Autor: Espín, Manuel. 
 Los jóvenes políticos. Pedro Pegenaute Garde (UCD). 
 Imposible servir al país desde posiciones excluyentes  :   
 Me interesa trabajar como intelectual junto a los políticos. 
 Pueblo.    20/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

El rejuvenecimiento biológico de las nuevas Cortes es indiscutible.

Junto a la» caras de los «viejo*»´político* resaltan las imágenes, hasta hace poco tiempo desconocidas, de

un grupo de jóvenes españoles que desde el Parlamento van a hacerse notar con su voz y su voto en el

gran debate nacional que ahora se inicia. Representan a la totalidad del electorado que los ha llevado a la

Cámara, pero también representan a un amplio sector metal —la juventud—, deseoso de participar a

todos los niveles en la elección de un futuro colectivo que les pertenece más que a nadie.

Aunque un sector de jóvenes entre los dieciocho » (os veintiún años aún no tiene el voto, otras voces

pretenderán llevar esta primera reivindicación de los más jóvenes a las Cortes. En esta breve serie de

conversaciones con jóvenes políticos que se sientan en las Cámaras se pretende un primer contacto

con esas nuevas caras de las que poco se sabe, y recoger, entre otras, sus opiniones sobre !a problemática

de más de la tercera parte que son los jóvenes españoles, sobre su ambiente y su circunstancia personal.

PEDRO PEGENAUTE GARDE (UCD)

IMPOSIBLE SERVIR AL PAÍS DESDE POSICIONES EXCLUYENTES

MADRID. (PUEBLO, por Manuel ESPIN.)

El padre de Pedro Pegenaute Garde fue pregonero y alguacil. Su hijo —veintinueve años, diputado de la

UCD por Navarra— es hoy uno de ios más jóvenes parlamentarios de las nuevas Cortes, profesor

agregado de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra, y está casado, con una fisioterapeuta

que ejerce en Pamplona, y es padre de dos niños.

Me interesa trabajar como intelectual junto a los políticos

«Soy de origen humilde explica Pedro Pegenaute—, tanto por parte de mi padre como por el de mi madre,

aunque ella pertenecía a un grupo social más alto. Mi padre llegó a Mélida, un pueblecito de la provincia

de Navarra, en los días de la posguerra. Su primer empleo fue el de alguacil y el de pregonero. Allí

conoció a mi madre y se casó con ella. El 22 de febrero de 1948 nací yo. Mi padre ha sido un hombre de

una mentalidad muy ahorradora, que si ganaba seis pesetas se gastaba cinco en lo más apremiante y

ahorraba una peseta; con este plan fuimos teniendo alguna posibilidad de estudiar, mi hermano Luis

María, que nació más tarde • y hoy es abogado, y yo. A los cuatro años fui a la escuela del pueblo, y

cuando me tocó empezar el bachillerato hice hasta segundo por enseñanza libre. A los doce años en

Pamplona entré en el instituto, y allí hice hasta la reválida de cuarto. Por exigencias, económicas me vi

obligado a ingresar en la Escuela de Magisterio, terminando a los diecisiete años la carrera. Ese mismo

curso, en octubre, empecé a preparar oposiciones, obligado a suspende rías por 1 o s problemas

económicos, por lo que tuve que dar clases de maestro en ei pueblo de Murillo el Fruto.»

«Pero el Magisterio —prosigue— no me llenaba lo sufIciente, tenía una gran vocación y a la vez un gran

vacío. Como entonces 1 o s maestros sólo podían estudiar Filosofía, al no haber pasado por ei Preu, me

matriculé en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. Allí conseguí algunas ayudas

económicas y terminé la carrera. Cuando estaba en segundo o tercero de la carrera me eligieron delegado

de curso, en un año muy difícil para la Universidad; allí creo que comenzó mi interés por la política.

Defendíamos unas reivindicaciones y se consiguió una mayor agilización en las relaciones entre

profesores y alumnos, y una mayor libertad de movimientos.

¿Dónde surge su primer contacto con la política activa?

En 1975 y de la mano del Partido Demócrata Liberal Navarro, fundado por Jesús Aizpuru, hoy diputado

por la UCD. Colaboré dentro del propio comité del Partido hasta mis actividades como delegado en la

Federación de P. Demócratas y Liberales. Mi propia manera de ser me ha obligado a entender que el

hombre, en una u otra medida, no puede dejar de participar en la vida pública. Me considero un político

en un sentido concreto y desde mi conocimiento de la historia contemporánea. Hay gente que debe

gestionar la vida pública enteramente dedicado a ella; pero al mismo tiempo debe necesitar unas

actividades complementarias para seguir funcionando. El político necesita al intelectual. En ocasiones, si

el político se ocupa exclusivamente de la política, pierde un contacto con los problemas; pienso, pues, que

el pensamiento debe trabajar al mismo tiempo que la acción. A mí me interesa trabajar como intelectual y

junto a los políticos.

¿Por qué..se presentó a las elecciones?

Surgió como consecuencia de mi comparecencia en la ejecutiva del partido, un partido con escasísimos

medios. En Navarra existía también el Partido Social Demócrata Foral y el nuestro; de la conjunción de

los dos surgió la candidatura. Mi primera intención fue ayudar a esa candidatura. Tras las elecciones he

sentido en primer lugar, una sensación de sorpresa—no por los resultados de la UCD, sino porque yo

hubiera conseguido ese escaño—, y después, una enorme satisfacción, porque pienso que la gente de mi

edad tiene que hacer oír su voz en la Cámara; pertenecemos a una generación que nunca -participó en un

conflicto entre españoles, a la que los hechos del pasado no tienen esas resonancias que tenían para las

gentes de otra edad: por ejemplo, la fecha de apertura de las Cortes, el 22 o el 23, no suscita ningún

apasionamiento entre los más jóvenes, sería una simple cuestión de forma en todo caso. Estoy satisfecho

porque pienso que va siendo hora de que tenga una voz un tipo de personas como nosotros que, a través

de una opción no marxista, aceptan muchos planteamientos sociales avanzados. Ser liberal actualmente

no es sólo defender a la persona por encima de la justicia social. Para mí lo importante es la persona, por

delante del Estado, como defienden las tesis colectivistas, pero la persona sin justicia social no es persona.

Por eso entiendo nuestro acuerdo con la social-democracia Navarra, porque no puede haber persona sin

justicia social.

Pero el liberalismo hoy en día puede entenderse con varios sentidos, desde un liberalismo económico

descendiente del «laissez faire...«, a un liberalismo entendido, bien como actitud política (división de

poderes, parlamentarismo, derechos individuales´, o como una ideología. Si admitimos que el liberalismo

en un sentido amplio y político hoy es aceptado por fuerzas políticas que van del conservadurismo al

marxismo (socialistas y eurocomunistas), ¿cuál sería el papel del liberalismo como opción política

concreta?

Hay dos cuestiones claras. Me ha sorprendido en ocasiones —y no hablo por gente que está en la UCD,

sino por los que no están—, escuchar versiones de lo que es ser liberal que son una muestra del

desconocimiento que se tiene de lo que es ser liberal. El liberalismo es una ideología, e

independientemente de lo que es, el liberalismo tiene una aplicación. En España ese liberalismo se ha

puesto en práctica como mantenedor de las olí g a rquías, pero también hay que reconocer a ese

liberalismo histórico lo que de positivo ha tenido en el proceso histórico español: recordaré el sufragio

universal como consecuencia de los regímenes liberales. Sin embargo, ha habido figuras liberales muy

prestigiosas y figuras instrumentalizadoras de la imagen liberal.

Hasta la última etapa del XIX el liberalismo ha tenido un contenido fuerte mente progresivo en España y

en el mundo; sin embargo, posteriormente se ha identificado con posiciones económicas más

conservadoras como un liberalismo entendido en su sentido económico.

El liberal i s m o es una ideología, entendí e n d o por ideología el conjunto o sistema de ideas que

informa un conjunto de personas a partir del cual van a surgir unas formulaciones políticas. Se puede

tener una actitud liberal y al mismo tiempo revestirlo de todo aquello que potencia al individuo frente al

Estado. Me consi d e r o un hombre de ideología y actitudes liberales: nada es atributo de un grupo social.

Me parece perfectamente válido el hecho de que otra ideología otra formulación poli tica pueda acoger lo

que de positivo contiene el liberalismo. Por ejemplo, nadie puede decir que el tema nacional es atributo

exclusivo de los partidos nacionalistas, lo mismo ocurre respecto a la justicia social, que no es patrimonio

de los marxismos. El liberalismo moderno es una fuerza política que promueve las libertades y defensa

del individuo, pero lucha por la justicia social más amplia.

A juzgar por las sesiones de las nuevas Cortes, ¿cómo ves el comportamiento de los partidos?

Me parece muy positivo. Recordaría a todos los políticos que nadie va a servir a este país desde actitudes

excluyentes; no hace falta recordar que el momento actual de España es trascendental y singular. Estamos

en vías de hacer una democracia saliendo pacíficamente de una dictadura; algo que sólo en Turquía, y

falló más tarde, ha sido conseguido sin una ruptura violenta. Por una vez debemos ser realistas. Hasta

ahora las relaciones entre el Gobierno y la oposición han sido muy correctas.

Antes y después se ha aludido a «pactos subterráneos» entre la UCD y otros partidos de cara al nuevo

parlamento.

Niego que exista ningún pacto subterráneo, ni con Alianza Popular ni con nadie más a la derecha o a la

izq u i e r d a, porque, entre otras razones, si eso fuera cierto, lo hubiéramos sabido los parlamentarios de

UCD. Y esa postura en contra de los «pactos subterráneos» fue mantenida por todos nosotros. Tamp o c o

estoy de acuerdo con algún comentario sobre disidencias en la UCD o carencia de disciplina en el voto de

algunos parlamentarios; esto no es cierto en absoluto.

Foto Miguel GARROTE

 

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