Autor: M. H. . 
   Todos quieren "homologar" a UCD  :   
 Democratacristianos y liberales, "a la caza" del partido de Suárez. 
 Pueblo.    13/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

TODOS QUIEREN

Democratacristianos y liberales, «a la caza» del partido de Suárez

MADRID. (PUEBLO, por M. H.)

Al partido de Suárez, la UCD, le están saliendo numerosas «novias» en Europa. Los tiempos han

cambiado que es una barbaridad, y si antes nadie quena homologar productos españoles, ahora

democratacristianos y liberales parecen disputarse la mano del jovencísimo partido (ayer fue inscrito en el

registro habilitado al efecto en el Ministerio de la Gobernación).

Desde que Adolfo Suárez aterrizó en el Centro, con el pilotaje de Leopoldo Calvo-Sotelo y Alfonso

Osorio (hoy «consejeros» presidenciales), ha tenido que resolver numerosísimos problemas de cohesión

interna. Al principio, los líderes de los diversos partidos integrados en la coalición se resistían con uñas y

dientes a constituirse en un único partido. Un equitativo reparto de carteras, con el acompañamiento de

actuaciones persuasivas por parte de Suárez resolvieron en principio, el problema: UCD se constituía

como un solo partido, y su ideología, según explicó el propio Suárez. vendría a ser una síntesis de las

diversas tendencias existentes.

Ahora, tan pronto como Suárez regrese de sus vacaciones, habrá de enfrentarse con una batalla que puede

ser decisiva: el problema de la homologación» internacional.

Los sectores liberales de UCD —Garrigues y Camuñas— estarían presionando pana que fuese la

Internacional Liberal, que preside Gastón Thorn, primer ministro de Luxemburgo, la que se llevase UCD

al agua. La reciente entrevista entre Thorn y Camuñas, sin embargo, no ha sido bien acogida por otros

sectores —democratacristianos y socialdemócratas— de UCD. aparte de otros grupos liberales

Larroque—, que buscan la homologación.

Estas tensiones, evidentemente, se Irán agudizando en ios momentos más próximos a la decisión final

que habría de adoptar el partido. Es difícil —sobre todo cara a nuestra próxima presencia en el

Parlamento Europeo— que UCD se decida a no aceptar ningún tipo de «homologación».

Por un lado es muy probable que la Federación de la Democracia Cris liana ( Gil -Robles – Ruiz

Giménez) decida en su próximo congreso, que celebrará en otoño, integrarse en UCD. Ruíz-Giménez

siempre se manifestó propicio a integrarse en el Centro, pero chocaba con la resistencia férrea de los Gil

Robles. Ahora, tras !a -débacle» electoral. Gil-Hobles júnior se muestra más flexible y en fecha reciente

afirmó que «podría pasar cualquier cosa».

Por otro lado, la Internacional Liberal —aunque Gastón Thorn, como las amantes esquivas. se hace de

rogar y ha venido a decir que «aun es pronto». Hay que tener en cuenta que en el Parlamento Europeo,

donde los democratacristianos y socialistas campean a sus anchas los liberales son una superminoría.

Conseguir llevar a su «Internacional» ni más ni menos que a un partido en el Poder, seria para los

liberales un posible éxito.

Así están las cosas las discrepancias dentro de UCD son evidentes y adquieren su refleio también en el

Gobierno. Aunque los portavoces oficiosos dei Ejecutivo se esfuerzan por mantener una imagen de

unidad» el evidente para cualquier observador, no especialmente sagaz, que existen discrepancias, si bien

también se ajusta a la realidad el hecho de que Suárez está siendo capaz de solventarlis en el seno del

Gobierno. La pregunta Que surge ahora es si será capaz de solventar estas diferencias también en el seno

del partido Hasta ahora lo ha conseguido.

Por lo que se refiere al Gabinete, mientras Fernández Ordóñez, ministro de Hacienda, ha llevado a la

práctica sus creencias socialdemócratas, hasta el punto de que el PSOE ha llegado a afirmar «que ¡e ha

copiado», y semuestra decidido partidario de un aumento del gasto público, si bien rigurosamente

administrado y basado en un «presupuesto de cristal», el ministro Garrigues aparece como partidario de

justamente lo contrario: una reducción del gasto público, que llegaría incluso a medidas insólitas, como

podrían ser el despido de funcionarios. Una pluma muy próxima a la Moncloa comentaba que había

podido comprobar personalmente el «gran cabreo» de alguno de los ministros económicos al conocer esta

entreviste (se refiere a una concedida por Garrigues a «Cambio 16»)

1977 PUEBLO

 

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