde no

jugaban corrientes populares, sino tensiones de grupos de presión o líneas personalistas.

Por Ricardo DE LA CIERVA

(Senador por Murcia)

No, esto no es una crítica negativa al nuevo Gobierno. El nuevo Gobierno es, persona por persona,

excelente; se trata, casi con seguridad, de uno de los mejores Gobiernes posibles, y del mejor Gobierno en

muchos años.

Tampoco es una critica negativa a la composición del Gobierno por corrientes. No hablo de grupos;

porque los partidos de los que provienen varios ministros eran simples entelequias; o simples plataformas.

Si prescindimos de etiquetas rutinarias y vamos al fondo (con todos los riesgos, con todas las

posibilidades de error veo en la composición de este Gobierno la confluencia de tres corrientes políticas;

entre las que se deslizan una o dos interferencias, preocupantes, sobre las que volveré cuando tenga más

datos.

¡Qué difícil es, la interpretación profunda en esta España inédita, donde ya no sirven —aunque a veces

sirven demasiado— los esquemas de otros tiempos tan próximos, y tan lejanos! Un extraño silencio suple,

en estos días, a la interpretación profunda; que debemos intentar al servicio de nuestro público, con todos

esos riesgos.

CONFLUYEN, como decíamos, tres corrientes en el Gobierno. Primero la corriente populista;

representada por los hombres que vienen del pueblo; de las provincias, de la elección y de la campaña; o

bien ñor otros hombre que, sin ser parlamentarios, conectan con las necesidades populares por vocación y

por ausencia de condicionamientos de grupo. Sánchez de León, Clavero, Fuentes Quintana e Iñigo

Cavero, son ejemplos claros de esta primera corriente; que comprende, gracias a Dios, algunos nombres

más, y a la que se agrega, por talante político, el notable grupo socialdemócrata del Gobierno.

Escribíamos una semana antes de la crisis sobre los escollos que amenazaban al Centro naciente.

Formulábamos así el más grave de todos:

«Tercero, la solución del inevitable rozamiento (que puede generar energía política si se enfoca bien, o

degenerar en esterilidad política si se convierte en choque frontal) entre la enorme corriente populista y

los inevitables círculos elitistas que figuran sospechosamente en los nudos de decisión del Centro y que si

se imponen (o no aceptan la reforma» profunda de sus propios excesos de poder) provocarán

inevitablemente la frustración del centro, para lo que no faltan precedentes históricos muy significativos

en este país tan propenso a la pervivencia disimulada o descarada, según las épocas, de las oligarquías y

las inercias privilegiadas.

SIGAMOS con el apuntado análisis. La segunda corriente gubernamental está formada por los

representantes de varios partidos, grupos y conjuntos de claro signo elitista; sin base de masas; y cuyos

líderes, en varios casos, no han comprobado su arraigo popular (que quizá tengan) porque han logrado so

acta bajo el manto presidencial. El señor Suárez afirmó ante los parlamentarios de U. C. D. que el Centro

no sería gobernado por los cenáculos madrileños; pero los cenáculos madrileños parecen representados

con largueza en el nuevo Gobierno. Eso sí; con menos intensidad de lo que ellos desearon; y de lo que

muchos temíamos.

Entre una y otra corriente, la tercera: 1» que forman los hombres del presidente. El presidente no; porque

su figura vértebra inequívocamente los tres grupos; y porque esa figura es absolutamente populista, como

ha demostrado, afortunadamente la campaña electoral. La tercera corriente, que pudiéramos llamar

corriente presidencial específica, cumple en el Gobierno una misión esencial de coordinación y

encuadernación.

ES curioso: de la crisis de julio 76 se dijo todo; de la crisis de julio 77 no se ha dicho nada. ¿Quizá por

que ha sido, en gran medida, una crisis telefónica? Como periodista sigo acumulando datos; que como

parlamentario expondré minuciosamente, lo antes que pueda, a mis electores. Y espero llegar esta vez al

fondo del fondo. Pero entre las bombas sin humo de la crisis se ha evaporado el Centro; se ha marginado

al gran partido naciente. Cabe esperar, y exigir, que ahora la atención presidencial se vuelque en el

Partido; porque en las semanas de las crisis (que aún colea, que aún no parece cerrada) el presidente y sus

colaboradores más directos se enfrentaron, además, con riesgo y notabilísimo sentido histórico, al tema de

Cataluña, que ha quedado absurdamente abogado por lo que en definitiva ha sido —en su comparación—

ana anécdota política. (Y qué honda clientela política ha dejado para siempre en Madrid el señor

Tarradelias.)

Entonces, bajo los vaivenes y las noticias de la crisis, el Partido Socialista Obrero Español le ha sacado ya

a la Unión de Centro Democrático la colosal ventaja política de tres semanas en la carrera por las

municipales; en la carrera por la organización; en la carrera por el futuro. Desde el punto de vista político,

el Centro está enloquecido.

ES evidente que la clase política del Centro no está a la altura de sus bases los hombres y mujeres que han

dado sus votos al Centro y contemplan ahora cómo esos seis millones de votos están en la cuneta mientras

la clase política de Madrid recurre a todos los viejos trucos de antes; las intrigas, los homenajes, las

presiones. ¿Por qué no se sustituyen los homenajes por «na implacable y necesaria autocrítica?

El Partido Popular —y es sólo un ejemplo— sigue repartiendo fichas como si tal cosa; y son fichas suyas,

no de la U. C. D. Jaime Sánchez Vizcaíno, dirigente de las Juventudes del Centro en Murcia, llega a

Madrid para una reunión nacional de las Juventudes del, Centro y se encuentra, incrédulo, con un

aquelarre de juventudes partidistas que se niegan a unirse. Los gerentes de la campaña, una vez logrado el

éxito, retrasan el cumplimiento de los compromisos económicos con las provincias, que se desesperan. Es

posible que en las próximas reuniones previstas se cuelen, como en alguna anterior, directivos auto

designados; y que ese gran partido que es V. C. D. se trate de organizar desde arriba —como sucedió con

el Partido Popular— y no desde la base, como exigen esos seis millones de electores. Y todos sabemos la

categoría humana y política —primera magnitud— de la base del Partido Popular.

Pero no me preocupan los defectos —que en parte son inevitables—, sino el abandono total que el Centro

como partido sufre estos días ante el desbordamiento del Centro como intriga. Tenemos Gobierno, un

excelente Gobierno, en el que, sin embargo, noto un gravísimo defecto por omisión culpable e

inexplicable; no figura en él ninguna mujer, ni siquiera como pretexto político. Tenemos el electorado

más consciente y más decidido a trabajar en toda la historia de los partidos españoles. Ahí yace esa

inmensa energía política abandonada por sus auto designados dirigentes. El Centro no necesita ni dinero

ni poder ni una figura nacional que le dirija: tiene las tres cosas de sobra. El Centro necesita organización,

democratización y generosidad total por parte de quienes durante tres semanas vitales le lían abandonado

para dedicarse, de forma suicida, a la campaña de sus ambiciones.

—R. de la C.

 

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