Autor: Prada Manso, Eduardo. 
   Nueva Constitución ¿República? ¿ Monarquía?     
 
 Diario 16.    12/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Nueva Constitución ¿República? ¿Monarquía?

Eduardo Prada Manso Presidente en funciones de ARDE

Vamos a estrenar nueva Constitución, ahora que todos reconocemos que no existe, y ya tenemos Rey

Constitucional.

Creo que empezamos mal. Sin querer profundizar en razones jurídicas, que otros con más conocimientos

ya han expuesto públicamente, con razonamientos de cada cual, apoyando sus tesis, hay un derecho

natural, que es el más antiguo, que nos dice que empezamos mal a construir esta nueva democracia.

En todas las Constituciones, el artículo primero define la forma de Estado. En la futura Constitución

Española, lo primero que hay que preguntarle al pueblo español es qué quiere ser: Monarquía o

República. En derecho constitucional y en derecho político los republicanos tenemos las de ganar, pues la

auténtica legalidad, que en frase de los propios gobernantes actuales "hay que devolver al pueblo", no

cabe la menor duda que la tenia la República en el año 36, y le fue arrebatada violentamente por las armas

y la ayuda de las potencias fascistas de aquellos años: Portugal, Italia y Alemania. Como es público y

notorio, no se han celebrado elecciones libres desde el año 36 hasta las "democráticas" celebradas el 15 de

junio. Tan "democráticas", que a los que formamos una parte importante de aquella auténtica legalidad,

los republicanos de ARDE, nos fue vetada nuestra concurrencia a las mismas.

Prescindiendo de todas estas poderosas razones, después de más de cuarenta años nosotros exigimos, para

que la democracia tenga auténtica base democrática, que se consulte al pueblo español

Si no se hace así, si se quiere "camuflar" esta consulta con falsas fórmulas, como ha ocurrido con la ley

Electoral, elaborada unilateralmente por el Gobierno, que procede de una dictadura, como la actual

institución, a la larga surgirán conflictos y enfrentamientos que todos debemos evitar.

No podemos aceptar esa imposición, a pesar de que importantes partidos de la llamada oposición no

cuestionan la forma institucional; y no lo hacen, no porque no estén convencidos de que en el país hay

millones de republicanos, sino porque se encuentran mediatizados y coaccionados por fuerzas que deben

ser ajenas a la política y por otras, que sí son políticas: grandes trusts, Banca, Iglesia, nobleza, etcétera.

Los españoles pecamos de timoratos unas veces, y otras de exceso de violencia, y creo que la única forma

de arreglar los problemas es afrontarlos con serenidad, prudencia y buena fe, pero afrontarlos.

Creemos que la Monarquía tiene una impórtame opción en la actualidad, y cuanto más tarde en

legalizarse, menor carisma tendrá en la opinión pública, que, tarde o temprano, cuestionará la forma de

Estado y se producirá un retroceso en la concordia nacional.

No pedimos aquí la República. Sólo pedimos lo que nos pertenece por derecho; que se nos consulte, no

que hagan un país monárquico por decreto, pues la legalidad de actual Monarquía fue decretada por el

jefe del Estado de la dictadura, Francisco Franco.

Don Juan Carlos, que es inteligente, y sabe lo que históricamente le conviene a la Institución, debe ser el

primero en solicitar este "placet" del pueblo español, que si se lo concede, y gana en la consulta, hará

duradero su reinado, por haber demostrado su espíritu democrático, y nosotros, los republicanos,

acataremos la decisión del pueblo y estaremos en la oposición colaborando en el engrandecimiento de

España. Y si esa hipótesis se realizara, la Corona estaría desligada de las presiones y los

condicionamientos que ahora tiene. Cuando supiese que le apoya el pueblo, no transigiría con lo que no

fuese auténticamente democrático: así seria el arbitro de la libertad del pueblo español; de otra forma, por

mucho que ilustres pensadores y escritores se expriman el cerebro para legalizar la situación, arrancando

desde Fernando VII hasta nuestros días, no conseguirán convencer al pueblo llano, al que principalmente

hay que servir, que la situación de España es un Estado de Derecho, ya que hasta que no se cumpla una

regla tan primaria como es el consenso de la mayoría, sería sólo un Estado de Hecho.

Vamos a ser claros todos, los dirigentes de las partidos y los gobernantes; todos juntos podemos sacar

adelante la democracia. Cuando el pueblo español, sin presiones de ningún género, manifieste sus

preferencias, ésas deben subsistir respetando los derechos de las minorías, pues esa es la verdadera

libertad.

Los republicanos tenemos mucho que decir en el tema constitucional, y lo vamos a hacer , por los medios

que se nos arbitren o podamos, ya que no tenemos representación en las Cortes. En sucesivos trabajos

veremos la forma de llegar a la opinión pública con nuestros pareceres y sugerencias, pero para terminar

ahora, se nos ocurre transcribir íntegramente del Título III —Derechos y deberes de los españoles de la

Constitución de 1931, el capítulo primero—: Garantías individuales y políticas. Cuyo artículo 25 dice

textualmente:

"No podrían ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la

riqueza, las ideas políticas, ni las creencias religiosas.

El Estado no reconoce distinciones ni títulos nobiliarios"

Con unos cuantos artículos de esa Constitución, sin exprimirse mucho el cerebro, se hace una auténtica

democracia, y, además, el pueblo la entiende perfectamente, pues está laborado por gente como ellos y

que se expresen en su lenguaje, que es el que mejor comprende.

 

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